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JUBILACIONES

2020: Embajadores renuevan su reclamo: "Llamemos a las cosas por su nombre"

Jue, 02/01/2020 - 11:36am
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Por Urgente24

"¿Dónde está el privilegio jubilatorio de los diplomáticos? Llamemos a las cosas por su nombre", es el título del nuevo documento redactado por integrantes del Servicio Exterior de la Nación para fundamentar su reclamo contra los proyectos de recortarles sus jubilaciones a causa de que nadie se atreve a embestir directamente contra los magistrados

Futuros diplomáticos en el Instituto del Servicio Exterior de la Nación: ¿Qué jubilación tendrán?
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Aquí el nuevo texto de un grupo de embajadores:

El sistema previsional a nivel nacional tiene regímenes especiales a los que se los denomina erróneamente de privilegio. Sin embargo, algunos de ellos definitivamente no lo son.

Aunque no se entienda todavía en la jerga cotidiana -y menos cuando los debates se tornan efervescentes en momentos de crisis y con ello se acaloran los ánimos- no lo es la de los funcionarios diplomáticos dado: 

(i) las estrictas exigencias de formación académica para poder ingresar al Cuerpo Diplomático, 

(ii) la exigibilidad de años de carrera y aportes para acceder al régimen jubilatorio del cual quedan excluidos los funcionarios que políticamente hayan desempeñado una función diplomática decidida por el Gobierno de turno (1), centralizándose el otorgamiento jubilatorio solamente a los funcionarios de carrera que se jubilan a los 65 años de edad (Consejeros), a los 67 años de edad (Ministros Plenipotenciarios) y 70 años de edad (Embajadores) con aportes promedios durante 35 años o más de actividad (2); y

(iii) por sobre todo la naturaleza de la actividad que desarrollan no solo en el país, sino en los múltiples destinos en los cuales quedan a merced de los desafíos que implica en lo profesional el permanente resguardo del interés nacional en todos los órdenes e incluso en lo personal ante la exigencia de radicarse en forma cambiante cada 5 años en diferentes países, con todo lo que ello implica emotiva y familiarmente por el desarraigo que conlleva la carrera.

Cabe resaltar que a las más altas categorías de la carrera (Ministro Plenipotenciario y Embajador) SOLO se accede con acuerdo del Senado a propuesta del Ejecutivo atendiendo la recomendación de la Junta de Calificaciones prevista en la Ley del Servicio Exterior de la Nación (Ley 20957) y cumplimentando con los tiempos de permanencia en cada categoría que impone la citada norma, para TODOS los funcionarios diplomáticos desde el mismo momento que inician su carrera.

Convivir en situaciones de cambios culturales permanentes, afrontar turbulencias derivadas de conflictos regionales políticos, religiosos e incluso armados, soportar y superar las conmociones naturales de los destinos denominados peligrosos o insalubres en los cuales se prestan funciones, exponiendo incluso -por las condiciones ambientales- a sus cónyuges e hijos a limitaciones de todo tipo (3), dan probada cuenta de que no hay privilegio alguno en el régimen jubilatorio en cuestión, el cual es legítimo y especial para un Cuerpo Profesional que cumple no solamente funciones especiales, sino de significativa y compleja exigencia incluso en lo personal, sino además de representatividad oficial también en circunstancias y lugares que distan mucho de los ágapes con los cuales burdamente se denosta injustamente a los funcionarios del Servicio Exterior.

Si de algo no hay duda es que ningún funcionario diplomático de carrera es un oportunista advenedizo, integra un cuerpo profesional de excepcionalidad al cual solo se ingresa por concurso público de oposición y antecedentes -a través del Instituto del Servicio Exterior de la Nación debiendo presentar un título universitario- luego de aprobar el curso de ingreso de 2 años, con exigencias educativas y de dos idiomas que aseguren en principio la formación académica indispensable para empezar a representar a Argentina de forma tal de cumplimentar eficientemente el cometido permanente de todo diplomático, cual no es nada menos que el de salvaguardar la soberanía nacional en los destinos en que le toca cumplir funciones, como así de velar, resguardar y promover en forma inclaudicable los intereses del país.

Además, los diplomáticos jubilados quedan permanentemente a disposición del Ejecutivo por cuanto no pueden excusarse -salvo atendible razón o circunstancia a juicio de aquel- si fueran convocados a reincorporarse para desempeñar con carácter de carga pública, cargos, funciones o misiones en el Servicio Exterior de la Nación.

Se trata obviamente de un régimen jubilatorio especial que nada tiene de privilegiado, justificado por: 

(i) la particularidad y especificidad de las funciones y obligaciones consecuentes que le son propias por Ley del Servicio Exterior (20.957), y que requiere además de un mínimo de treinta años de servicios y consecuentes aportes sin excepción de tipo alguno, imposibilitando la incorporación al régimen jubilatorio de eventuales paracaidistas oportunistas que con el aval del Gobierno de turno cumplan una función diplomática, y 

(ii) por la observancia de restricciones que dicha Ley les impone (4) y que son únicas en el amplio espectro de funcionarios de la Administración Pública Nacional.

Innegablemente los diplomáticos tienen durante su larga carrera obligaciones y exigencias particulares de la propia función diplomática como así particularmente limitaciones e incompatibilidades que no tienen otros funcionarios públicos por lo que obviamente dentro de la Administración Pública, así como tienen la Ley 20.950 que los regula, diferenciándolos del resto de los funcionarios públicos, tienen un régimen jubilatorio especial, pero para nada privilegiado.

Además, los funcionarios diplomáticos en actividad como los jubilados, son sujetos del pago del impuesto a las ganancias sobre la totalidad del haber bruto, de modo que tampoco hay privilegio alguno tributario de ningún tipo ni subterfugios procedimentales que los beneficie en privilegio alguno. Si tienen un privilegio es el de representar al país a lo largo de su carrera, que además constituye un orgullo.

También a lo largo de la carrera deben cumplimentar con una formación permanente y continua siendo que para ascender a la categoría de Consejero -además de cumplir con la permanencia de tiempo establecida por la Ley ya mencionada que los regula- deben aprobar un nuevo curso de perfeccionamiento y acreditar un tercer idioma y para estar en condiciones de ser candidato para ascender a la categoría de Ministro Plenipotenciario deben presentar una tesis previo al acuerdo del Senado que le confiere la plenipotencia.

Por todo ello no puede ligeramente calificarse de régimen privilegiado debiendo diferenciárselo de otros que o bien contemplan exenciones impositivas, o se otorgan sin la sustentación de aportes de rigor (25 o 30 años) exigibles al menos similares a los del régimen general.

Por último, atendiendo que el grueso de los diplomáticos se jubila a los 67 y 70 años según la categoría de revista, biológicamente a esa edad puede actuarialmente determinarse que el promedio de usufructo del haber jubilatorio no excede de los 10 años. 

En consecuencia, en adición a las particularidades de la profesión ya mencionadas más arriba, los jubilados diplomáticos aportaron durante 40 años o más, sin excepción impositiva alguna, enfrentaron todos a lo largo de su carrera al menos dos destinos denominados peligrosos o insalubres, atendieron las exigentes obligaciones propias de la investidura oficial que les impone la Ley 20.957, cumplimentaron la observancia de las estrictas restricciones determinadas por aquella que no tienen el resto de los funcionarios públicos, están además en permanente disposición de servicio ante una eventual convocatoria a reincorporarse por parte del Ejecutivo y luego de todo ello, gozan del beneficio jubilatorio cuanto mucho 10 años. ¿Dónde está el privilegio? (5)

Llamemos a las cosas por su nombre. Digamos las cosas como son.

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(1) Lo que imposibilita que aventureros politizados saquen provecho de incorporarse el Cuerpo Permanente del Servicio Exterior y con ello a su régimen jubilatorio por haber ejercido un cargo diplomático transitoriamente por decisión política.

(2) Si bien la citada Ley 20957 impone una edad máxima de 35 años de edad para poder inscribirse al Curso de Ingreso en el Instituto del Servicio Exterior (ISEN) , la mayoría ingresa antes de esa edad, entre los 25 y 30 años, por ello al jubilarse entre a los 65, 67 y 70 años de edad -según la categoría de revista en la carrera- la mayoría de los jubilados se acogen al beneficio jubilatorio con por lo menos 35 años de aportes aunque la mayoría lo hace con 40 años o más de aportes, para usufructuarlo en promedio -por razones bilógicas- unos 10 años y cuanto mucho 15. ¿Dónde está el saldo desfavorable de aportes del Cuerpo Permanente del Servicio Exterior que daría lugar al privilegio que se atribuye erróneamente al régimen en cuestión?

(3) Cabe resaltar además que la dedicación exclusiva que comporta la carrera, afecta directamente al núcleo familiar, dado que con motivo de los traslados regulares y cambios de destinos el conyugue se ve además imposibilitado de desarrollarse plenamente en lo laboral, a pesar de que la mayoría también son profesionales con el consecuente detrimento económico que ello conlleva para la familia. Además, por ello no pueden acceder al beneficio jubilatorio que tendrían si hubiesen podido desarrollarse laboralmente. Y por su parte los hijos no quedan exentos a las tensiones emotivas que comportan los cambios de escuela y de amigos que alimentan los efectos negativos del desarraigo sobre ellos.

(4) Nótese -a modo de ejemplo de las limitaciones que deben atender- que incluso para contraer matrimonio deben solicitar autorización. Incluso cuando deciden volver al país de visita o por razones no oficiales deben costearse los gastos del funcionario y de cada uno de sus familiares independientemente de que lleven años en el exterior, sin contar con compensación alguna para ello, aunque sea cada dos años de modo de suavizar el desarraigo propio de la estadía prolongada en distintos países. Tienen además que afrontar los altos gastos médicos del exterior de su peculio para luego tramitar el reintegro pertinente con demoras de más de 6 meses para su cobro (y a veces más) e incluso pagar de su peculio los pasajes al país si decidiera atenderse en Argentina sin gozar de reintegro alguno para ello. ¿Es eso especial o no?; Comporta acaso un privilegio?

(5) No solo es importante el hecho de que los jubilados diplomáticos son pocos (superan apenas los 600) considerando incluso los derechohabientes que cobran el 75 % de la jubilación del funcionario fallecido, y que contribuyen con aportes 1.300 funcionarios en actividad, sino el hecho que NO son carga publica en absoluto por el simple hecho de que en promedio aportaron entre 35 a 40 años y en muchos caso aún más, y usufructúan el beneficio en promedio por razones biológicas no más de 10 años (dada la edad avanzada en la que se jubilan, más avanzada que la del resto de los regímenes) o cuanto mucho 15 años la minoría y SIN excepciones tributarias. ¿Dónde está el privilegio?