CLAVES

Operación Ejército Militante

Concretamente, lo que la Presidente pretende de los uniformados es someterlos a una variante extrema de servilismo, ubicando hombres y medios de reunión de información e inteligencia con los que ellos cuentan, no al servicio de la defensa nacional sino a la defensa de la gestión gubernamental. Y si la cosa pasa por ayudar a un inundado, allí estará el Ejercito custodiado por La Cámpora. Si hay que arreglar un puente, allá marcharán la "valiente muchachada" bajo el ojo avizor del Movimiento Evita. Y si hay que limpiar los baños de la Casa Rosada con los guantes de un general , también estarán presentes, con la supervisión de Kolina o algún otro integrante de Unidos y Organizados.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). A partir de la salida de Arturo Puricelli del Ministerio de Defensa, y buena parte de los generales, almirantes y brigadieres con mando en el país (Jefaturas de Estado Mayor incluídas), el tema militar cobró un tibio protagonismo que, sin llegar a ocupar los lugares reservados por estos días o al caso Ángeles Rawson, o las PASO, o las controversias con la Corte Suprema de Justicia, comenzó a agitar la idea de una nueva relación de la Comandante en Jefe de las FFAA, Cristina K, con sus subordinados de uniforme.
 
En especial, a partir de la llegada a la Jefatura del Ejército del general César del Corazón de Jesús Milani, quien es, por lejos, el militar con mayor poder de toda la estructura castrense. Poder, claro está, que no se compara ni remotamente con el que detentaba cualquier teniente 1ro. en los años del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional.
 
Por estos días, las versiones van desde la utilización del remozado aparato de inteligencia militar al servicio de la política doméstica -destinando medios y personal a la escucha indiscriminada de teléfonos opositores, seguimientos y confección de legajos al mejor estilo de lo ejecutado hace algunos años en dependencias de la Armada Argentina y que en el presente mantiene procesados al almirante Jorge Godoy y a otros almirantes y oficiales superiores de la Marina de Guerra-, hasta la lisa y llana “chavización” de las FFAA, asentando el poder del régimen gobernante en el respaldo castrense.
 
Nada más alejado de la realidad... al menos el segundo extremo de las variantes planteadas en el párrafo anterior.
 
En primer lugar, es insoslayable recordar que Hugo Chávez Frías era uniformado profesional, lideró un intento de revolución militar primero, y recién luego accedió al poder por el voto de la civilidad y el indiscutible apoyo de buena parte de la estructura castrense que lo reconoció como su líder. Con el paso de los años en el poder, el bolivariano fallecido se ocupó de 'limpiar' a las fuerzas militares de aquellos oficiales que no simpatizaban con su estilo de conducción y con su pensamiento socialista.
 
Por el contrario, uno de los pilares del relato K es el manifiesto rechazo persistente de los uniformados, sean estos generales, almirantes o guardas de tren. Desde el retiro de aquel cuadro de Jorge Rafael Videla ubicado en la galería de los Directores del Colegio Militar de la Nación, hasta el “no les tengo miedo”, pasando por la negación de cualquier participación en actos de gobierno aunque más no sea para una fotografía, hablan a las claras que el marketing setentista distribuyó generosos dividendos entre la militancia.
 
Hay que reconocer que el odio declamado hacia la tribuna, en el fondo no era tan profundo. Fue Néstor K quien otorgó a los militares de carrera una jugosa pensión de guerra a quienes, procediendo de los cuadros castrenses profesionales, participaron de la guerra de Malvinas. También fue el matrimonio presidencial el que defendió a capa y espada a todo el generalato y almirantazgo designado luego de la primer gran purga castrense de 2003,  incluso -en el caso de la Marina y el Ejercito- hasta bastante avanzadas las instancias de procesamiento judicial de sus respectivos jefes, acusados de diversas irregularidades administrativas.
 
Con un arma más antigua que la rueda (la zanahoria salarial), ambos presidentes (Él y Ella) supieron conquistar la lealtad de los mandos superiores de las fuerzas  ya que la diferencia entre el haber salarial en actividad y el percibido en el retiro es tan abismal que resulta mucho mejor portarse bien y decir a todo que sí, antes de pasar a retiro abruptamente y no terminar de pagar la carrera universitaria de los hijos o la cuota de la prepaga  (son pocos los que confían la salud de la familia al quebrado sistema de salud militar).
[ pagebreak ]
 
Luego, los militares argentinos tienen una lección aprendida respecto a entrometerse en cuestiones políticas, y no se las concedió el kirchnerismo sino el juicio a las ex Juntas Militares. Ver a uniformados de alto rango sentarse en el banquillo de los acusados luciendo sus uniformes fue algo que se suma a los diarios informes que llegan a bases y cuarteles con los partes de situación de decenas de camaradas detenidos a la espera de proceso; incluyendo los que van muriendo en sus celdas.
 
Bueno es recordar que, si bien las cúpulas actuales eran muy jóvenes en los años '70,  los detenidos integran promociones a las que ellos mismos sirvieron como subordinados remotos o que contienen a padres, tíos u otros parientes que les inspiraron a ellos mismos su vocación castrense.
 
Con aviones que no vuelan, buques que se hunden o quedan inutilizados a pocas millas náuticas de zarpar, armamento obsoleto, carencia unilateral de hipótesis de conflicto, falta de presupuesto operativo (el 90% de la asignación militar está destinada a masa salarial), la milicia ya no es un estilo de vida sino más bien un mero empleo público y, en muchos casos, ni siquiera es el principal ingreso del militar y su familia, ya que casi todos los mandos medios o tienen otro trabajo o estudian otras carreras para ver en que momento pegan el salto a la más próspera vida civil
 
Así las cosas, las señales que viene dando el poder político de la mano de la Presidente hacía los uniformados consisten en: “Muchachos, menos desfile y un poco más de solidaridad. Dejémonos de jugar a la guerra ya que no habrá ninguna y vamos a arremangarnos no solo en las emergencias civiles. Los queremos para el trabajo social en las villas, para pintar escuelas, construir algún que otro puente, alimentar a los más necesitados de vez en cuando y, bueno... si de paso me tiran algún datito acerca de en qué anda la opo o la corpo,  no me voy a enojar".
 
Las imágenes que aporta la realidad venezolana es muy distinta. Cada vez que habla Nicolás Maduro Moros (quien ya comenzó a usar uniforme), varios generales y almirantes le acompañan y vigilan como garantes del respaldo del poder militar a la “revolución chavista”.
 
Cuando habla Cristina, los militares argentinos miran el discurso desde sus casas y, si es que por alguna inevitable circunstancia deben ser invitados, se sientan en la fila 40 -de ser posible, vigilados de cerca por alguna Madre o Abuela de Plaza de Mayo, que estará atenta a que aplaudan con devoción la arenga presidencial-.
 
Concretamente, lo que la Presidente pretende de los uniformados es someterlos a una variante extrema de servilismo, ubicando hombres y medios de reunión de información e inteligencia con los que ellos cuentan, no al servicio de la defensa nacional sino a la defensa de la gestión gubernamental. Y si la cosa pasa por ayudar a un inundado, allí estará el Ejercito custodiado por La Cámpora. Si hay que arreglar un puente, allá marcharán la "valiente muchachada" bajo el ojo avizor del Movimiento Evita.  Y si hay que limpiar los baños de la Casa Rosada con los guantes de un general , también estarán presentes, con la supervisión de Kolina o algún otro integrante de Unidos y Organizados.
 
No se trata de respaldo militar, se trata de pretender sodomizarlos al punto que con una sola señal respondan sin chistar.
 
24 horas atrás, durante la cena de camaradería de las FFAA, el ambiente fue excesivamente protocolar, tirando a tenso.  
 
No porque alguien hubiera pensado esbozar un mínimo murmullo antes, durante o después de las palabras de la Comandante en Jefe; todo lo contrario, mesas con escaso o nulo diálogo ya que en la mayoría de las mismas había presente un delegado del poder civil. Efusivos aplausos en las mesas número N°1, N°2 y N°3, y un reglamentario respeto en las restantes. 
[ pagebreak ]
 
Pero los pocos presentes que se animaron a hablar una vez descendidas las imponentes escalinatas del edificio Libertador Gral. San Martín, comentaban, preocupados, que la etapa final de la destrucción de las fuerzas militares acaba de comenzar: "Tendremos un ejército militante pero ya no tendremos un ejercito de militares". 
 
Para la Fuerza Aérea, pocas novedades. Para la Armada, la velada amenaza de anexarlas como un cuerpo complementario de la Prefectura Naval si no cambian su 'sangre azul' por sumisión total.  
 
Una clara señal de quién manda está dado por la abrupta anulación del 44to. viaje de instrucción del buque escuela fragata ARA Libertad, so pretexto de la participación en 2014 de un encuentro internacional de veleros, que cada vez está más difícil de verse concretado ya que para la legendaria embarcación también se vislumbran viajes nacionales y populares, como una muestra de integración cívico militar.  
 
Algún almirante ya vislumbra el reemplazo de los gallardos gavieros por estilizados jóvenes de La Cámpora.