El ocaso 2013, o el harakiri de Cristina
No hay proyecto político sólido con economía inestable. Los Kirchner no lo comprendieron. Néstor ya no se encuentra para comprobarlo. Cristina no quiere aceptarlo. Pero el Frente para la Victoria no tiene oportunidad de repetir en 2013 el resultado de 2011 en el actual escenario.
14 de enero de 2013 - 09:32
El harakiri, haraquiri ("corte del vientre") es el suicidio ritual japonés por desentrañamiento, si bien en el idioma japonés se prefiere el término seppuku, puesto que la palabra harakiri se considera vulgar. Era una práctica común entre los samuráis, que consideraban su vida como una entrega al honor de morir gloriosamente, rechazando cualquier tipo de muerte natural. La práctica de seguir al amo en la muerte por medio del harakiri es conocida como oibara o tsuifuku.
Wikipedia.
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Si bien la Presidente de la Nación intenta estigmatizar las críticas sobre el comportamiento de la economía llamándola "cadena nacional del desánimo", la situación se complica tal como era posible advertir desde siempre. La inflación consume al bendito 'modelo'. Desde 2003, el horizonte siempre fue inflacionario, variable que convirtió en inestable el crecimiento obtenido aunque la irresponsabilidad del populismo demagógico afirmaba que "nunca está mal un poco de inflación" (¿?). En 2013, el deterioro ya es considerable y las necesidades le imponen sus exigencias al 'modelo'. Las perspectivas son complicadas:
> El cepo cambiario continuará muy fuerte. El Gobierno volverá a restringir al máximo el giro de dividendos y sólo permitirá pequeñas salidas de divisas como gestos a empresas que hayan mejorado su balanza comercial o que deban pagar regalías. Es una continuidad de la política cambiaria 2012, año en que prohibió la compra de divisas para atesoramiento, restringió la adquisición de billetes para el pago de deudas y turismo y trabó, mediante mecanismos formales e informales, el giro de dividendos al exterior de las empresas. Desalienta toda inversión extranjera en una economía que fue, es y será capitalimportadora.
> El martes 15/01, el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INdEC) informará la inflación en diciembre y la variación acumulada de 2012, en un escenario de perspectivas mayores para 2013. Diciembre fue un mes difícil en materia de precios. A los aumentos estacionales que se suelen producir (en juguetes, por las compras de fin de año y en turismo, por el inicio de la temporada de vacaciones) se le sumaron incrementos en las tarifas de transporte (colectivo), ABL, electricidad, agua, peajes y naftas (YPF). La base monetaria terminó 2012 creciendo al 40% anual. Semejante ritmo de expansión monetaria es el principal factor explicativo de que la inflación se haya acelerado (comenzó el año en 21% anual y lo cerró en casi 27%), a pesar del marcado enfriamiento de la economía.
El economista Daniel Heymann, profesor de la UBA y de la Universidad de San Andrés, le dijo a Dolores Oliveira, del diario El Cronista, que la falta de credibilidad de las estadísticas del INdEC, en especial acerca de la inflación, impiden que haya una unidad de cuenta que permita el crédito financiero, necesario para la inversión, situación que limita el crecimiento.
> Ya es muy grave la distorsión de precios relativos. Puede apreciarse en un dato de la economía real: hoy día es igual o más oneroso ir de vacaciones a Villa Gesell que a Punta Cana, en el bello Caribe dominicano. Los precios en dólares de los destinos en el exterior se han mantenido, y han bajado en algunos casos, mientras que la inflación generó subas constantes de los precios en hotelería y comida en la Argentina. Un paquete de 7 noches Mendoza-Mar del Plata en un hotel 3 estrellas con transporte en micro y media pensión ronda los $ 3.500. Si a esto se le agregan unos $ 300 por día por persona para comida, bebidas, paseos y algún espectáculo, el gasto completo por semana ascenderá a $ 5.500 por persona. Por $ 5.900, hoy se contrata un paquete en un hotel 5 estrellas en Cuba, con 7 noches, pasaje aéreo, impuestos, asistencia médica, traslados y 'all inclusive' (todo lo que se puede comer y tomar durante el día).
¿Y cómo impactará el 'combo' económico-financiero en el año electoral? Justo en estos tiempos Cristina Fernández de Kirchner pretende recuperar imagen positiva a partir de un discurso 'nacionalista' que oculte las peripecias de la economía. Es muy difícil. Ya lo intentó a comienzos de 2012 y le fue muy mal.
Hay datos sobre la situación 2013. Aquí algunos de ellos
"(...) Lo que hoy se observa con mayor claridad en materia de posicionamientos es que José Manuel de la Sota está lanzado, que Daniel Peralta resiste, que Daniel Scioli sigue en sus trece para diferenciarse, aunque sin sacar los pies del plato y que otros mandatarios provinciales miran de reojo, mientras los intendentes bonaerenses se agitan en sus sillas. Hasta los sindicalistas supuestamente K afilan la charrasca. Todos ellos están listos, de ahora en más, para condicionar y no ser condicionados.
En el caso de la CGT oficialista, la cosa está en un momento crucial, ya que sus dirigentes han quedado demasiado expuestos después de romper con Hugo Moyano y no han recibido nada a cambio, salvo dilaciones en el caso de la suba del mínimo no imponible del Impuesto a las Ganancias, la bandera unánime de todos los trozos en los que está dividido el movimiento obrero.
El Gobierno no puede admitirlo, aunque todos sospechan que ese constante patear la pelota para adelante tiene que ver con la falta de dinero, ya que mejorarle el bolsillo a los asalariados le costaría al fisco unos $ 10.000 millones anuales. La CGT que lidera Antonio Caló tiene previsto un encuentro con el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, y allí le plantearán las reglas de juego: primero, arreglo del mínimo y recién después paritarias. Así y sólo así, aceptarán bajar sus pretensiones a 20% o menos, ya que la diferencia no la pondrán las empresas, sino el Gobierno. ¿Qué pasará si no se acepta la fórmula y se exige que firmen por un porcentaje que a ellos los descoloque frente a sus representados y que los someta a la burla de las demás centrales sindicales?
La reunión con Tomada
Los dirigentes más cercanos al Gobierno ya sugieren que van a rechazar todo: "Si éste es el modelo a nosotros no nos interesa, porque hasta ahora no ha habido una respuesta satisfactoria del Gobierno a nuestros reclamos", dijo suavemente Roberto Fernández, el secretario general de la UTA.Aunque se supone que el chisporroteo es parte de las reglas de juego para calentar el ambiente, pero a la vez para ganar tiempo y para meterle presión a Tomada (o para darle a éste margen para que plantee más arriba los problemas), en paralelo hay otros sindicalistas del mismo espacio que integran los gremios que se separaron de la CGT de Moyano y los "gordos" que prometen, que, si no hay novedades, en marzo se vendrá el "bautismo de fuego" de los grupos hoy oficialistas: "Tomaremos medidas de fuerza", dicen.
El gran dato político, el que no se le escapa a nadie, es que la mayoría de los que se están rebelando (o se van a rebelar) son peronistas, mientras que los referentes de la otra oposición siguen mirando el partido desde afuera con paseos por la playa, rejunte de intendentes y oratoria florida: Elisa Carrió se dedica a sus guerras morales con el kirchnerismo, Hermes Binner habla del sexo de los ángeles, Mauricio Macri tiene sus dramas con los subtes y la basura, y Ricardo Alfonsín, fuera de todo contexto, todavía cree que "hay que evitar la restauración noventista". Planes integrales alternativos, ninguno; preocupación concreta por la gente, sólo retórica.
En este contexto, el Gobierno ha buscado atajos para retomar la iniciativa y salir del cerrojo económico, ya sea con fastos (Fragata Libertad), con anuncios aunque de largo aliento (renovación de trenes) y hasta con viajes inesperados de la Presidenta (a Cuba, para interesarse por la salud del presidente Hugo Chávez) y con una gira comercial a países que incluye a dos que los expertos definen como de muy poco apego a favor de los derechos humanos (Emiratos Árabes y Vietnam). (...)".
Marcelo Bátiz escribió un muy interesante informe para la agencia DyN acerca del abuso del 'efecto Soja' y el malgasto de recursos que hizo el kirchnerismo cristinista:
"(...) si se revisan algunas cifras, se podría ser más preciso aún: la sojadependencia pasa a ser absoluta con el inicio de la gestión presidencial de Cristina Fernández. Paradojas de un discurso industrialista como pocos.
Cuando decidió la reinstalación de las retenciones a la exportación en 2002 (primero al 10% y luego al 20%), el presidente Eduardo Duhalde tenía la mira puesta más en el petróleo que en la soja, si bien la oleaginosa ya se perfilaba como la estrella de los años venideros: la producción llegaría ese año a los 34 millones de toneladas, veinte millones menos de lo que se cosecharía nueve años después, pero diez veces más que en 1980 y mil veces más que en 1968. Su precio en Chicago promediaba los 150 dólares la tonelada, más que interesante para quien no sospechara qué se avecinaba.
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Pero en lo que al presente de entonces se refiere, las exportaciones de oleaginosas (entre las que la soja ya era el producto principal) representaban poco más de la mitad de las de petróleo y no alcanzaban a significar el 7% del superávit comercial total. La totalidad de los derechos de exportación (entre los que, como se dijo, la estrella no era la soja sino el petróleo) aportaron el 10% del total de recursos tributarios.
El cambio sustancial, el verdadero "boom" de la soja, comienza a operarse a partir de 2003. De acuerdo con el cruce de las informaciones del INdEC y de la Cámara de la Industria Aceitera, la liquidación por exportaciones del complejo oleaginoso fue ese año de US$ 9.450 millones, el 60,8% del saldo favorable de la balanza comercial. Si el porcentaje es impactante, mucho más impresiona saber que, en realidad, fue el más modesto de la década que empezaba.
La sojadependencia recién asomaba y ni el naciente kirchnerismo se daba cuenta de su importancia, al punto tal de anotar en su plataforma electoral de ese año que "una vez alcanzado el equilibrio fiscal y en la medida de las posibilidades presupuestarias se comenzará un proceso de eliminación de las retenciones a las exportaciones".
El resultado final de esa década fue un superávit comercial acumulado de US$ 128.451 millones impulsado fundamentalmente por el complejo oleaginoso, que en el mismo período liquidó exportaciones por US$ 170.560 milloness.
Es decir que sin la soja y sus derivados, la década kirchnerista hubiera terminado con un déficit en la balanza comercial de US$ 42.109 millones.
Pero en el reparto de honores, las palmas se las lleva la actual Presidenta: en el lustro 2003/2007, el superávit comercial superó a las liquidaciones de oleaginosas en US$ 544 millones. En el quinquenio siguiente, gobernado totalmente por Cristina Fernández, la relación fue inversa: las liquidaciones de oleaginosas superaron al saldo comercial en US$ 42.653 millones. O si se prefiere: sin la soja, el déficit comercial sería de un promedio anual de US$ 8.530 millones.
(...) En este último rubro, la imprevisión oficial se jugó el todo por el todo a que el precio de la soja no pararía de subir, creyendo que la tendencia registrada en años anteriores sería eterna. Estimaciones de la consultora Economía & Regiones dan cuenta de un déficit industrial en 2013 de US$ 27.200 millones, a los que habría que sumar unos US$ 6.000 millones de déficit de la balanza energética.
Para financiarlos, aseguran, "necesitaríamos una soja a US$ 725 dólares la tonelada", es decir, un improbable incremento del 50% en pocos meses."
Franco Moran en el diario platense El Día, acerca del difícil año fiscal que se avecina, con un conflicto creciente entre Nación vs. provincias vs. municipios:
"La Presidenta lo dijo en clave política. Retó a intendentes y gobernadores que aumentan tasas e impuestos en sus jurisdicciones. Le apuntó especialmente a Macri por el ajuste que aplicará en la tarifa de los subtes. Y también aludió a De la Sota, que al día siguiente le reclamó -en tono duro y desafiante- que guarde el látigo y pague la deuda con Córdoba. Pero detrás de esos reproches y de las peleas políticas se esconde una fuerte preocupación por el “cóctel” de aumentos que empezará en estos meses -y sobre todo en marzo- a notarse en los bolsillos de la gente.
Los municipios y las provincias atraviesan, como es sabido, situaciones financieras que están muy lejos de ser holgadas. Aquel sofocón que retrasó el año pasado el pago del aguinaldo a los empleados públicos bonaerenses fue consecuencia de una situación estructural que se mantiene inalterada. (...)
Los aumentos a veces no son fáciles de descifrar. En algunas comunas, por ejemplo, las tasas han aumentado entre un 12% y un 35%. Pero además han reducido el beneficio por pago anual del 25% al 15%. De esa manera, el contribuyente que decide pagar todo el año de un plumazo pagará este año, en relación al anterior, un 53% más. Pero a eso se suman ajustes de todo tipo. La Patente y el Inmobiliario Urbano también llegarán con aumentos significativos. Y en muchos casos se han dispuesto nuevas valuaciones, además de cobrarse adicionales a aquellos contribuyentes que tengan más de una propiedad.
Las compañías de seguros, los colegios privados, las prepagas... también han empezado a prever -si no los han instrumentado ya- ajustes que impactarán directamente en los bolsillos. (...)
Frente a esta situación deberán encararse las negociaciones paritarias con los distintos sectores de la actividad económica. Esta semana empezarán en la Provincia las discusiones con docentes y empleados públicos. Y ya se anticipan demandas que están muy por encima de las que el Gobierno consideraría razonables.
Lo que preocupa, entonces, es cómo fijar una pauta salarial de referencia que no recaliente la espiral inflacionaria. Y para eso el Gobierno central está empeñado en frenar cualquier aumento -ya sea en tasas, impuestos o comisiones de servicios- que superen el 20%. El tema es que muchos ya han sido aprobados. (...)
Esta preocupación se enmarca en un contexto general de la economía que ya no ofrece los márgenes de maniobra que ofrecía hace un año y medio. El Gobierno central no ha podido avanzar como se había propuesto con la eliminación de subsidios a los servicios públicos. Tuvo que autorizar ajustes tarifarios que también repercutirán en el costo del transporte público, de los peajes, de los vuelos de cabotaje y del gas y la luz. Pero no pudo aliviar, al menos en la magnitud que había proyectado, el peso monumental que tienen los subsidios a muchas de esas actividades.
Por eso es que la Nación también ha reforzado la presión impositiva y, por primera vez en años, no hizo ni siquiera el retoque anual en el mínimo no imponible del impuesto a las Ganancias, que hoy afecta a cualquier trabajador con ingresos medios en una proporción que nunca antes había tenido. (...)".
Acerca de la inflación -obviamente, el gran tema- Roxana Acotto escribió en La Voz del Interior, de la ciudad de Córdoba, acerca de su melancolía cuando recuerda aquellos días en que un billete de $ 100 permitía llenar el changuito en el supermercado:
"A la Gran Bonetona se le ha escapado la inflación y dice que la culpa es de los gobernadores e intendentes.
“¡¿Yo, señora?! ¡No, señora!”, responde un trío de gobernadores, casualmente todos con aspiraciones presidenciales.
“Pues, entonces, ¿de quién es la culpa?”, preguntan millones de asistentes a este patético juego de mirar para otro lado.
La verdad es que con la Gran Bonetona a la cabeza, todos pusieron su granito de arena para ir conformando una bola de nieve que –cada mes que pasa– se hace más grande y peligrosa.
Si la inflación fuera un problema de falta de oferta (como sostienen algunos “teóricos” del equipo económicos que comanda Hernán Lorenzino), el enfriamiento de la demanda de 2012 habría aquietado los precios. Pero pasó lo contrario: la “inflación Congreso” marca valores anualizados del 26% para el cierre del año pasado y las proyecciones para el 2013 giran en el 30%.
La Presidenta ha ratificado esta semana que los esfuerzos del Gobierno seguirán orientados a sostener la demanda. Más sopa: la inundación de billetes de $ 100 seguirá a todo ritmo para que todos tengan cada vez más plata que vale menos.
El economista Alfonso Prat Gay lo puso en un ejemplo demoledor: en septiembre de 2004 con un billete de $ 100 nos llevábamos del supermercado 78 kilos de azúcar, un volumen que difícilmente se pudiera contener en un changuito común. Hoy apenas pasaríamos por el escáner 11 kilos de azúcar, un carro casi vacío.
Ni Macri, ni De la Sota, ni mucho menos Scioli se pueden hacer los distraídos. Con entusiasmo todos se prendieron a la suba del gasto público y –cuando se vació el tarro– a aumentos de impuestos que los eximan de la responsabilidad de racionalizarlos.
Embriagados por la felicidad que otorga “un poco” de inflación, todos se prendieron al festejo sin pensar mucho en la resaca. Va llegando la hora de hacerse cargo."






