CLAVES

La sintonía fina no sintoniza aunque algunos digan que sí

La sintonía fina es el gran fiasco de la Argentina 2012 considerando que la economía está haciendo añicos la imagen pública de Cristina Fernández. Pero ella dice que acepta que en la mesa que califique su gestión económica solo se sienten los economistas de Axel Kicillof. Es obvio que la tendencia es peor...

 

 
 
Wainfeld, otrora un confidente de Carlos Álvarez, aquel vicepresidente de la Nación que renunció intempestivamente ante la primera dificultad que enfrentó, es un kirchnerista cristinista (de lo contrario no podría trabajar en Página/12 como columnista casi casi tan importante como Horacio Verbitsky).
 
Cristina dijo:
 
"(...) A propósito de la Bolsa el otro día y de los Boden 12, leí una crónica periodística el fin de semana, yo no me acordaba que en la Bolsa de Comercio el ministro de Economía de la Alianza, López Murphy, había lanzado su plan económico breve, no por motivo propio sino del propio partido gobernante, que conste que la oposición no tuvo absolutamente nada que ver, lo echó Franja Morada me parece si mal no recuerdo. (...)".
 
Wainfeld había escrito el sábado 04/08, mencionando uno de los actos más ridículos de la UCR, concretada por ridículos como Federico Storani y el clienterío pseudointelectual de Franja Morada:
 
"(...) Hace algo más de once años, en marzo de 2001, Ricardo López Murphy, ministro de Economía de la Alianza, lanzaba allí su programa económico. La concurrencia, flor y nata del establishment económico, lo aplaudía a rabiar. Varios integrantes del gabinete de Fernando de la Rúa se anoticiaron de la primicia por tevé, dos ministros radicales tuvieron la dignidad de renunciar: Federico Storani y Hugo Juri. López Murphy duró lo que un lirio neocon, tras atravesar días de ensueño. 
 
(...) Nada, entonces, hay para celebrar, la Presidenta lo consignó así. Pero sí es valorable que el desendeudamiento y la ampliación del poder político hayan sido marcas de la etapa. Cuando juró López Murphy lo ovacionaban banqueros, consultores, popes de las Fuerzas Armadas que le agradecían que, como ministro de Defensa, hubiera sido un defensor cerrado de sus intereses corporativos y de las leyes de la impunidad.
 
La Presidenta representa banderas distintas y su paso por la Bolsa de Comercio tuvo otro tono, otra concurrencia, otro discurso. (...)".
 
El lunes 06/08, Cristina siguió, a propósito del periodista cuyo salario lo paga el Estado Nacional vía su presupuesto publicitario:
 
"(...) pero lo que yo había olvidado -para que vean que no soy tan memoriosa, los años no vienen solos- y que el cronista describe maravillosamente es que lo presentó en la Bolsa y que fue aplaudido a rabiar por todos los que estaban ahí, que por cierto yo no había notado que tampoco estaban los banqueros el día que estuve, porque había tanta gente. Vi muchos empresarios importantes, no puedo negarlo, había muchos empresarios de muchas actividades de la producción, pero el cronista dice que no había ningún banquero nacional ni extranjero. Yo me puse a pensar y a recordar todas las caras, las manos que había estrechado y lo que había divisado desde mi atril, cuando estaba hablando, y la verdad que brillaron con su ausencia, mi abuela diría cola de paja. Lo cierto es que queremos que se les acabe la cola de paja y creemos que es importante que comiencen a dar cumplimiento a los planes que ha elaborado el Banco Central, 5% apenas de sus depósitos para los préstamos a las pymes y a las grandes empresas, 50 y 50, que realmente es lo que les va a dar una gran productividad. Ustedes vieron lo que yo leí el otro día, cuáles eran las cosas que más habían rendido: los bonos de la deuda argentina, pese a todas las diatribas de todos los medios de comunicación y consultoras fueron los que más rindieron. Pero mientras nos criticaban ellos amarrocaban los títulos y por eso tuvieron una ganancia espectacular, giles los que los vendieron creyendo lo que decían,  o los otros que a lo mejor lo necesitaban, también es cierto, pero yo creo que la mayoría los vendió porque creían lo que decían y fundamentalmente porque por todas las cosas que pasaron en la Argentina en las últimas décadas no creían en su país. (...").
 
Al parecer, el ego de Cristina ha sido golpeado duramente por la ausencia de los ejecutivos de bancos (banquero es el dueño de bancos y en la Argentina casi no quedan banqueros). Hace tiempo que ni Jorge Brito (Banco Macro) ni Enrique Eskenazi (bancos Santa Cruz/San Juan/Santa Fe) participan de la intimidad de la Presidente. Cristóbal López compró el Finansur pero ¿Cristóbal ingresa hasta donde llega el endeudado Eduardo Elsztain o el favorecido Hugo Sigman? Gerardo Werthein tenía una porción de Standard Bank pero ¿no es muy Daniel Scioli para la Quinta de Olivos?
 
La Presidente parece que anda enojada con los banqueros porque ella necesita culpar a alguien por la estanflación. Desde el origen del dinero, los banqueros siempre son útiles a la hora de buscar culpables.
 
La Presidente no solamente está enojada con los banqueros sino también con sus críticos. A ellos acaba de dedicarles una frase:
 
"(...) porque esto sí lo voy a pedir: yo estoy dispuesta a seguir rindiendo todas las materias y todos los exámenes, pero por favor que los que se me sientan en la mesa examinadora tengan algo para mostrar y no hayan sido artífices de los fracasos eternos de la Argentina, porque a esos examinadores esta Presidenta no les rinde cuenta, yo le rindo cuenta al pueblo que es el verdadero examinador de las políticas. (...)".
 
Blablablá presidencial.
 
Lo concreto es que la sintonía fina no anduvo. Es más: la sintonía fina prometida como el eje de la política económica de 2012, es un fracaso.
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A propósito de la sintonía fina y del discurso que, al parecer, la Presidente todavía tiene presente, en la Bolsa de Comercio, el periodista Claudio M. Chiaruttini (que en temas de política económica es una opinión más autorizada que el clientelar Wainfeld), realizó un muy interesante editorial el domingo 05/08 en su programa Sin Saco y Sin Corbata, por Radio El Mundo:
 
"9 críticas a los medios de comunicación, 5 menciones a Néstor Kirchner por su apellido, 3 referencias indirectas a Hugo Moyano y 1 patadón a la mandíbula de Mauricio Macri: ese fue el monólogo de Cristina Fernández en el aniversario de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires. No hubo anuncios ni se mencionó a la inflación ni a la recesión ni a la falta de nueva generación de empleo. 
 
Abundaron los datos incorrectos, las menciones de mediciones antojadizas, las interpretaciones equivocadas, las falacias ('mala leche' podría afirmarse). Lo más grave: Cristina sigue sin hablar de temas que le importen a la gente. La cotidianeidad de la Presidente tiene poco o nada que ver con la de  que mencionó la Presidente de la Nación en el viejo corro de la Bolsa de Comercio, los medios, Mauricio Macri, Hugo Moyano y poco mas son las realidades y prioridades de la Casa Rosada, nada sobre los temas que le interesan a la gente, a los trabajadores, a los empresarios.
 
Como bien sostuvo el servicio semanal de la Revista Imagen, Cristina Fernández se enamoró de su rol de vocera del gobierno de Cristina Fernández. Le encanta escucharse en sus monólogos, en especial, cuando se siente atacada por los medios y cuando tiene adelante audiencia ideológicamente crítica y cautiva por la ocasión. 
 
El gobierno salió a construir un épica de la cancelación del Boden 2012, algo que nunca ocurrió desde el regreso de la democracia con ninguno de los cientos de bonos que vencieron y fueron pagados en regla. ¿Qué hubo de diferente en esta ocasión? Era necesario ocultar el verdadero uso que tuvo ese instrumento de deuda y quienes se beneficiaron con su compra-venta a lo largo de estos años. Por eso se hizo énfasis en que fueron los papeles de deuda con que se compensó a los ahorristas atrapados por el “corralito” o, más exactamente, del “corralón”.
 
Si 78% de los Boden 2012 estaban en el exterior fue porque Néstor Kirchner y Cristina Fernández colocaron cientos de millones de dólares de este bono al gobierno de Venezuela, que se lo vendió a sus bancos y que, a su vez, los colocaron en Nueva York, donde blanqueaban dólares que sacaban de su propio mercado. Por eso la mayoría de la colocación estaba en manos de inversores institucionales internacionales.
 
La épica es una construcción que parte de seleccionar y acomodar los hechos a conveniencia para crear una fantasía que tenga mejor aspecto que la realidad y que sea más útil para los proyectos políticos que encarnan quienes ordenan realizar la curioso relectura de los sucesos históricos. Ese es uno de los ejes del cristinismo, crear su propia versión del pasado y es lo que protagonizamos toda la semana: otra puesta en escena.
 
En la Bolsa de Comercio temían que fuera anunciado un impuesto a las transacciones financieras. No se produjo. Por ahora, Adelmo Gabbi puede respirar tranquilo. El tiro de gracia para el mercado bursátil, todavía, Cristina Fernández, decidió que no era hora de darlo. Ya necesitará subir en las encuestas antes de las elecciones del 2013 o del 2015 y no temerá en borrar con el codo lo escrito con la mano, como hizo tantas veces.
 
Mientras el gobierno nos entretiene con la pelea mediática entre Jorge Lanata y Víctor Hugo Morales, los repetidos acuerdos entre YPF y PDVSA que no llevan a nada, las constantes críticas al gobierno de Daniel Scioli y los rumores sobre si renuncia o no el secretario de Comercio Interior, Guillermo “Lassie” Moreno, como si eso fuera a solucionar los daños causados por el funcionario todos estos años; Cristina Fernández confirma su apoyo a “Vatayón Militante” y los “barrabravas”, trazando una alianza entre la política y la delincuencia que no se ve desde los peores años del conservadurismo.
 
Con los temas banales, el gobierno hace pasar inadvertidos el fuerte ajuste que está llevando a cabo, ahora, aumentando los peajes de los accesos a la capital federal con la excusa de hacer obras ya anunciadas tres veces; probando si hay clima para subir las retenciones otros cinco puntos, bajo la excusa de la renta extraordinaria, pero con el temor de que los productores agropecuarios se conviertan en los principales operadores del dólar paralelo o sumando trabas a las compra de dólares para las personas que quieran hacer turismo al exterior. Cortina de humo y bisturí afilado es la combinación que usa Cristina Fernández en esta etapa.
 
La “sintonía fina”, hoy convertida en un ajuste muy cercano a lo ortodoxo, parece ignorar el impacto que cada medida tiene en la economía real. El cepo cambiario obliga a cerrar casas de cambio a una velocidad nunca vista, el cepo importador sigue destruyendo puestos de trabajo (pese a que el Indec nos venda que baja la actividad y crece la ocupación, algo que no figura en ningún libro de historia económica, hasta ahora), la pesificación forzada hizo caer la construcción por tercer mes consecutivo y el crédito compulsivo que el gobierno quiere que los bancos negocien con las Pymes no hizo más que congelar las consultas sobre financiaciones.
 
En el gobierno saben que el ajuste es necesario, los números no cierran, pero impactan sobre el propio oficialismo. Las encuestadas dadas a conocer por Poliarquía y Management & Fit confirma que los casos de corrupción denunciados, que entre 2003 y 2009 no afectaban al gobierno, han comenzado a hacer mella de la administración de Cristina Fernández. Incluso, a pesar de que no hay procesados, no hay juicios y no hay culpables. ¿Qué es lo que está cambiando?
 
Se ha dicho hasta el cansancio: Néstor Kirchner tuvo una buena imagen porque los indicadores económicos, financieros, de producción y sociales fueron año tras años positivos. Incluso, Cristina Fernández continúo esa tendencia, salvo cuando la recesión hizo trastabillar al santacruceño en Buenos Aires, frente a Francisco de Narváez en 2009. Ahora, el clima económico comienza a ser negativo, la inflación no cesa, la actividad se está frenando y las opiniones cambian.
 
El gobierno tiene obligación de construir una realidad que no existe, como la que leyó Cristina Fernández en la Bolsa de Comercio, para evitar que verdad frene su proyecto reeleccionista y su concepción hegemónica. El motivo es que hay un caldo social que puede convertirse en gran enemigo de Cristina Fernández en cuestión de semanas. Veamos sus componentes.
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El gobierno apuesta al voto joven. Hay un millón, entre 15 y 24 años, que no estudian ni trabajan pese a que se multiplicó por cinco la asistencia financiera al sector para que ingresen al mercado de trabajo. Los esfuerzos oficiales son vanos. Una recesión profunda tendría gran impacto en este grupo y, sin duda, no votarían por el mismo gobierno que los condena a no poder conseguir un empleo o no les facilita el estudio.
 
Pese a que el relato nos dice que llevamos 10 años de crecimiento a tasas chinas, que las empresas y los bancos nunca ganaron como ahora y que se crearon 5 millones de puestos de trabajo, supuestamente, todo gracias al matrimonio Kirchner; en los 30 municipios del conurbano hay 864 villas y asentamientos donde viven 500.000 familias. Una recesión sobre este grupo social vulnerable tendría efectos desbastadores.
 
Lo mismo ocurriría con los millones de personas que hoy reciben la Asistencia Universal por Hijo, uno orgullo del gobierno, que no alcanza para cubrir la demanda de una semana de alimentación para una familia tipo y que, por obra y gracia de las manipulaciones estadísticas, deja 800.000 personas que deberían recibir la ayuda social sin ningún ingreso.
 
El gobierno debe evitar a toda costa que la recesión impacte sobre los grupos sociales más vulnerables, donde reside el núcleo duro de su voto. Con temas como el “Vatayón Militante” o el apoyo a los “barrabravas”, el cristinismo tiene perdido el voto de la clase media y con amenazas de impuestos a las transacciones financieras o el posible aumento de las retenciones, también derrocha el sufragio de la clase alta.
 
Si bien la oposición no logra articular un discurso, no genera opción, ni aparece un líder que seduzca a los votantes, el frente oficialista es el que sufre fisuras nunca vistas desde que el kirchnerismo está en el gobierno. Por ejemplo, en Córdoba, las diferencias dentro de la Unión Industrial Argentina se hicieron evidente, pese a los esfuerzos que hace Ignacio de Mendiguren por aparentar una alianza con la Casa Rosada.
 
Así como la Sociedad Rural Argentina avanza hacia un cambio de autoridades donde las posiciones serán más duras, en la Unión Industrial Argentina comienza a verse una tendencia similar. Incluso, el discurso de Adelmo Gabbi tuvo unas pocas y sutiles críticas al gobierno que no se vieron en años anteriores. Es otro cambio de clima.
 
En el peronismo ocurre algo similar. Daniel Scioli avanza a una cierta independencia financiera con sucesivas colocaciones de deuda. José Manuel de la Sota se anima a pequeñas críticas al gobierno y está fortificando su relación con los intendentes cordobeses del justicialismo para evitar que se los arrebate la Casa Rosada. Sergio Massa intenta diferenciarse del gobernador de Buenos Aires y de Cristina Fernández buscando encabezar una tercera opción que decida las elecciones del 2013.
 
En este marco también hay que anotar la rebelión de Hugo Moyano y las dudas de la CGT Balcarce en aparecer cercana al gobierno. El sindicalismo, columna vertebral del peronismo, fue la primera en exponer las dudas sobre si se debe seguir acompañando el proyecto cristinista. Por eso el metalúrgico Antonio Caló se declara peronismo y no kirchnerista.
 
Nunca en vida de Néstor Kirchner el peronismo se animó a un estado deliberativo creciente como ahora. La excepción fue el duhaldismo, que rápidamente quedó aislado y desarticulado. Ahora, las circunstancias son otras. Las encuestas animan despegarse de Cristina Fernández y los problemas económicos exhiben las debilidades del cristinismo.
 
La pirotecnia verbal seguirá acompañando a Cristina Fernández, pero tantas palabras, tanta construcción de una realidad que no existe no pueden evitar que se profundice el proceso de descomposición del oficialismo. Es sólo cuestión de tiempo para ver cómo se consolida esta tendencia."