CLAVES

La Argentina bajo ataque

Si los resultados del modelo son los que sufre hoy día la economía argentina, ¿cuál fue el beneficio del default? Buena pregunta de un economista influyente del diario O Estado de S. Paulo:

 

por CELSO MING
 
S. PAULO (O Estado). Cuando la Argentina dejó de pagar US$ 80.000 millones en 2005, algunos economistas brasileños aplaudieron y recomendaron que los países endeudados, especialmente Brasil, hicieran lo mismo. 
 
Los banqueros -preguntaban ellos- ¿no cobran ya de por sí intereses desorbitantes por la deuda externa, a modo de seguro contra la suspensión de pagos? 
 
Entonces, el valor de la deuda ya se encontraba al precio adecuado. Engaño para el pagador...
 
Después del período que muchos vieron como show de crecimiento, la economía argentina se hunde, semana tras semana. Entre otras razones, porque perdió el crédito y vive un capítulo de fuerte escasez de divisas.
 
Ahora se ve que, si no fuera un grave error, la deuda fue al menos un pésimo negocio. La Argentina perdió muchos más dólares y debe perder, incluso más, de que los que dejó de pagar con la operación.
 
Inversiones extranjeras y nacionales están paradas hace años y la fuga de capitales, sólo en 2011, fue de US$ 23.000 millones. Los exportadores e importadores han tenido que cobrar de más o de menos en sus negocios, para que parte de los fondos se pague por otro lado.
 
Alguien podría objetar: "Todo lo que ocurre ahora, debido a las distorsiones de la política económica adoptada después de la deuda, no por causa de ella".
 
No se puede separar una cosa de otra. Con el estancamiento del crédito, la Argentina tuvo que vivir con poco, con solo algunos ingresos. Esta grave restricción daría forma a políticas de desestabilización que siguieron.
 
La política artificial de crecimiento económico, basada en consumo interno impulsado por generosos aumentos en los salarios y jubilaciones, provocó la disparada de la inflación. 
 
Para evitar la escalada de los ajustes por la inflación pasada, el gobierno falsificó descaradamente estadísticas de inflación, ya hace cuatro años, hasta un 24% anual, mientras que las cifras oficiales la mantenían en 9%. 
 
La revista The Economist  dejó de publicar estadísticas de inflación de la Argentina con la observación de que "el número oficial no es confiable". Y consultores independientes que venían publicado estudios propios se enfrentan a fuertes multas del gobierno.
 
El gasto público se disparó. En 2001, año de ruptura del país, estaba en 22% del PIB. El año pasado, subió a niveles récords de 38,2% del PIB, según lo informado por la consultora Abeceb, encabezada por el economista Dante Sica.
 
Como las empresas del sector productivo no pueden reajustar los precios de sus productos arriba de la evolución de la inflación patrocinada por el gobierno, las inversiones se estancaron. Ningún empresario quiere invertir dinero en un negocio que da pérdida. Esta es una de las razones por las que las importaciones anuales saltaron, en seis años, a casi el 45%.
 
Para mantener la farsa de las estadísticas, el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se vio obligado a sostener el reajuste cambiario al ritmo de la inflación oficial. La brecha entre el tipo de cambio oficial y el dólar blue es hoy de 48%. 
 
El dólar artificialmente barato provocó fuga de capitales. La política de estrictas restricciones a las importaciones y a las compras de moneda extranjera, no dio el resultado esperado y algunos sectores están obligados a reducir la producción porque no tienen suministro regular de partes e insumos importados.
 
Desarreglos de esas proporciones no se limitan a la esfera económica; tienden a extenderse también al juego político.
 
Reserva de valor
 
El uso creciente de las reservas del Banco Central de la República Argentina para cubrir el gasto corriente es un factor de riesgo que aumenta la desconfianza y lleva a los argentinos a comprar moneda extranjera como reserva de valor.
 
Nuevo impulso
 
A pesar de la crisis, la expectativa de los analistas es que el PBI argentino crezca 3,4% este año. El incremento del precio de los alimentos en el mercado internacional puede dar un nuevo impulso a la balanza comercial del país.

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