Cristina vs. Scioli: El ajuste vs. $ 1.000 millones más
Durante los próximos días, todo seguirá igual: el kirchnerismo intentando devorar a Daniel Scioli, y éste buscando sobrevivir. La cuestión de fondo es el ajuste a las provincias que se impone como necesidad de la Nación en una hipocresía que, todavía, los gobernadores (varios de ellos muy "pollerudos"), aceptan sin murmurar aunque la realidad comienza a cercarlos.
08 de julio de 2012 - 09:27
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Los de Daniel Scioli afirman que hay tregua entre la Casa Rosada y la Gobernación bonaerense.
No es lo que dicen los del kirchnerismo cristinista, quienes anticipan una nueva ofensiva contra las finanzas del gobernador bonaerense.
Medios dominicales permiten conocer ambos enfoques.
José Picon, en el panorama político bonaerense del diario El Día, de la capital provincial, La Plata, expone el enfoque de la tregua precaria y explica en qué consiste el pedido de Scioli a Cristina (otros $ 1.000 millones más):
"Nadie se atreve apostar cuánto podría extenderse esta especie de tregua implícita que anudaron vía telefónica en las últimas horas Cristina Fernández de Kirchner y Daniel Scioli. Quizás sea el plazo que necesite la Provincia para terminar de delinear el fuerte ajuste del gasto que le reclamó insistentemente y por distintas vías la Nación y el tiempo que demande su posterior convalidación en la Legislatura. Pero aún con una fuerte dosis de precariedad sostenida en los antecedentes de esa sinuosa relación, la charla abrió al menos un dique de contención para una disputa política que comenzaba a transitar un sendero sin escalas rumbo a un enfrentamiento de consecuencias imprevisibles.
Aquél contacto en el más alto nivel gubernamental llegó como un bálsamo luego de una semana en la que volvió a quedar expuesta con toda crudeza y virulencia la divisoria de aguas que separa al kirchnerismo de Scioli. Aterrizó además en un convulsionado escenario político, en el que incluso se ventilaron versiones sobre una supuesta expresión de deseos de la Casa Rosada, luego desmentida, de desalojar al gobernador del Ejecutivo provincial.
Nada es casual desde que Scioli cristalizó cierto gestos de independencia política del kirchnerismo. Luego de que blanqueara sus aspiraciones presidenciales y se reuniera con dirigentes del peronismo ubicados al tope de la lista de los vetos políticos K, la embestida que despuntó en diciembre apenas asumido su segundo mandato alcanzó rápidamente vigor y voces siempre dispuestas a amplificarle volumen.
La falta de fondos para pagar el aguinaldo a 550 mil trabajadores estatales expuso con inusitada crudeza esa disputa y, al mismo tiempo, las debilidades financieras de la principal provincia del país. ¿Puede que el creciente malestar social generado por esa polémica medida y reflejado en las encuestas haya empujado tanto a Scioli como a Cristina a abrir un paréntesis en esa pulseada?. Ayer, por lo pronto, surgieron algunas señales en esa dirección.
La Casa Rosada habría revisado su estrategia de cortar en 1.000 millones el auxilio financiero al Gobernador que le resultaron insuficientes para evitar el desdoblamiento salarial. No habría nuevos fondos frescos, pero el Banco Central le compraría a la Provincia bonos nacionales que vencen en 2018 que le reportarían al Estado bonaerense al menos otros 1.000 millones de pesos. Con ese ingreso, Scioli se haría de los recursos para pagar casi en su totalidad el aguinaldo a los empleados estatales, docentes y policías en las próximas semanas, y achicar en el tiempo la cancelación en cuotas que generó la ira de los sindicatos.
Por eso el mandatario habló de la “predisposición de la Presidenta para trabajar juntos” y anticipó que analiza para pagar el aguinaldo “lo antes posible”. (...)".
No está de acuerdo Horacio Verbitsky, desde el paraestatal Página/12: hay diferencias políticas entre Cristina y el gobernador (en verdad, es una cuestión de poder pero el periodista/presidente de CELS eleva esa competencia al rango de disputas políticas...). Verbitsky, quien de economía conoce poco y nada, fue informado por la Nación de los números bonaerenses y los interpreta 'a lo Mariotto'. Él presenta un escenario propicio a nuevas embestidas porque, a ojos del kirchnerismo cristinista, todo lo que hace Scioli está mal, y no le adeudan la mayoría de los votos de 2003 y los triunfos de 2007 y 2011. Obsérvese que cuando hay que fundamentar porqué Scioli no pudo colocar la deuda, Verbitsky menciona las crisis de Grecia y España y no la derivada de la expropiación de YPF (¿...?):
"Sin duda, entre la presidente Cristina Fernández de Kirchner y el gobernador bonaerense Daniel Osvaldo Scioli hay una disputa política. Pero por importante que fuera la denominada batalla por la sucesión, existen dos constelaciones opuestas de alianzas e intereses. Esta confrontación objetiva es mucho más importante que el destino de la publicidad que DOS deriva a los medios que en forma sistemática denigran a CFK o que los fondos que destina a festivales en los que despliega su cotillón electoral naranja. La discrepancia se refleja en rubros centrales de los respectivos gobiernos, que van desde la política de seguridad hasta la estructura impositiva de cada jurisdicción, que determina quiénes sufragan y en qué proporción el funcionamiento del Estado. Esto explica por qué el deportista de Villa La Ñata es tan querido por quienes recelan de la presidente, desde los grandes medios hasta las compañías transnacionales, los mayores exportadores, el sector financiero, las patronales agropecuarias y los líderes sindicales que representan a los trabajadores de más altos ingresos.
El deterioro fiscal bonaerense comenzó con la asunción de Scioli y se profundizó desde 2009, con un creciente déficit, que cubrió con endeudamiento tal como hacía la Argentina en la década de 1990. En el cuatrienio 2008-2011, mientras el resto de las provincias incrementaron su recaudación en 7.500 millones de pesos, Buenos Aires mermó la suya en 13.500 millones. Lo compensó con un incremento del 64 por ciento de su deuda, contra 25 por ciento del resto del país, al mismo tiempo que la Nación se desendeudaba. En vez de incrementar la presión tributaria, como el resto de las provincias, Scioli extrae recursos a los más pobres, con el impuesto a los ingresos brutos, y subsidia a los más ricos, mediante la baja imposición del inmobiliario rural y los subsidios que paga a quienes no lo necesitan. Cuando Alejandro Arlía aún ocupaba la cartera económica, Scioli presentó un presupuesto para 2012 que sólo cerraba sobre la base del endeudamiento, es decir aquello a lo que en forma persistente se niega el gobierno nacional para sus cuentas, pese a las presiones de todo tipo que recibe. En mayo, el Monitor Fiscal que publica la Gerencia de Estudios Económicos del Banco Provincia estimaba “un resultado financiero deficitario para 2012 de $ 12.455 millones”, o el 1,7 por ciento de su Producto Bruto Geográfico.
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Aún suponiendo una subejecución del gasto de capital presupuestado del 22 por ciento, el Bapro anunciaba que en junio, cuando “se devenga el sueldo anual complementario” habría un déficit financiero de 2500 millones. De modo que el incumplimiento provincial es cualquier cosa menos una sorpresa.
Fuentes del mercado financiero dicen que el Deutsche Bank había comprometido un préstamo de mil millones de dólares, con el que confiaba en afrontar el pago de la primera mitad del aguinaldo, que se frustró por las deterioradas circunstancias financieras internacionales, a partir de la caída de Grecia y los golpes que tienen a España e Italia contra las cuerdas. Scioli tampoco puede colocar letras con la misma facilidad de otras provincias. Está pagando tasas cada vez más altas con plazos cada vez más exiguos: 14 por ciento a 90 días, como corresponde a un estado en default.
También ha agotado el Fondo Unificado de Cuentas Oficiales (FUCO), una herramienta que le dio la ley de administración financiera para que pudiera rascar el fondo de la lata del Banco Provincia. El banco provincial está “estresado”, según un elegante eufemismo que usan los funcionarios que temen una reacción en cadena si se cayera la segunda entidad del sistema financiero, con 29.000 millones de pesos en depósitos. Versiones tan insistentes como difíciles de comprobar señalan que cerradas todas las ventanillas, el gobierno bonaerense ha recurrido a los bajos fondos, con préstamos de los bingueros de la provincia. (...)".
Eduardo van der Kooy, desde el diario Clarín (cercano a Scioli permanece Grupo Clarín), discrepa conque Scioli espere nuevas ayudas del Ejecutivo Nacional aunque coincide en que el choque continuará, y recuerda la ingratitud del Frente para la Victoria para con el gobernador bonaerense:
"(...) “Vivir con lo nuestro”, es el lema que ha salido a blandir el sciolismo y que, en algún momento, formó parte también de la retórica kirchnerista.
Aquella idea de encierro podría significar, en lo inmediato, dos cosas. Scioli no esperará ni requerirá más ayuda del Gobierno. Aunque tenga que cargarse en sus hombros el malhumor social. También intentará evitar las provocaciones y la pelea franca en el campo político. El peronismo alejado de los K deberá aguardar hasta fin de año para saber si el gobernador encabezará alguna alternativa electoral en el 2013.
¿Esperará también el kirchnerismo? Cristina no sabe de treguas ni de perdones.
No cederá su hostigamiento a Scioli hasta que deje de visualizarlo como una amenaza para su sucesión. En eso andan Mariotto, La Cámpora y la Legislatura provincial. El intendente de Lanús, Darío Díaz Pérez, reveló que hace dos semanas la Presidenta confesó en Olivos que desea que Scioli “se vaya de la Provincia, que la gobierne otro” . La habrían escuchado un puñado de intendentes leales.
Esa revelación fue relativizada por el propio intendente y por Aníbal Fernández. No hacía falta: cierto o no aquel episodio, Díaz Pérez describió el pensamiento vivo que Cristina tuvo y tiene sobre el gobernador, también cuando fue vicepresidente de Néstor Kirchner. Las distancias van desde el modo de entender la política hasta los gustos musicales. Cristina se horroriza con los Pimpinela, que suelen actuar en los shows auspiciados por la Gobernación.
El plan consistiría en acorralar a Scioli hasta forzarlo a renunciar.
El cristinismo preferiría llegar al 2013 con Mariotto a cargo de la Gobernación para facilitar el armado electoral. La ofensiva transformaría a Buenos Aires en un infierno . El fuego podría terminar chamuscando a todos, incluso a Cristina.
Esa previsión no figura ahora en la cabeza presidencial. Por ese motivo se hará implacable el cerrojo financiero sobre Scioli. La economía no es el único costado vulnerable. La inseguridad podría causar una explosión en cualquier momento. El gobernador tembló con la pueblada pacífica en Cañuelas, donde fueron asesinados dos hermanos. En esa pueblada hubo gente que no era del lugar.
Algunos vinieron de lejos, de Quilmes. Muchos ojos enfocaron a Aníbal Fernández. Por primera vez el senador se ocupó de subrayar que “la inseguridad no es una sensación” .
Cristina se quejó con recurrencia desde el 2008 de la ingratitud de Julio Cobos con ella.
Habló de traición. Hace pocas semanas alertó sobre los “golpes suaves” a raíz del insólito desplazamiento de Fernando Lugo en Paraguay. El relato K advierte siempre sobre las supuestas amenazas destituyentes .
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¿Cómo podría encuadrarse, en ese contexto, el embate contra Scioli? Como un intrépido juego de conveniencias antes que de principios.
O como una hipocresía."
Eduardo Anguita, desde el semanario Miradas al Sur, del grupo periodístico paraestatal que gestionan Sergio Szpolski y Matías Garfunkel, incorpora una interesante información: la versión de la Quinta de Olivos acerca del llamado telefónico mencionado por Daniel Scioli en su rueda de prensa. Luego, menciona un diálogo con Juan Gabriel Mariotto que confirma todas las conspiraciones destituyentes que se le atribuyen al vicegobernador:
"(...) Scioli decidió desdoblar el pago del aguinaldo sin conversarlo con su vicegobernador Gabriel Mariotto o con otros referentes de la Casa Rosada con quienes evaluar si debía o no transferir una pelea política al conjunto de los empleados provinciales. El gobernador quiso justificar la decisión en que los fondos nacionales –coparticipados y especiales– eran insuficientes.
La conversación telefónica –según una fuente bonaerense cercana a la Presidenta– fue un llamado de Scioli que Cristina aceptó contestar en el cual el gobernador estaba preocupado por las repercusiones mediáticas de supuestas infidencias del intendente de Lanús, Darío Díaz Pérez, respecto de que habría intenciones de sectores kirchneristas de dañar su gestión. Un hecho completamente menor, que algunos medios quisieron convertir en escándalo. Sin embargo, Scioli no le habría hecho a la Presidenta propuestas de fondo para revertir la falta de sintonía con la Casa Rosada. El miércoles pasado, día del primer paro en la provincia, este cronista entrevistó a un referente clave del gobierno de Scioli quien pidió mantener su identidad en reserva y le confió: “Los puentes están rotos”. Según el funcionario bonaerense, “ni siquiera sabemos a ciencia cierta qué quieren”, en referencia al Gobierno Nacional.
El viernes por la tarde, el cronista pudo dialogar extensamente con el vicegobernador Gabriel Mariotto, quien confirmó su impresión de que el diálogo no prosperaba, pero no lo atribuyó a disputas personales o por las supuestas candidaturas para 2015, sino a la mala administración de recursos en la provincia y “especialmente a la falta de consideración de Scioli hacia Cristina Fernández de Kirchner en la toma de decisiones”. Cabe recordar que, además de que Scioli está en el Frente Para la Victoria y en el justicialismo, gobierna una provincia que recibe un flujo impresionante de recursos para cubrir sus gastos. Para graficar la importancia de los aportes nacionales al distrito bonaerense, Mariotto agregó: “El gobernador debería ser sensato y decirle: Presidenta, usted es mi mayor fuente de ingresos, ¿cómo le parece que distribuyamos recursos y orientemos la inversión y el gasto públicos?”. Según el vicegobernador y titular del Senado bonaerense: “Esa es la manera en que se reconstruyen los puentes. Acá hay una cuestión de gestión”.
Este cronista le contó a Mariotto que el funcionario del sciolismo arriesgaba lo siguiente: “Si nos dijeran: queremos que cambien a fulano, que se vaya perengano o que dejemos de hacer tal cosa… no te digo que lo haríamos automáticamente, pero por lo menos tendríamos una manera de ver por dónde recomponer… pero no nos dicen nada”. Mariotto insistió: “No es una cuestión de nombres, sino de políticas y, sobre todo, de alineación con las políticas inclusivas y no de ajuste temerario como decidió Scioli. ¿En qué se fundamenta el desdoblamiento del aguinaldo si no en un concepto de ajuste?”. En ese sentido, el vicegobernador enfatizó que él y otros referentes del kirchnerismo bonaerense van a hacer todo lo posible para que esta semana se revierta la decisión de Scioli y los empleados provinciales cobren el medio aguinaldo en un pago y lo antes posible.
En la línea de las diferencias de fondo, Mariotto recibió del gobernador el borrador de la llamada ley de emergencia propuesta por Scioli. “Pretende la venta de activos públicos o su puesta en garantía ‘a valor de mercado’. Eso está inspirado en la ideología neoliberal, se parece a la nefasta Ley de Reforma del Estado de (Domingo) Cavallo”, dijo sin vueltas. Entre algunos legisladores bonaerenses del kirchnerismo había una preocupación extra: el gobernador querría vender a desarrolladores inmobiliarios, por ejemplo, islas del Tigre para la construcción de los llamados countries. (...)".
Joaquín Morales Solá, en el diario La Nación, que en la disyuntiva siempre estará más cerca de Scioli que de Cristina, acierta en que, más allá de la desestabilización política que promueve Ella, está el ajuste y la crisis fiscal del Tesoro Nacional:
"(...) Podrán decirse muchas cosas de las palabras desestabilizantes de la Presidenta, pero no podrá negársele que tiene razón cuando ve una contradicción ideológica entre ella y Scioli.
Scioli viene del mundo empresario y de frecuentar al famoseo local desde que era deportista. La Presidenta ha hecho de las ideas y de la política un drama perpetuo, una ópera continua, aunque también le gustan los famosos. Lo suyo no son los Pimpinela, sino Bono, Roger Waters o Sean Penn. Estos no son híbridos; tienen el glamour de la progresía que ella cultiva. La principal contradicción entre ellos consiste en que Cristina es una señora del Barrio Norte porteño con un discurso de imprecisas revoluciones, mientras Scioli es un hombre con fortuna personal que sólo aspira a ser previsible.
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Nadie sabe si el rencor personal fue anterior a esas discordias políticas e ideológicas o si el rencor fue producto de ellas. Pero el rencor también existe. Scioli no es nadie para quien aspira a fundar una historia todos los días. Cristina está rodeada de personas que no son nadie, pero Scioli le deparó una sorpresa: ese nadie es más popular que ella, quiere ser Presidente cuando ella ya no pueda serlo y el peronismo está siendo seducido por él. El kirchnerismo puede soportar cualquier idea menos la del fin del poder.
Al peronismo le importan pocas cosas, pero decisivas: las encuestas, la continuidad en el poder, el control de las organizaciones sectoriales y la capacidad para influir en un gobierno. Scioli le garantiza, por ahora, todo eso. Sucede lo mismo con Hugo Moyano. El kirchnerismo los está convirtiendo en mártires y corre el riesgo de transformarlos a Scioli y a Moyano en ídolos peronistas.
Hay quienes aseguran que la Presidenta tramó la destitución de Scioli antes de que Scioli fuera reelecto. ¿Qué sentido tuvo si no, ante las evidencias de ahora, la imposición de Gabriel Mariotto como vicegobernador? ¿Cómo se explica, si no, que Mariotto se haya dedicado desde el primer día a erosionar el equilibrio de su gobernador? El sesgo autorreferencial de la Presidenta es antológico. Un vicepresidente fue un traidor por haber votado una sola vez en contra del gobierno en el Senado, pero Mariotto no lo es cuando debilita a Scioli un día sí y otro también.
A pesar de todo, hay otra cuestión que se metió calamitosamente entre la Presidenta y Scioli: la economía. Cristina ha declarado una guerra donde existía una necesidad compartida. La situación económica de Scioli es desastrosa, pero la Presidenta no está mucho mejor. La única diferencia es que la Nación cuenta con el Banco Central y puede emitir. Los gobernadores tienen que mendigar , describió el economista Carlos Melconian. No es una diferencia menor, es cierto, aunque también la ventaja de Cristina tiene su desventaja: la alegre emisión de dinero espolea la inflación, que es el gran problema irresuelto de la Argentina. (...)".








