Cristina vs. gobernadores: ¿Coparticipar la 'maquinita'?
En la crisis, la Nación tiene más herramientas que las provincias porque tiene 'la maquinita' de imprimir moneda y las provincias carecen de 'la maquinita'. Por lo tanto, una disputa política que se avecina es si habrá o no 'coparticipación de la maquinita'. Es muy interesante cómo desarrolla ese escenario la consultora de Carlos Melconián y Rodolfo Santángelo:
03 de julio de 2012 - 08:21
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Overview). Dos conflictos políticos gordos en que está metido el gobierno son
> con algunos gobernadores de provincias grandes, y
> con la CGT de Hugo Moyano.
Este simultáneo tironeo tiene origen político y también origen financiero por la obtención de recursos fiscales.
La paradoja es que los recursos que le demandan provincias y CGT al Tesoro Nacional no salen de la caja “genuina” sino del Banco Central vía emisión de moneda. El Tesoro tiene déficit fiscal primario creciente, tiene que pagar sus deudas en pesos y dólares y no cuenta con financiamiento, ni en pesos ni en dólares. El faltante lo cubre en forma excluyente el Banco Central.
La última reforma de la Carta Orgánica del BCRA blanqueó y legalizó esta forma de financiamiento fiscal. Desempolvado este mecanismo, pierden relevancia las restricciones presupuestarias aunque no los costos de esta decisión. Con el BCRA cubriendo al Tesoro, cae el incentivo político para “cuidar la plata” y “gestionar con eficiencia”.
Las fuentes tradicionales de financiamiento no están hoy disponibles porque a la Argentina le sale caro endeudarse en los mercados, canal que usaron las provincias en 2010 y 2011. El poder financiero del Tesoro Nacional no reside en su mejor posición fiscal y financiera sino en que dispone de la “maquinita” de emitir moneda y del uso de las reservas que las provincias no tienen.
En 2012, el Tesoro va camino a registrar un déficit fiscal primario del orden de $ 30.000 millones, o quizás un poco más (el doble que en 2011).
El gasto público sube inexorablemente en torno al 30% anual mientras que los ingresos crecen cerca del 20%.
Además, hay vencimientos de deuda pública en pesos por $ 20.000 millones. Y está la incógnita de cuánta asistencia financiera requerirán las provincias y cuánto les mandará la Nación: más allá de las idas y vueltas políticas, este número no bajará de $ 10.000 millones / $ 15.000 millones. El faltante principal lo tiene la provincia de Buenos Aires, en buena medida producto del desbalance estructural en su contra en el reparto de la coparticipación secundaria de impuestos.
La única manera de cubrir los faltantes provinciales terminará siendo “coparticipar la maquinita”. El faltante anual global de pesos de la Nación no bajará de $ 65.000 millones y los fondos saldrán del BCRA. Si se adiciona el uso de reservas del año para fines fiscales (alrededor de US$ 9.000 millones), las necesidades totales (expresadas en pesos) superan $ 100.000 millones. La última reforma de la Carta Orgánica quedará demasiado ajustada para 2013 y en algún momento de año que viene habrá que “re – reformarla”.
En el actual contexto de tensión y deterioro político y social, los 2 mandamientos de la política económica oficial son:
> no devaluar la moneda
> ni enfriar la economía.
El cumplimiento del 1ro. (no devaluar) está ligado a la efectividad del control de cambios y de importaciones y, eventualmente, a algún proceso de deslizamiento un poco más rápido del tipo de cambio oficial para que la competitividad no siga erosionándose pero “sin que nadie se asuste” y quiera comprar más dólares.
Para el 2do. (no enfriar), el gobierno cuenta con pocos instrumentos prácticos para hacer política anti - cíclica, casi ninguno.
El instrumento central de la política oficial para no devaluar la moneda es prohibir y encarecer el atesoramiento en dólares: prohibirlo a través de la AFIP y encarecerlo haciendo que quien quiere atesorar dólares tenga que pagar $ 6 en el mercado no oficial (o $ 6,60 vía bonos).
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En el 2do. semestre, la política oficial se debatirá entre convalidar la actual brecha cambiaria con el atesoramiento autorizado por la AFIP tendiendo a “cero” (lo más probable) o flexibilizar algo las autorizaciones para descomprimir la cotización del paralelo (pero no de la caja).
La otra política para no devaluar la moneda es el control de la importación. Es también una forma costosa de “ahorrar divisas” porque impacta negativamente en el nivel de actividad. No es una política que pueda sostenerse con tanta enjundia en el tiempo.
En mayo último, las importaciones totales volvieron a US$ 6.039 millones. Resultó un nivel más alto que el bajísimo promedio del 1er. cuatrimestre enero – abril de US$ 5.044 millones. Parte del “saltito” fue producto del aumento de importaciones de combustibles; sí hay una parte de mayores compras externas de insumos que puede ser el indicio de una mayor flexibilización.
El eslabón perdido de la política oficial de no devaluar controlando la demanda de divisas es la competitividad de la exportación industrial y las economías regionales. OVERVIEW (N. de la R.: así se llama el informe de MS Consultores) viene señalando que es la franja para la que la estrategia oficial no tiene solución alguna.
Al tipo de cambio real del dólar oficial a $ 4,55 estos números para exportar “no cierran”. El combo menor competitividad cambiaria con estancamiento de la demanda interna, demanda salarial y las trabas impuestas por Brasil a la exportación argentina es claramente negativo para este sector exportador que no se beneficia de los buenos precios internacionales.
A diferencia de muchos controles en el mercado cambiario para no devaluar, la política actual no cuenta con muchos instrumentos equivalentes para evitar que en el corto plazo se pare el nivel de actividad. En los últimos años, el instrumento excluyente fue “tirar plata a la calle” a través del expansionismo monetario y fiscal. Actualmente, con déficit fiscal creciente, tasas de expansión monetaria del orden del 30% anual y subas de precios superiores al 20% anual, el expansionismo macro tiene recorrido corto.
Es un panorama diferente al de 2008 – 2009 cuando sirvió al menos para que la recesión no se profundice más en un marco de sequía monetaria y desinflación. En las actuales condiciones macroeconómicas “tirar plata a la calle” tendrá una efectividad acotada: porque no resulta eficaz para revitalizar la inversión (que está cayendo fuerte) ni la exportación (que está con los volúmenes estancados). Parte de lo que emita el BCRA se filtrará a la compra de dólares no oficiales aunque también puede reactivarse el crédito para consumo.
A pesar del deseo oficial de que la economía no se enfríe, el nivel de actividad lleva tres trimestres de estancamiento (entre el 3ro. de 2011 y el 1ro. de 2012) y uno de caída (el segundo de 2012).
Como viene la mano, el mejor escenario es que en el 3er. trimestre la actividad muestre un piso y deje de caer. Sería fundamental monitorear si hacia fin de año o principios de 2013 empezaran a verse indicios de una recuperación.
El freno que refleja en los últimos trimestres el nivel de actividad tiene una causa circunstancial (la caída de la cosecha) y una causa exógena (la desaceleración de la economía de Brasil). Pero los impactos negativos de ambos eventos no son de la envergadura de 2009: por eso, el efecto negativo sobre el PBI es menor y por ahora la caída de actividad es leve alto.
Es una dinámica por ahora distinta a cómo se dieron las contracciones más recientes en Argentina. Tanto en la de 1995 como en la más reciente de 2009, el proceso se inició con 2 trimestres de fuerte caída del PBI. Y en 1999 fueron 3 trimestres de caída moderada de la actividad. La situación actual es un freno / leve caída a partir de un nivel.
Las dudas no están tan focalizadas en la profundidad del parate como en su duración. Porque cuando se corre el velo de los factores circunstanciales y exógenos que influyeron este año (la cosecha y Brasil), hay causas inherentes a la propia política económica local que traban la actividad y que no está claro que se vayan a revertir con el paso del tiempo: el control de cambios, el control de la importación, el atraso cambiario, la erosión del poder adquisitivo por la inflación, el menor crecimiento del crédito, la caída de la inversión, el corte de la construcción, el estancamiento de las exportaciones industriales.
Pensando en 2013, será decisivo cuánto se recupere la cosecha que viene contra el nivel afectado por la sequía de este año y cuán efectiva resulte la baja de la tasa de interés en Brasil para reimpulsar su nivel de actividad y por ende sus importaciones.
Sin embargo, crece la chance de que la propia política oficial se transforme en un tapón estructural para el crecimiento económico y juegue, paradójicamente, en contra del mandamiento de no enfriar. Hay causas endógenas del “modelo” que el gobierno está profundizando, no corrigiendo o corrigiendo con medidas equivocadas y hasta contraproducentes.
No se produjo hasta ahora un desplome de golpe de la actividad como en 1995 y 2009 pero van 4 trimestres consecutivos de estancamiento / leve caída y pinta que pueden venir 1 o 2 trimestres más parecidos (y el estancamiento llegue a 6 trimestres), por más que el gobierno “tire plata a la calle” y/o salga a construir viviendas. Con 6 trimestres seguidos de estancamiento, aumentaría la chance de que en 2013 se realimenten el deterioro económico con el político – social y se gesten círculos viciosos que después son difíciles de quebrar.






