Verbitsky en el microclima pero Berni llega tarde
De pronto, el universo ladriprogresista tiene un nuevo héroe, un tal Sergio Berni, a quien Néstor Kirchner le negó protagonismo pero ahora han descubierto, probablemente a causa de la crisis de recursos humanos que padece el gobierno de Cristina Fernández. Pero Berni llega tarde: la economía viene con una crisis que erosionará los anhelos de convertirlo en símbolo de la contención social.
11 de marzo de 2012 - 09:52
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). El funcionario Sergio Berni, a quien el ladriprogresismo pretende darle porte de negociador de crisis, se encuentra incursionando en la metrópolis porteña como supuesto entrenamiento a la tarea de desplazar a Ricardo Casal en provincia de Buenos Aires.
Berni viene de un fracaso electoral en Zárate, territorio bonaerense, e intenta reciclarse, entonces, en funciones ejecutivas ya que las urnas le son esquivas.
El presidente del Centro de Estudios Legales y Sociales y columnista del diario paraestatal Página/12, Horacio Verbitsky, ícono del ladriprogresismo, decidió presentar a Berni, secretario de Seguridad de la Nación, con el nuevo superhéroe, quien en vida de Néstor Kirchner nunca estuvo ni en la primera ni en la segunda línea:
"(...) Médico, incorporado al cuerpo profesional del Ejército, donde es teniente coronel, no abandona la ilusión de llegar a general, sabiendo que este país generoso dos grados no se los niega a nadie. Lo primero que hizo luego de asumir fue dirigirse a la Villa 31, donde acordó la postergación hasta el lunes de la protesta en la autopista Illia por parte de quienes reclaman un par de micros escolares que el denominado gobierno de la Ciudad Autónoma prometió y no entregó. Bonaerense pero radicado en Santa Cruz, donde participó con los Kirchner en la fundación de la Corriente Peronista, germen del Grupo Calafate que proyectó a los pingüinos a la escena nacional, Berni jugó un rol decisivo en los primeros meses del presidente imprevisto.
Kirchner temía que la ocupación de las calles como consecuencia del colapso económico-social de fin de siglo fuera el pretexto de los poderes fácticos para derribar su frágil gobierno antes de que cumpliera un año, en cumplimiento del anhelo profetizado por La Nación en un editorial celebérrimo de Claudio Escribano. Berni necesita sentir el barro en los zapatos para sentirse pleno y se cansó de patear la ciudad y el conurbano, dialogando en cada piquete y buscando soluciones. Continuó esa tarea junto a Alicia Kirchner desde la secretaría de Abordaje Territorial del Ministerio de Desarrollo Social y volvió a cumplir una misión crucial poco después de la muerte de Kirchner, cuando la ocupación del Parque Indoamericano y del Club Albariños, y la brutal respuesta de ambas policías, federal y metropolitana, ejemplificaron los riesgos que enfrentaba la presidente en su flamante viudez.
La creación del Ministerio de Seguridad a cargo de Nilda Garré y la actuación de Berni en ambas ocupaciones serenaron un escenario muy tenso y sellaron un entendimiento que fue creciendo mientras declinaban otras estrellas. En esos días y luego durante el desalojo de las Bodegas Giol, en abril de 2011, Garré y Berni desarrollaron una relación cordial, al punto que la ministra pidió a la presidente CFK que lo designara para acompañarla en el Ministerio. Pero Berni tenía otra idea. Deseaba lanzarse a la política, con la aspiración de gobernar la intendencia de Zárate, uno de los escenarios habituales de cortes en la Panamericana. No tuvo éxito, y Cristina lo incluyó en la lista de senadores bonaerenses del Frente Para la Victoria.
Como vicepresidente del Senado, actuó desde diciembre en coordinación con el vicegobernador Gabriel Mariotto y el vicepresidente de la Cámara de Diputados, José Ottavis. Berni y Mariotto eligieron la Seguridad como campo de disputa con el gobierno provincial de Daniel Scioli y su superministro, el alcaide mayor penitenciario Ricardo Casal. Con ayuda de Garré, quien les brindó la inteligencia necesaria para detener a dos traficantes protegidos por la policía bonaerense, consiguieron hacer pie en los barrios más pobres de Florencio Varela, sobre los que se extiende la sombra de Luis Genoud. Si Casal fue el primer penitenciario en alcanzar rango ministerial, Genoud lo precedió como el primer policía en ocupar un asiento en la Suprema Corte de Justicia. Ese fue el premio consuelo que el ex gobernador Felipe Solá le ofreció a Don Luis cuando el asesinato de Maximiliano Kosteki y Darío Santillán lo obligó a desembarcarlo del ministerio de Seguridad. (...)".
Es interesante lo de Verbitsky: la gestión de Cristina Fernández padece problemas importantes pero él sigue obsesionado en cómo ubica un casillero adicional al de Nilda Garré, y un objetivo es desplazar a Ricardo Casal para ubicar a su nuevo candidato, Berni, aceptando que los otros empeños han fracasado. Así se controlaría la seguridad del mayor distrito bonaerense, se erosionaría a Daniel Scioli, el maldito probable heredero del PJ ahora que la reforma constitucional tiene problemas y por eso Cristina es 'pato rengo', y se podría construir un proyecto en el distrito electoral Nº1.
Objetivo simultáneo es resolver la cuestión de la represión de la protesta social/ley antiterrorista/Proyecto X. Verbitsky advierte que han ocurrido acontecimientos que el CELS y otros organismos no gubernamentales ignoraban, y que ellos apoyan una Administración que pareciera tener un doble discurso acerca de esa situación. Mejor expresado: que el Partido Obrero y el Partido de Trabajadores Socialistas tenían razón en sus denuncias sobre las instrucciones a Gendarmería Nacional.
¿A quien culpar por ello?
¿Al entonces juez federal Conrado Bergesio, quien ordenó identificar a los manifestantes que llevaban el rostro cubierto y blandían palos?
¿A la jueza federal Sandra Arroyo Salgado, y sus secretarios Pablo Vázquez y Pablo Flores, quienes habría impartido la orden al comandante principal Julio César Panozzo Zénere,
para identificar a los manifestantes en cortes de ruta, y fotografiarlos/filmarlos?
¿Al ministro Julio Alak cuando tenía en su jurisdicción a la Secretaría de Seguridad?
¿A los ex los jefes de Gendarmería y Policía Federal, Héctor Schenone y Néstor Vallecas?
Hay que encontrar una respuesta que liberte al ladriprogresismo y, a la vez, iniciar una reacción dentro del gabinete de Cristina.
Para ello, Berni.
El problema de Berni es que llega en momentos en que cambia el humor social porque la economía de Cristina se complica, y en ese nuevo escenario, aquello que antes parecía tolerable, ahora ya no lo es. Hay una falta de coordinación en los tiempos. La realidad impone su propia cadencia. El cronómetro de Verbitsky/Berni atrasa.
Sin desconocer, además, que si se realizara una consulta popular a los porteños sobre la Villa 31 y su erradicación, Verbitsky, Garré y amigos se llevarían una sorpresa...
Para la mayoría de los porteños, no son vecinos o porque su presencia es ilegal ya que había un claro mandato de no ampliar los metros cuadrados de construcción en el predio, o porque su integración es ineficaz a causa de que se realiza en base al clientelismo y a la prebenda a niveles intolerables para muchos de la clase media que inclusive votaron por Cristina Fernández.
Regresando a provincia de Buenos Aires, hay problemas más importantes que los que avizora Verbitsky. Llegan tiempos complejos.
Hay inconvenientes serios con las finanzas públicas y su impacto sobre la economía real, cuestión que a Verbistky le provoca tirria porque no solamente no comprende sino que le impone un límite real a tanto voluntarismo irracional.
"(...) En el gobierno de Daniel Scioli sostienen que el techo que la Administración nacional le fijó al aumento para los docentes -algo menos del 20%- no puede ser superado por la Provincia por razones económicas y políticas. Toman nota de que con esa señal sobre las medidas salariales que la Casa Rosada espera para este año -incluso de los sectores privados-, se involucró personalmente Cristina Kirchner, con sus polémicos comentarios sobre las condiciones laborales de los maestros. Y concluyen: ese tope debe ser respetado por la Provincia tanto por el alineamiento político de la Gobernación como por “los números”.
Los números dicen que, con un “rojo real” -el volumen de fondos que deberá tomar prestados este año para cumplir con el Presupuesto previsto y otorgar un aumento salarial que no llegue al 20%- del orden de los 14 mil millones de pesos, la Administración provincial no podría afrontar “por sí” un gasto aún superior en Personal, sino a costa de un bache financiero directamente inmanejable. Pero si no cumpliera con la pauta nacional, la situación sería todavía mucho peor: para cubrir parte de ese rojo, en la Provincia esperan recibir un préstamo de la Nación similar al que obtuvo en el 2011, del orden de los 4 mil millones; auxilio que no llegaría si la Provincia definiese una política salarial al margen de la pauta nacional.
Las previsiones sobre cómo se obtendrían los otros 10 mil millones para cerrar el año -según números que manejan en la Legislatura quienes se interesan por las cuentas de la Provincia- reflejan las dificultades de la Administración aún para endeudarse: las Letras del Tesoro (préstamos de corto plazo) aportarían 3 mil millones; el bono con que se postergan a fin de año pagos a proveedores del Estado implicaría unos 2 mil millones; y habría que emitir un bono en el mercado internacional por mil millones de dólares (unos 4.500 millones de pesos) por el que, crisis europea mediante, habría que pagar hoy un interés “imposible” para operaciones en dólares, alrededor del 15% anual.
Con estos números a la vista, la pulseada salarial aparece como apenas un emergente de una situación sumamente compleja de la que hablaron, por caso, los intendentes del sur del Conurbano, esta semana, con el propio Scioli. Agobiados por déficits crónicos de sus administraciones, agravados ahora por 900 millones de pesos que, “de repente”, ya no recibirán de la coparticipación nacional, y con las manos vacías al cabo de esa reunión -se les anotició que la Provincia no podrá cubrir ese agujero-, los jefes comunales se proponen llevar “el problema” al jefe de Gabinete de la Nación. (...)".







