Amado provoca el sindrome del 'pato rengo'
Nada sorprendente: muchos problemas en febrero para Cristina Fernández de Kirchner, y con perspectivas complejas. Lo de Amado Boudou ya es un escándalo complicado porque el Ejecutivo Nacional no tiene respuestas y eso que todavía nadie se preguntó si London Supply era la protección de Néstor.
20 de febrero de 2012 - 20:51
por CLAUDIO M. CHIARUTTINI
CIUDAD DE BUENOS AIRES (Sin Saco y Sin Corbata - Radio El Mundo). 2 fines de semana largo y sólo 3 días de actividad en el medio, permitirán a la Casa Rosada tratar de sortear la combinación de denuncias, escándalos, errores de gestión y fallas en la estrategia que viene soportando desde hace tres semanas Cristina Fernández y su gabinete.
Hasta ahora, el silencio cómplice y culposo, la queja sobreactuada o inventar conspiraciones que no existen han servido, apenas, para ganar tiempo, con la esperanza de que sean olvidadas las denuncias contra Amado Boudou por el caso Ciccone Calcográfica, el fracaso en la malvinización patriotera de la gestión, el escándalo del “Proyecto X”, las represiones a ecologistas y ex conscriptos, la críticas por el sordo ajuste ortodoxo que realiza la Casa Rosada y los papelones del secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, desordenando la economía.
Pasados los 60 días de gracia que permite la reasunción en el cargo de Presidente de la Nación y superado el percance médico que sufrió Cristina Fernández, la crudeza del segundo mandato se hace sentir. En especial, cuando la Casa Rosada resolvió cambiar las reglas de juego y modificar las alianzas políticas, sociales y empresariales que le permitieron a la mandataria ganar con 54% de los voto en octubre pasado.
Hace ocho meses, el escándalo del cambio de socios en Ciccone Calcográfica no tuvo impacto en la figura del entonces ministro de Economía, Amado Boudou.
Sin embargo, ahora, el vicepresidente de la Nación no se anima a enfrentar a los medios, ni siquiera a los periodistas militantes, por el tema y sólo responde con una paupérrima remera que dice “Clarín miente”, como si eso fuera suficiente para despejar las acusaciones que ya investigan la Justicia Penal y la Administrativa.
Para el joven funcionario, tocar con “La Marca de Rolando” fue una bendición que permitió que hoy sea vicepresidente de la Nación. Sin embargo, todo baño de santidad desaparece y hoy no alcanza para separar la figura del ex ministro de Economía de un escándalo que pasó del portal de Jorge Asís y Urgente24, a la tapa de los diarios internacionales.
Hace 8 meses “The Old Fund” era un misterio, nadie daba crédito de los rumores que corrían en el mundo de negocios. Hoy, los papeles alcanzan a testaferros, socios y negocios, con detalles que son casi imposibles de negar y, por lo general, apoyados en papeles oficiales que, hasta ahora, no se conocían. Ese es el cambio entre una etapa donde “no entran las balas” a otra en donde uno se convierte en un blanco fácil.
Por ahora, la Casa Rosada no soltará la mano del vicepresidente de la Nación, pero si la avanzada del escándalo judicial (algo que el gobierno está intentando congelar con sus operadores en el Poder Judicial), la suerte de Amado Boudou puede ser la misma que la del ex intocable secretario de Transporte, Ricardo Jaime, que se animó a decir a los medios que Néstor Kirchner le podía pedir cualquier cosa, menos su renuncia.
En la campaña electoral, Amado Boudou permitió ocupar un espacio que Cristina Fernández no podía ni quería ocupar. Sumaba. Hoy, suele dar la cara por el gobierno y molesta, un poco, a Daniel Scioli, pero nada más. Suma menos. En el futuro, si comienza a ser una carga en vez de una ayuda, Cristina Fernández no tendrá duda en dejarlo ir, por algo eligió a Beatriz Rojkés de Alperovich como tercera en la línea de sucesión, en desmedro de las aspiraciones del ahora senador raso Aníbal Fernández.
Si Amado Boudou cree que la coraza protectora de la Casa Rosada será eterna, si considera que su salida del gobierno tendrá un impacto similar en Cristina Fernández como la renuncia de Carlos Alberto Álvarez a Fernando De la Rúa, se equivoca.
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El joven funcionario es una circunstancia en el cristinismo talibán y en el proyecto político que intentan establecer. Un alfil, con aspiraciones de rey, que puede ser sacrificado como un peón.
A 40 días del 2 de Abril, la Casa Rosada intenta saber cómo salvará el proceso de malvinización política que lanzó hace menos de un mes.
Después del anuncio trunco que alentó el gobierno invitando a la oposición, la represión de los ex conscriptos que protestaban en la 9 de Julio, la confirmación de que la Argentina no hizo una presentación formal en las Naciones Unidas contra Gran Bretaña, como vendió la Cancillería; el supuesto ofrecimiento de mediación que nunca existió del organismo internacional, las misiones comerciales de uruguayos y chilenos a las Islas y el paso al costado que hizo el gobierno de Barack Obama, sólo le quedan puestas en escena a Cristina Fernández para mantener caliente el tema.
Cuando pasen los dos fines de semana largos, la comisión revisora del “Informe Rattembach” deberá dar sus recomendaciones para desclasificar el documento. Para entonces, la Casa Rosada deberá repotenciar el tema y volver a lanzarlo al ruego. ¿Volverá a citar a la oposición para que actúe de aplaudidores nuevamente? ¿Se prestarán para un papelón doble?
Las sobreactuaciones al gobierno de Cristina Fernández le traen más costos que beneficios. Ocurrió con el tema Malvinas, sucedió con el castigo a las petroleras (hoy, todos los planes de inversión están paralizados) y también aconteció con las normas aprobadas para satisfacer al GAFI, en especial, la Ley Antiterrorista que ha criminalizado la protesta social, justo a un gobierno que hizo uso y abuso de los derechos humanos.
La represión a los ecologistas en Andalgalá y a los ex conscriptos que protestaban fueron sólo síntomas de un cambio de estrategia que el gobierno no quiere reconocer. Sin embargo, al revelarse el “Programa X”, todas las sospechas que tenían las organizaciones sociales y de derechos humanos que no son aliadas de la Casa Rosada fueron confirmadas.
Es el segundo escándalo sobre servicios de inteligencia que investigan a agrupaciones sociales y de derechos humanos. Antes fue con la Armada Argentina, en Chubut; ahora, con la Gendarmería. En ambos casos, dos fuerzas cercanas al gobierno y a la funcionaria que estaba a cargo de las respectivas agrupaciones en esos momentos: Nilda Garré.
Si bien todos los que realizan alguna actividad que roza la política, desde periodistas de tercera división (como yo) a gobernadores o ministros, todos son vigilados por uno u otro servicio de inteligencia. Incluso, pueden ser más de uno. Ocurrió hace 50 años y ocurre ahora, la diferencia es que, ahora, el gobierno hace uso y abuso del discurso anti-inteligencia, anti-militarista, anti-fuerzas de seguridad y se autodefine como “garantista”.
El gobierno dijo en mil oportunidades que comienza una nueva etapa política en la Argentina. Sin embargo, usan los mismos instrumentos de intimidación que los viejos partidos y los militares en el pasado. El temor a las conspiraciones que pueden atacar el poder ganado no sólo convierta al gobierno en paranoico, sino también, hace surgir el fascismo que tienen en su ADN de políticos pseudo-progresistas.
Todos los temas mencionados han servido para que los medios no hablen del escandaloso ajuste en las tarifas de los servicios públicos. La “sintonía fina” ya se hace sentir en el bolsillo de las familias y los aumentos superan los porcentajes que, alegremente, dijeron Amado Boudou y Julio de Vido cuando hicieron los correspondientes anuncios a comienzos de año.
Las denuncias de corrupción, criminalizar la protesta social, investigar a los opositores y organizaciones sociales, usar el patrioterismo de la peor forma y hacer un ajuste ultra ortodoxo corren al gobierno por izquierda, lo paralizan, lo vacían de contenido, desnuda sus contradicciones.
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En el fondo, las mentiras sobre las que se monta el cristinismo talibán para seducir jóvenes y armar su “relato” de la realidad comienzan a desmoronarse. Se deshilacha su mayor coraza contra las críticas y disuelven el aglutinante que une a los colectivos sociales kirchneristas.
El “Modelo K” ya no puede ocultar sus fisuras. Las medidas tomadas desde el comienzo del segundo mandato de Cristina Fernández comienzan a impactar sobre la economía real, mientras el secretario de Comercio Interior crece en poder, pese a los fracasos que acumula en su historial.
¿Cómo puede amenazar con estatizar las empresas de 150 industriales el hombre que fundió Papelera Massuh, hizo desaparecer 4 millones de cabezas de ganado, destrozó las estadísticas oficiales, no pudo contener la inflación, dejó que se produjeran inmensas transferencias de ganancias y recursos públicos con el ensamble de electrónicos en Tierra del Fuego y que ideó el cepo cambiario que hizo caer 20% los depósitos en dólares en dos meses? ¿Qué otras demostraciones debe realizar para confirmar su incapacidad para crear un círculo virtuoso productivo?
¿Cuántas Papeleras Massuh puede soportar el gobierno de Cristina Fernández? ¿Tendremos decenas de futuras Aerolíneas Argentinas, devoradoras insaciables de cientos de millones de dólares? El marketing político tiene un límite, la realidad, y la realidad toca la puerta de Balcarce 70 desde hace meses. ¿Cuánto tiempo más se harán los sordos?
Guillermo Moreno se ampara en que tiene “carta blanca” de la Presidente de la Nación. ¿Basta con ello? Mientras el relato oficial habla de un “modelo de desarrollo y redistribución” los datos oficiales ya no ocultan el freno de la actividad productiva y los primeros síntomas de faltantes por el cepo importador se sientren. ¿Cristina Fernández dejará que el funcionario convierta en una crisis las sombras que existen de una recesión?
Cuando se anunció el carcinoma, ahora devenido en adenoma de Cristina Fernández, las encuestas mostraron una imagen positiva de la Presidente de la Nación superior al 70%. Entonces, muchos creyeron que los próximos 4 años sería como patinar en hielo: sencillo, agradable, encantador.
En política, no se puede escapar de la realidad. Los primeros síntomas del “Síndrome del Pato Rengo” se hacen sentir. Por ahora, el gobierno, se cubre con silencio cómplice y culposo, algo de sobreactuación y teoría conspirativas. Sin embargo, no alcanza. El clima social comienza a cambiar.







