El Estado Nacional pagó por el emblemático bar y el edificio completo de Rivadavia y Callao en noviembre de 2014 más de U$S 20 millones (se abonaron $ 182 millones cuando el dólar cotizaba a $ 8.50).
NINGUN "QUIJOTE" PUDO ABRIRLO
Bar El Molino: fue expropiado hace una década y aún no logran ponerlo en funcionamiento
La iniciativa del Congreso, impulsada por el ex senador Samuel Cabanchik, fue apoyada por 217 votos afirmativos y una abstención. El bar nunca abrió su puerta.
Por entonces, ya llevaba siete años cerrado a pesar de que había sido declarado Monumento Histórico Nacional.
El inmueble está compuesto por tres cuerpos con un total de 7.700 m2 cubiertos.
Está constituido por tres subsuelos (donde funcionaban plantas de elaboración de comida, hielo, bodegas, depósitos y hasta un taller mecánico. Luego, una planta baja y, más arriba, cinco pisos superiores para viviendas y oficinas.
La cantidad de dinero erogado por el Estado Nacional, además de los 20 palos verdes iniciales apuntados, es casi imposible de determinar ya que la nómina de contratados en este período es poco menos que interminable.
En 2014, la ex presidenta de la Nación Cristina Fernández de Kirchner anunció su expropiación para que el edificio pase a manos del Congreso Nacional, organismo encargado de reabrir la tradicional confitería y de crear un museo que contenga elementos originales del bar por el que pasaron cientos de políticos y artistas argentinos.
Sin embargo, eso nunca ocurrió, a pesar de que se encuentra erigido justo enfrente del parlamento.
¿Uno de los 10 edificios más famosos de Buenos Aires?
La Confitería del Molino, una obra art nouveau del arquitecto ítalo-argentino Francesco Gianotti, fue inaugurada en 1916 para festejar el centenario de la Independencia anunciada desde Tucumán.
Sus elegantes salones de baile marcaron el esplendor de la cultura argentina. El silencio del último cuarto de siglo es uno de los tantos reflejos de la decadencia nacional.
En innumerables oportunidades se dijo que El Molino reabriría como café y restaurante. Pero, todos los esfuerzos resultaron infructuosos.
Se le agregaron estructuras anti vandálicas para que no le rompan su cristalería durante las numerosas manifestaciones que se agolpan en tan estratégica esquina.
La construcción se halla entre los más notables de su época por la calidad de los materiales empleados en su construcción, muchos de ellos importados.
Se destacan los revestimientos de mármol de las columnas y paneles del interior. También, por su gran suntuosidad y sus obras de arte traídas especialmente de Italia para engalanar sus salones.
Algunas de las más célebres exquisiteces con que la confitería deleitó a sus clientes fueron el merengue, el panettone, el marrón glacé y el postre imperial ruso (en el mundo se lo llama postre argentino). Allì, nació el “Irineo Leguisamo” pedido por Carlos Gardel en honor al “pulpo”, el mejor jockey de todos los tiempos y la Copa Melba.
Los probaron presidentes como Agustín Justo, José Félix Uriburu y Marcelo T de Alvear. También, figuras de la nobleza internacional como el príncipe Humberto de Italia y el príncipe de Gales.
¿Es más “negocio” para algunos tenerlo en obras que abierto?
En este ùltimo cuarto de siglo, decenas de Quijotes se han estrellado contra El Molino y la realidad argentina: el mejor bar de la ciudad parece imposible de recuperar.













