Uyuni, 7 de abril de 1922. En el interior de una de las tabernas de esa localidad del Departamento de Potosí, las melodías de un bandoneón empujan a las prostitutas chilenas hacia los brazos de los clientes de turno, cuenta el diario boliviano 'La Razón'.
Una noticia acallará el arrullo. A pocos kilómetros del lugar, 'Los Smithies' —o sea los pistoleros 'gringos'— acaban de asaltar el tren tirado por una locomotora a vapor que transportaba hacia Pulacayo una remesa para pagar en las minas.
Son 100.000 bolivianos. El sueldo de todos los empleados de la empresa Huanchaca, de la familia Aramayo.
La Policía y el Ejército boliviano salen de cacería. Mientras tanto, los bandoleros John Smith, Adolf Ditmeyer y Fred Hope huyen hacia la Argentina a caballos.
Esta historia es parte de las muchas vivencias verídicas que se hilvanaron desde comienzos del 1900 en el occidente boliviano, durante el denominado ‘período del auge minero’.
Ahora, y luego de un siglo del hecho, la aventura que 'Los Smithies' escribieron en Bolivia durante los años '20 sirve de trama del largometraje nacional 'Los Andes no creen en Dios'.
Dirigida por el cineasta paceño Antonio Eguino, la película de época se estrenará el martes 13 de marzo en las remozadas salas del cine 16 de Julio de La Paz.
"Es un homenaje a aquellos personajes reales que animaron a los pueblos mineros bolivianos", resume Eguino, quien con esta producción, y tras 23 años, retoma la dirección cinematográfica.
Uyuni, el farwest boliviano
Desde su fundación, la historia de Potosí y Oruro estuvo ligada a la explotación minera.
La promesa de "riqueza rápida" movió desde el siglo 16 a miles de aventureros de diversas latitudes del mundo hacia estas poblaciones altiplánicas.
Así, judíos, yugoslavos, alemanes e ingleses, entre otros, llegaron a localidades inhóspitas que de a poco fueron ganando importancia en el contexto nacional.
El año 1889, por ejemplo, el auge ocasionado por la plata provocó que el Presidente boliviano y empresario minero Aniceto Arce fundara la población de Uyuni en la ruta de la flamante vía férrea Oruro-Antofagasta.
La localidad potosina se consolidó como uno de los nexos de las minas con los puertos chilenos.
Pronto, Uyuni atrajo la atención de varias firmas extranjeras dedicadas a la provisión de materiales mineros y a decenas de aventureros de todo el mundo que buscaron riqueza a través de la extracción y comercialización de la plata y, posteriormente, del estaño.
"Alentados por los relatos del auge en Bolivia también llegaron varios forajidos estadounidenses", complementa Eguino, quien durante su investigación histórica para desarrollar su largometraje descubrió que, como sucedió en otras poblaciones mineras del país, "Uyuni se convirtió de a poco en un pueblo de aventura, una calca del farwest estadounidense".
En los primeros años del siglo 20 no era extraño hallar en las polvorientas calles de esta localidad coquetos prostíbulos —donde trabajaban extranjeras— y tabernas de juegos de azar donde corrían libras esterlinas.
Para los más audaces "se alzaba la conocida calle Peligro, donde se hallaban decenas de chicherías llenas de forajidos y aventureros por igual", narra el director de la película 'Chuquiago'.
Fue el caldo de cultivo de 'Los Smithies'.
A la caza de los forajidos
La historia de los 3 pistoleros 'gringos' que conformaron en los años '20 'Los Smithies' fue conocida a finales de la década de los '50 cuando el entonces productor cinematográfico Gonzalo Sánchez de Lozada —ex presidente de Bolivia— intentó recrear en el celuloide el paso por Bolivia de los famosos forajidos estadounidenses Butch Cassidy y The Sundance Kid.
Sánchez de Lozada contrató al guionista Óscar Soria Gamarra, para que él descubriese en los pueblos del sur boliviano las huellas de los famosos pistoleros.
La historia narra que luego de varios robos en USA, Cassidy y Kid huyeron hacia la Argentina. Sin embargo, la agencia Pinkerton, contratada por los empresarios estadounidenses para capturar a los pistoleros, dio con su paradero.
Informados de la presencia de los agentes de Pinkerton, Cassidy y Kid se internaron en Bolivia donde también asaltaron un par de remesas mineras.
En 1908, en San Vicente (Potosí), los forajidos fueron muertos por miembros del Ejército boliviano.
La investigación de Soria concluyó que Cassidy y Kid eran los mismos 'gringos' conocidos entonces por la población potosina como 'Los Smithies'.
Esta teoría movió al investigador estadounidense Daniel Buck —experto en el tema de Cassidy y Kid— a sumergirse en los archivos de la Biblioteca del Congreso de su país en busca de pistas que brindaran más luces sobre el planteamiento de Óscar Soria.
Sin embargo, Buck descubrió que 'Los Smithies', en realidad, era otra banda criminal que operó en Bolivia 14 años después de la muerte de Cassidy y Kid.
Además, el historiador reveló el nombre de los integrantes del grupo: los estadounidenses John Smith (Missouri), Adolf Ditmeyer (California) y el inglés Fred Hope.
El 18 de abril de 1922, luego de asaltar la remesa de la empresa minera Huanchaca, los 3 bandidos fueron apresados en la frontera con la Argentina. En su poder se halló la suma de 85.000 bolivianos, según la edición del 22 de abril de 1922 del periódico paceño 'El Diario'.
Luego de ser juzgados, los pistoleros pasaron 8 años en la cárcel de Uyuni. Fue durante este período que la hermana de Adolf Ditmeyer inició desde USA una nutrida correspondencia con funcionarios del Gobierno del país del norte y con el embajador de ese país en Bolivia, con el objetivo de ayudar a su familiar.
Copias de esas cartas, archivadas en la Biblioteca del Congreso de USA, fueron enviadas por Buck a Antonio Eguino, quien en los años 90 comenzaba a armar la trama de 'Los Andes no creen en Dios'.
En una de las misivas, por ejemplo, E. Wilson asegura que su hermano es inocente y se queja ante las autoridades de su país de que Ditmeyer se encuentra "confinado en una cárcel que no tiene camas ni comida para los prisioneros".
Con todo, y luego de cumplir su sentencia, John Smith y Fred Hope retornaron a USA.
Sin embargo, Adolf Ditmeyer decidió establecerse definitivamente en Bolivia, dejó el crimen y formó una familia en algún pueblo del occidente del país.
Según Eguino, en la actualidad existen en el país personas que llevan el apellido Ditmeyer, aunque el cineasta desconoce si son descendientes directos del famoso bandido.
"La historia de estos pistoleros es por sí sola fascinante", señala el cineasta, quien se propuso rescatar en su nueva propuesta fílmica el paso de los forajidos por Uyuni.
Para la recreación de los hechos, Eguino se basó en las informaciones publicadas en los periódicos de la época y delegó la interpretación del rol de los bandoleros a los actores Roif Kühni (Smith), Fernando Cervantes (Hope) y Xavier Chataigne (Ditmeyer).
Si bien 'Los Smithies' no juegan un rol protagónico en la trama del filme, su presencia invita al espectador a cabalgar con la imaginación por el altiplano potosino, el western boliviano de los años 20.
Reconstrucción de la época
Más de US$ 500.000 demandó la producción de 'Los Andes no creen en Dios' y es el más grande presupuesto de la historia del cine boliviano.
El trabajo de investigación fue emprendido por José Bozo y Martha Méndez, responsables de la dirección de arte y de la escenografía.
La diseñadora Claudia Pérez Ayala revisó publicaciones de empresas mineras donde se reflejaban las tendencias de la moda. El diseño europeo dominaba en la forma de vestir de los bolivianos, aunque las propuestas del Viejo Mundo llegaban un poco retrasadas, explica Pérez.
"La vestimenta de los años 20 se caracterizaba en las mujeres por no poseer estructuras como hombreras y corsé. Los hombres, en cambio, tenían trajes de tres piezas, de hombros angostos y bien pegados al cuerpo", explicó.
30 trajes se confeccionaron para el filme, en tanto que la vestimenta utilizada por los cerca de 500 extras tuvo que ser adaptada.
En Guaqui, un equipo de maquinistas de los años '50 se dedicó a la recomposición de 2 locomotoras de vapor que se hallaban en calidad de chatarra en esta población paceña. Las máquinas Illimani Nº 6 (1923) y Hualaycha Nº5 (1907) fueron recuperadas con piezas en desuso ubicadas en distintos puntos del país.
"Lo de las locomotoras es mi orgullito. Uno tiene que ser medio loco para meterse en este baile. Al comienzo yo aposté a conseguir auspicios, pero terminé invirtiendo de mi dinero", confiesa Antonio Eguino.
Una trama minera
"Esta cinta es un homenaje a la minería boliviana", asegura Antonio Eguino, quien nació hace 68 años en Viloco, pueblo minero paceño.
Director de 'Pueblo Chico' (1974), 'Chuquiago' (1977) y 'Amargo Mar' (1984), Eguino explica que el guión de la película se inspiró en varios relatos de la época del auge minero.
"Es la libre interpretación de algunas de las obras del escritor Adolfo Costa Du Rels". El film relata la historia de 5 personajes que se encuentran en un pueblo de los años '20.
Alfonso (Diego Bertie, actor peruano) llega a Uyuni en busca de fortuna, al igual que Joaquín (Milton Cortez).
La amistad entre ambos se resiente por Claudina (Carla Ortiz), más conocida como 'la Misk'isimi' —labios dulces—, de la que ambos se enamoran.
Junto a ellos se encuentran Genaro (Jorge Ortiz), el experto cateador de minerales, y Clota (Schlomit Baytelman, actriz chilena), dueña de uno de los burdeles del pueblo.
Nace el western boliviano
A comienzos del siglo 20, el auge minero en Bolivia le dio alas a la aventura. 3 'gringos' iniciaron su vida criminal en uno de los nuevos poblados. Su historia es parte de la película 'Los Andes no creen en Dios'.
11 de marzo de 2007 - 00:00






