¿Bisexual por naturaleza? Conozca las fantasías de ellas con 'ellas'

Algunas personas se sienten confusas e inquietas porque sabiéndose heterosexuales y reconociéndose como tales, tienen uno o varios sueños o fantasías sexuales de contenido homosexual. Pero, ¿Somos bisexuales por naturaleza?

CIUDAD DE BYENOS AIRES (Urgente24) Algunas personas se sienten confusas e inquietas porque sabiéndose heterosexuales y reconociéndose como tales, tienen uno o varios sueños o fantasías sexuales de contenido homosexual. Pero, ¿Somos bisexuales por naturaleza? Al menos, no es algo infrecuente: un 36% de las mujeres heterosexuales han tenido relaciones sexuales con otra mujer (algo más de una mujer de cada tres).
Incluso, en ocasiones, se han sorprendido sintiéndose atraídas e, incluso, sexualmente excitadas, por una persona de su mismo sexo. Eso, a veces, les hace dudar de su orientación sexual.
Suele decirse que el ser humano es bisexual por naturaleza y que sólo los convencionalismos sociales favorecen que terminen orientándose de una manera u otra. Eso no es enteramente así. En realidad, desconocemos las variables que favorecen la orientación heterosexual (la damos tan de por hecho que la consideramos algo natural y espontáneo), y, por lo mismo, no sabemos cuáles son las que hacen que tal orientación resulte homosexual.
En principio conviene saber que el impulso sexual, las tensiones sexuales, las necesidades de satisfacción sexual son inespecíficos e independientes de cualquier objeto. Es decir, se bastan a sí mismos. Existen desde antes que surja la capacidad reproductora (se han observado fetos masculinos y femeninos masturbándose en el seno materno) y se mantienen hasta bastante después de que esta desaparezca (la menopausia). Eso hace posible que a muy temprana edad aparezca la masturbación como forma autónoma de satisfacer esa tensión sexual inespecífica.
Si la sexualidad estuviera orientada necesariamente hacia otra persona, la masturbación no aparecería tan pronto, ni tendría razón de ser. Algunas investigaciones refieren que hasta un 50% de las mujeres (y un 13% de los hombres) comienzan a masturbarse antes de los 10 años de edad, cuando aún no pueden reproducirse. Tal inespecificidad permite que seamos capaces de gozar de una actividad sexual practicada por otra persona (masturbación, sexo oral...) con los ojos cerrados, sin saber si es hombre o mujer. 
También existe un momento en nuestra infancia en el que nuestros compañeros de juego comienzan a aparecer ante nuestros ojos de otra manera... Empiezan a gustarnos, comienzan a resultarnos atractivos y deseables. Con frecuencia, suelen resultarnos más atractivos los miembros del sexo opuesto (aún no sabemos por qué). En algunas personas, eso les sucede con miembros del propio sexo. Así surge la orientación emocional.
Y he aquí, que gracias a la capacidad fantaseadora que existe desde la infancia, esas imágenes emocionalmente atractivas terminan asociándose al sexo al evocarlas durante la masturbación. Con lo que la orientación emocional deviene también en orientación sexual. Eso hace que desde ese momento prefiramos mantener relaciones sexuales con las personas que nos resultan emocionalmente atractivas, sean del otro sexo o del propio.
Una orientación heterosexual así adquirida no impide tener amistades emocionalmente profundas con miembros del mismo sexo (las tan conocidas 'mejores amigas'). Con frecuencia se trata sólo de eso: amistad. Pero en ocasiones, movidas por la curiosidad, por la necesidad de compartir secretos y experiencias, por la necesidad de información directa, por disfrutar de ese hallazgo tan importante para todos que es el sexo, algunas chicas abiertamente heterosexuales comparten y disfrutan de prácticas sexuales con una amiga o una prima, sin que ello tenga trascendencia alguna sobre su orientación sexual.
No es algo infrecuente: un 36% de las mujeres heterosexuales han tenido relaciones sexuales con otra mujer; algo más de una mujer de cada tres. Un 8% de ellas tienen experiencias de este tipo antes de la pubertad, otro 14% las inician desde la pubertad hasta los veinte años, y un 11% comienzan a tenerlas a partir de los 20 años. En el 98% de los casos, tales contactos sexuales consisten básicamente en masturbaciones recíprocas (aunque también puede haber caricias en senos y besos en la boca), mientras que los contactos bucogenitales son practicados por el 18% (entre las lesbianas estas cifras varían: 98% para el sexo oral y 41% para la masturbación recíproca). Más de la mitad de esas mujeres (56%) tienen este tipo de experiencias sólo con una persona, el resto (44%) con varias.
Son prácticas que forman parte del descubrimiento de la sexualidad y del proceso de maduración psicosocial de las mujeres que nada tiene que ver con su orientación sexual de orígen, ni influyen sobre la misma en el futuro. Pero vivimos en una cultura que adora la belleza (sobre todo femenina). Todos, hombres y mujeres, aprendemos a valorar los encantos del cuerpo femenino desde la infancia.
Por eso no puede extrañar que muchas mujeres se sientan estéticamente atraídas por otra mujer. Y no sólo en cuanto al cuerpo, también pueden sentirse subyugadas por la personalidad, la forma de actuar, etc., de otras mujeres.
Y esa atracción puede desencadenar un deseo imitativo que hace que esa mujer sea deseada para ser igual a ella. Ese sentimiento puede confundirse con un deseo erótico aunque no lo sea. Y, en ocasiones, puede asociarse también a una fuerte emoción que activa el impulso sexual y lo orienta hacia esa persona en concreto, pese a ser decididamente heterosexual. No tiene nada de extraño, nada de anormal. Y carece de importancia respecto a la orientación heterosexual de quien así se siente atraída por otras mujeres.
Son sentimientos bastante más comunes de lo que se piensa, razón por la que no hay que sentirse extrañas por tenerlos. Y no por frecuentes significa que aboquen ineludiblemente en una relación sexual. Muchos sentimientos de esta naturaleza se quedan ahí y no se materializan. En realidad hasta el 66% de las mujeres (dos de cada tres) han tenido este tipo de sentimientos hacia otra mujer, aunque, como he señalado antes, sólo lo hayan plasmado en relaciones físicas el 36%.
Luego está el mundo transgresor de la fantasía, donde cada cual se permite hacer o percibir sin riesgos lo que nunca haría en la vida real. En la fantasía se planifican robos, asesinatos, aventuras fantásticas, historias rocambolescas... y contactos homosexuales. Se hace así por curiosidad, por morbo... Hasta un 11% de mujeres abiertamente heterosexuales tiene fantasías con contenido homosexual y disfrutan con ellas durante la masturbación, sin que eso signifique que su orientación heterosexual se tambalee.
Y finalmente están las relaciones homosexuales que se inician en situaciones especiales donde están restringidas las posibilidades de tener contacto con personas del otro sexo, como sucede en internados, prisiones, etc. Son conductas que se mantienen mientras se mantiene ese escenario, como vía de escape para las propias necesidades emocionales y sexuales y que desaparecen cuando cesa tal circunstancia.
Son experiencias que carecen de mayor significado respecto a la orientación sexual de origen de cada cual.
No hay pues muchas razones para dudar de la orientación heterosexual de una en estas circunstancias. Son muy comunes y responden a necesidades puntuales que tal como vienen se van.

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