Siempre dispuesto a mostrar sus relaciones con personas poderosas como su tío, Marcelito se encargó de probarle a Etchebest que mantenía una relación fraternal con el encuadernador Daniel Santoro, quien “vive dentro del juzgado”. Dijo que se visitan en sus casas y que el último 2 de diciembre tocó el piano en donde vive Santoro, quien el 4 cumplió 60 años. Entre los asistentes mencionó a Luis Majul y al presidente de Edenor. Le contó que la esposa del operador judicial de Clarín era una ex dirigente de la juventud femenina comunista rusa, practicaba Feng Shui, una disciplina milenaria china que explica cómo vivir en un punto de equilibrio con la naturaleza y con uno mismo, y se había convertido en la gurú de la diputada libertadora Elisa Carrió, a quien asesoraba sobre vibras y energía, con lo que regula sus apariciones públicas a los momentos que esa cultura considera propicios. La esposa de D’Alessio es alemana y las dos parejas escenificaron juntas el aniversario de la finalización de la Guerra Mundial. “Santoro fue el agente de la KGB para la Argentina y el Uruguay durante 15 años. Tiene costumbres soviéticas”, explica.
Ante la incredulidad de Etchebest, le envió las fotos que se tomaron con sus gorros, cascos y sombreros de Alemania y Rusia.
Etchebest le preguntó si sería posible darle un vuelto a Campillo por medio de Santoro.
—Pero síiii, vos le das diez datos y Santoro… ¿Cuándo querés sentarte con Santoro, el lunes, el martes, a qué hora? Vos decime.
Según D’Alessio, “a Eurnekian le sacaron 600.000 dólares para no allanarle la casa, y a las dos horas se la allanaron. A otro empresario le sacaron un millón y medio de dólares, le dijeron que no iba a pasar nada. Lo metieron en cana”. A Paolo Rocca le sacaron 2,6 millones e igual quedó procesado. En uno de esos casos, dice que la decisión de Bonadío fue en respuesta a la versión de que un abogado tenía influencia en su tribunal.
Pero, sobre Etchebest “le dije a Stornelli este hombre es mío. De ese sujeto me encargo yo. El sabe perfectamente lo que eso implica, clarito como el agua. Ya dio la instrucción a su secretario Sebastián que todo lo que llegue de Cancillería tiene que mandárselo al doctor Marcelo D’Alessio. Abrió la feria y está resolviendo todo desde Pinamar, el conchudo”. Sebastián recibe la valija diplomática en Ezeiza, la abre y le copia lo más importante. También le describe las comunicaciones sobre él entre la Reserva Federal y la Embajada de Estados Unidos en la Argentina.
Durante el viaje a Pinamar, que hicieron juntos el 8 de enero, a 160 km por hora, en una camioneta con instrumental para detectar radares y bajar a la velocidad máxima permitida, este locuaz agente de la ley y el orden mencionó como “recaudador de Stornelli” al intendente de Salta, Gustavo Sáenz, quien fue el candidato a vicepresidente de Sergio Massa en 2015 y este año aspira a la gobernación, por acuerdo entre Massa y Cambiemos.
También le explicó su rol como director regional de la DEA y en la NSA. Contó que había un acuerdo con Estados Unidos para instalar una base militar en Corrientes, pero que las discusiones internas por el tema permitieron que el Presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, les ganara de mano.
Etchebest asentía con comentarios admirativos. Así le hizo contar de qué manera conoció a Stornelli, quien le pidió que realizara una cámara oculta a alguien que pensaba denunciar al fiscal por haber apretado a Enrique Wagner y Paolo Rocca, en una oficina de la fiscalía que describe con precisión. Stornelli los apretó con carpetas de Inteligencia, dice. Calcula que el fiscal y el juez por este método “se hicieron de 10, 12 palos”
Al llegar a Pinamar se dirigieron hacia el balneario CR, donde pasaba sus vacaciones Stornelli, ex integrante de la Comisión Directiva y del comité de seguridad de Boca Juniors. Stornelli tomó un café con Sáenz. D’Alessio se acercó y también conversó con Stornelli y por último llamó a Etchebest para que se uniera a ellos. Un hijo de Etchebest filmó desde lejos toda la secuencia.
Etchebest permaneció cuatro horas sentado ante una mesa vecina, lo cual le permitió ver cómo D’Alessio le mostró a Stornelli archivos de su computadora, le consultó por mensaje si había estado alguna vez detenido y finalmente “me hizo acercar a la mesa donde departían amable y familiarmente, me presentó a Stornelli y nos dimos la mano”.
El plazo fijo
Pidió que le dieran hasta el 17 de enero, para pagar la primera de tres cuotas, al vencimiento de un plazo fijo que había constituido por el equivalente a 100.000 dólares. Pero al llegar ese día, y cuando todo estaba preparado para llevarlos a Pinamar, Etchebest le comunicó por teléfono que el depósito recién vencía en marzo. Cuando D’Alessio le explicó que un plazo fijo se puede cancelar antes del vencimiento, renunciando a los intereses, le confesó que estaba a nombre de su esposa, que se negaba.
—Entonces sí que estás en problemas— lo apuró el gestor de buena voluntad.
Ante la exigencia de D’Alessio, respondió que estaba en viaje a Mar del Plata para intentar reunir el dinero. En un paso teatral clamó que estaba dispuesto a matarse si no confiaban en él y lo aguardaban. D’Alessio le ofreció que la custodia de la Policía Federal asignada a Stornelli, fuera a cobrar la cuota a Mar del Plata, pero Etchebest eludió ese lazo y siguió tratando de ganar tiempo.
Todo a la vista
Por la demora en los pagos de Etchebest, D’Alessio dice que a Stornelli le impusieron una multa de 10.000 dólares por la compra de la casa de Colella.
El empresario se ofreció a cubrirlos. Pero antes llevó los billetes a una escribanía, donde tomaron nota de su numeración. Además, filmó a Marcelito en el momento en que recibe los billetes.
El lunes 28, el abogado de Etchebest presentó la denuncia ante el juzgado federal con jurisdicción sobre Pinamar, con los audios, las filmaciones, las capturas de pantalla y las fotos. El juez federal de Dolores, Alejo Ramos Padilla, ordenó secuestrar celulares y computadoras, pidió imágenes de cámaras de seguridad e intervenir teléfonos. Etchebest siguió dilatando el pago, y D’Alessio lo intimó cada vez en forma más directa.
Para que la intimidación fuera más convincente le hizo llegar una foto de la chapa en el despacho de Stornelli, una filmación dentro de la fiscalía en la que un ex gerente uruguayo de Pedevesa, Gonzalo Brusa Dovat, declara sobre maniobras cometidas entre la filial argentina y la central en Caracas. También le envió una foto tomada en el restaurante armenio Sarkis, de la calle Thames, donde Brusa Dovat se reune con Daniel Santoro, quien el 2 de febrero publicó la entrevista en Clarín. D’Alessio le envió la foto del encuentro a Etchebest.
El 5 de febrero habían hecho nueva cita para que Etchebest entregara 300.000 dólares, pero el productor rural una vez más dilató el pago. D’Alessio se quejó de que había llegado a la cita con dos custodios de Stornelli, que trasladarían el dinero. “Te llevo a lo del jefe, que deje ahí, no sé, ya está”. Es decir, que lo deje detenido. También reitera que retirarán el dinero los policías de la custodia de Stornelli.
Un día más de libertad
Como Scherezade, Etchebest logró un día más de libertad dándoles cita en una financiera. D’Alessio se tranquilizó cuando le pidieron el nombre y los documentos de los custodios para que pudieran entrar. El miércoles 6, el juez federal de Lomas de Zamora, que recibió el exhorto de Ramos Padilla, allanó el domicilio de D’Alessio. Etchebest ya había salido del país. El jueves 7, D’Alessio y los custodios de Stornelli debían llegar a la financiera para cobrar el fruto de la extorsión, pero alertados por el procedimiento del día anterior se evaporaron.
Lo que siga echará luz acerca de qué puede esperarse de la Justicia en la Argentina, si está a punto de una regeneración institucional o el horizonte seguirá poblado de D’Alessios, Fariñas, Carriós, Santoros y Stornellis.