Desesperanza: estado de ánimo del que no tiene esperanza o la ha perdido.
ESTAR BIEN
"Ya no espero nada": 5 ideas para combatir la desesperanza
Frustraciones, sufrimiento o duros golpes que tiene la vida, pueden llevarnos a un estado de desesperanza, cuando literalmente ya no esperamos nada de la vida, atravesamos los días como por inercia, cumpliendo con nuestra rutina y nuestras funciones básicas a desgano. Vivir así no es lindo. Pero a veces no sabemos cómo salir de ese estado. Aquí algunos tips.
La felicidad es una conquista, no es algo de generación espontánea ni que llega de afuera, planteaba el filósofo Bertrand Russell. Todos guardamos la capacidad de ser felices, pero esta capacidad debe ser cultivada.
Según Russell, para este trabajo se necesitan 2 virtudes: esfuerzo y resignación. El esfuerzo para dirigir las energías hacia el trabajo que nos permite acercarnos a lo que deseamos, y la resignación o aceptación ante las situaciones que la vida nos plantea, que son inevitables e imposibles de resolver, tales como la muerte, la enfermedad incurable y las pérdidas definitivas.
El psiquiatra Victor Frankl, quien desarrolló su teoría de la logoterapia mientras estaba en un campo de concentración, durante la Segunda Guerra Mundial, pudo observar lo siguiente: aquellos que encontraban sentido a su sufrimiento, seguían vivos. Aquellos que no encontraban un sentido a lo que estaban sufriendo, tenían mayores chances de enfermar y morir.
El profesor de psicología educacional, Robert Enright, repasa en la revista Psychology Today algunas maneras de encontrar un sentido a nuestro sufrimiento, como manera de combatir la desesperanza.
"Primero definamos esperanza. La esperanza implica el deseo, mantenido por una cierta convicción de que este podrá ser cumplido. Tener esperanza es confiar en ciertos desenlaces futuros. El desenlace puede incluir: a) una transformación interna (menor ansiedad, mayor paz interior, etcétera); b) un cambio en las relaciones (encontrar el verdadero amor, por ejemplo); c) una alteración de las condiciones del contexto (mejores condiciones de vida, un nuevo trabajo, más dinero); d) expectativas trascendentales (una vida eterna de felicidad)", escribió Enright.
"La desesperanza es el reverso de lo anterior. Uno espera: a) que el tormento interno continúe; b) que uno permanecerá solo o en relaciones frustrantes; c) uno permanecerá con pocos bienes materiales; y d) no hay nada más que este mundo; cuando uno muere se termina la historia."
Encontrarle un sentido al sufrimiento, expica Enright, es preguntarse lo siguiente: "Dado que me está pasando esto y no lo puedo evitar, ¿cómo puedo crecer a partir de esta experiencia?"
"Encontrar sentido es saber que el sufrimiento actual de uno no es en vano, sino que en cambio es una oportunidad para desarrollarte como persona", explica el psicólogo. No se trata de negar el sufrimiento que te toca atravesar o tus heridas o de intentar convencerte a vos mismo de que lo malo en realidad es bueno. Es tu reacción ante lo que te toca atravesar lo que puede hacer la diferencia. El hecho doloroso no se puede cambiar, lo único que podemos cambiar es nuestra respuesta. "El punto es encontrar sentido aún cuando estás herido, no hacer de cuenta que no hubiese heridas."
Algunas ideas para encontrar sentido y salir de la desesperanza:
1) Encontrar un sentido manteniéndonos de pie en medio del dolor.
A veces el único sentido que le podemos encontrar al dolor es el hecho mismo de estar padeciéndolo y aún así manternos de pie. Cada tropezón, cada caída, cada frustración, son oportunidades para "sacar pecho", sacar fuerza, levantarnos, conocer la energía oculta que tenemos, que sale a flote en los momentos menos pensados. El solo hecho de ser conscientes de que a pesar de que estamos sufriendo, aún así aguantamos y seguimos caminando, erectos -aún si estamos maltrechos o nos sentimos rotos por dentro-, hace que el sufrimiento tenga un sentido.
Quizás más adelante en la vida nos enfrentemos a retos similares o distintos, pero sabremos que pudimos superar esta situación. Esa misma energía nos servirá para dar fuerza a otros. Todos somos como árboles en invierno, que aún cuando estén totalmente secos y a uno le parezca imposible que vuelvan a florecer algún día, una fuerza vital arrolladora ya está trabajando dentro de su organismo para renacer.
2) Encontrar un sentido al mantenernos firmes en la verdad.
Cuando Victor Frankl estuvo esclavizado en un campo de concentración, nunca escapó de la verdad: lo que me está pasando a mí y a otros, es injusto. Aún si los nazis pensaran que estaban en algún tipo de búsqueda noble, no lo estaban. Se paró en esa verdad y nunca se dio por vencido con respecto a ella. El sufrimiento puede ser una fuente de valor que nos haga decir: lo que me está pasando a mí y a otros, es injusto. No lo merezco, sin importar lo que digan los demás. Otra verdad a ser considerada: la situación actual no es eterna, explica Enright.
3) Seguís siendo valioso/a aún cuando estás sufriendo.
"Muy a menudo, las personas que están sufirendo llegan a la falsa conclusión de que son menos de lo que deberían ser como personas. No. El sufrimiento no te disminuye como ser humano", escribió Enright. Bien por el contrario, tener el corazón roto es una oportunidad de volverse más empático, más comprensivo y compasivo con uno mismo y con los demás. Más paciente. Y por lo tanto, más necesario e imprescindible en el mundo. El dolor nos vuelve más humanos, no menos.
4) Ponerte al servicio de otros, interesate por el afuera.
Aún cuando estás pasando un momento de dolor, el mundo a tu alrededor, las otras personas, te necesitan. Hacer un acto -aunque sea pequeño- en servicio de los otros, puede sacarte del lugar de sufrimiento sinsentido y desesperanza. Puede ser algo tan simple como levantar el teléfono para saludar a un amigo que también está pasando un tiempo difícil.
Según Bertrand Russell, cuanto mas pongamos nuestro foco de atención en objetos externos (el conocimiento, otras personas, hobbies, el trabajo), más interesante nos parecerá la vida y más felices seremos. Es una manera de salir del ensimismamiento y el encierro mental en el que nos hemos metido.
5) La vida -sus olores, sabores y aventuras- siempre nos sorprende en medio del dolor.
Así lo sugiere un poema de Jorge Luis Borges que se llama "Shinto". En él, el escritor argentino nos recuerda que cuando nos "anonada la desdicha", es decir cuando un gran dolor o sufrimiento nos deja tumbados, siempre aparecerán las "divinidades del Shinto" a rescatarnos. El Shinto es la religión nativa de Japón, que afirma la existencia de divinidades o seres espirituales que pueden encontrarse en la naturaleza o en los niveles superiores de existencia.
Ya sea el sabor de una fruta o su recuerdo, un encuentro inesperado, un sueño, un objeto hallado que creíamos perdido. Las cosas que componen nuestra felicidad son pequeñas pero son muchísimas, y nos atraviesan diariamente aún cuando menos lo pronosticamos. Sólo es cuestión de dejarse llevar por ellas para, al menos por un rato, dejar de lado el dolor y la desesperanza, y recordar el milagro de estar vivos.
"Cuando nos anonada la desdicha,
durante un segundo nos salvan
las aventuras ínfimas
de la atención o de la memoria:
el sabor de una fruta, el sabor del agua,
esa cara que un sueño nos devuelve,
los primeros jazmines de noviembre,
el anhelo infinito de la brújula,
un libro que creíamos perdido,
el pulso de un hexámetro,
la breve llave que nos abre una casa,
el olor de una biblioteca o del sándalo,
el nombre antiguo de una calle,
los colores de un mapa,
una etimología imprevista,
la lisura de la uña limada,
la fecha que buscábamos,
contar las doce campanadas oscuras,
un brusco dolor físico.
Ocho millones son las divinidades del Shinto
que viajan por la tierra, secretas.
Esos modestos númenes nos tocan,
nos tocan y nos dejan." (Jorge Luis Borges)












