SE FUGAN US$2.861 MILLONES MENSUALES

El FMI ya no cubre la sangría de dólares sin precio ni techo

Recalculando… El crédito stand by que el Fondo Monetario Internacional otorgó a la Argentina hace menos de 3 meses capotó. Los US$50.000 millones se quedan cortos y las metas de crecimiento e inflación tempranamente desbordaron. El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, pidió que, más allá de lo que haya surgido de la reciente auditoría de rutina enviada por Washington a Buenos Aires, igual se concrete el desembolso de US$3.000 millones de setiembre, sujeto a resultados. Y además anunció que gestiona ante el organismo que le permitan dar otro destino a los US$ 3.125 millones trimestrales puestos a disposición del Tesoro para recomprar letras intransferibles depositadas en el Banco Central. El gobierno rasca la olla institucional a falta de prestamistas de la comunidad financiera internacional que ayuden a tapar los agujeros cotidianos que se generan en el mercado interno, donde los privados absorben cuanto dólar se les coloque por delante y están dispuestos a pagar… ¿quién sabe? Ayer el BCRA perdió más de US$200 millones y la paridad igual se acercó a $32, lo cual descompagina la estructura de precios relativos, que la Administración Macri de todos modos fogonea con los que regula, tanto en la energía como en otros rubros que requieren de la lapicera del ministro de Salud o del secretario de Comercio. El drenaje de divisas a cualquier precio que ni el comercio exterior depara ni los crupiers de la City juntan indica bastante más que los coletazos de la crisis internacional y la sequía doméstica: la forma de conducir la economía no les inspira confianza a los inversionistas, ni para el corto ni para plazos más largos. El peso argentino no cuenta, cualquiera sea la tasa de interés y el valor al que escale el dólar.

El ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, aprovechó un encuentro con corresponsales extranjeros para hacer públicas 2 gestiones que lleva a cabo ante el Fondo Monetario Internacional (FMI):

> que se haga efectivo el desembolso de US$3.000 millones estipulado para mediados de setiembre y sujeto a aprobación de las metas firmadas a mitad de año al tramitarse el crédito stand by por parte de la auditoría que estuvo en Buenos Aires;

> modificar el destino acordado para US$ 3.125 millones trimestrales del stand by (o sea, US$ 15.000 millones hasta fin del 2019) que obliga al Tesoro a recomprar letras intransferibles, actualmente en poder del Banco Central.

El propósito es doble. Por un lado, preparar el terreno para un replanteo de los números del compromiso vigente suscripto a 3 años, por un total de US$50.000 millones, pero en el mientrastanto que sean liberados los US$3.000 millones del trimestre que acaba de ser auditado. Por otro, un permiso para redireccionar prioritariamente los fondos que se reciben a financiar el déficit fiscal antes que a movilizar recursos retenidos en el lánguido mercado de capitales doméstico.

El ex viceministro de Economía de CFK, Emmanuel Álvarez Agis, recomendó que “en lugar de convencer a los inversores de escenarios poco probables, es necesario trabajar para financiar una grieta de, como mínimo, US$14.000 millones”.

Fundamentó con cuentas: las fuentes superan las necesidades por US$2.500 millones y la necesidad de dólares para los próximos 18 meses sube hasta los US$ 14.350 millones en el escenario intermedio y hasta los US$24.350 millones en el pesimista.

Y detalló:

Pagos de intereses: US$ 9.500 millones.

LETES: US$ 6.700 millones.

REPO: US$ 3.200 millones.

Amortización deuda pública: US$ 4.800 millones.

Total necesidades de dólares: US$ 24.300 millones.

Por el lado de las fuentes de financiamiento en dólares, siempre siguiendo el planteo oficial:

FMI: US$ 11.700 millones.

Organismos Internacionales (neto): US$ 1.300 millones.

REPO: US$ 4.000 millones.

LETES: US$ 6.700 millones.

Refinanciación deuda pública: US$ 3.000 millones.

Total financiamiento en dólares: US$ 26.700 millones.

Andrés Asiain calculó en una columna publicada en Ámbito Financiero que “las necesidades de divisas hasta el 2019 son unos u$s 61.500 millones, compuestos por los US$ 7.500 millones que demanda el sector público y los US$ 54.000 millones que requiere el sector privado”.

El riesgo-país por las nubes y la aspiradora de capitales que prendió la Reserva Federal en USA dificultan tapar los agujeros, y para nada ayuda la incesante fuga de divisas desde Argentina al exterior.

Un artículo que firma Jorge G. Herrera en Ámbito publica un cuadro demoledor: en los más de 2 años y medio de Administración Macri salieron por las fronteras unos US$52.000 millones,el monto de un crédito stand by a 3 años completo del FMI.

Se iban casi US$10.000 millones con el dólar atrasado a $15 en el 1er año de luna de miel de los mercados con Gobierno de Cambiemos, y con el dólar a $31 la huída se duplicó a US$20.000 millones en lo que va de 2018.

No hay tasa de interés que sea atractiva para evitar que la moneda nacional continúe devaluándose, se dolaricen los portafolios y emigren las divisas. Se repite, corregida y aumentada, la fuga de capitales por la crisis financiera mundial de 2008, que había superado los US$20.000 millones, y los US$21.500 millones como respuesta al cepo cambiario instituido a fines de 2011 por el recién reelegido gobierno de CFK.

Las reglas de juego

No hay grietas ideológicas que valgan cuando se arbitran intereses materiales. El grupo de Ceos y ex operadores de fondos internacionales que integran el equipo de Mauricio Macri deberían saber que la estabilidad de las reglas de juego y la confianza que despierte un gobierno gozan a los ojos de los inversores de una ponderación equivalente a las proyecciones macroeconómicas.

Con la nueva gestión arribaron al país más de US$104.400 millones, contabiliza Herrera: más del 61% correspondieron a colocaciones de deuda pública nacional, otro 11% deuda provincial, 11% deuda privada y 12% de "hot money".

Los mercados estaban dulces cuando Macri liberó los cepos y pagó bonos defaulteados en 2002 que no entraron en los canjes ofrecidos por el kirchnerismo. Y desde ahí se montó un velódromo en torno del rojo de u$s32.300 millones en la cuenta corriente heredado, que se inició con un superávit comercial de u$s12.700 millones que hoy provocaría suspiros, mientras paralelamente afrontaba una carga de intereses de casi US$22.000 millones, un gasto en turismo emisivo de US$22.500 millones y en servicios reales por US$23.600 millones.

Encima con un atesoramiento de US$41.800 millones. Como saldo, las reservas del BCRA habían crecido en US$30.300 millones.

El 28 de diciembre de 2017 el encanto se rompió cuando desde la Jefatura de Gabinete decidieron cambiar unilateralmente las reglas del trade carry, y después se encadenaron contingencias externas, como el repliegue de capitales promovido por la Fed, el aumento mundial del crudo, la guerra comercial entre USA y China, la crisis de la lira turca, con los avatares climáticos internos que castigaron, principalmente, la cosecha de soja, más recurrentes errores de gestión (mala praxis, según un hombre de la casa como el economista Carlos Melconián) que derivaron en una inflación que ya anda por el 35% anual y un dólar que parece ser indómito, causas y efectos al mismo tiempo de una espiral sin fondo.

Las divisas no faltan únicamente por la insuficiencia crediticia de la coyuntura, sino porque el drenaje contínuo no cesa y egresa más de lo que puede ingresar.

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