2019 A LA VISTA

El precio de la racionalidad y el costo del marketing “antiK”

Días complicados para el "macrismo puro", al descubrir que la pureza no sirvió de mucho. O que, por ahí, la pureza nunca fue tanta. Habría que dejar algunos conceptos bien definidos para que no vuelvan a ocurrir, y de eso trata esta columna:

Empezamos utilizando mal el significado de las palabras y lo que debería ser racionalidad en el uso de los recursos, se convirtió en lo que se llama un perverso ajuste.

Ajustar, en algunas de sus acepciones, significa, concertar, concordar diferencias, arreglar, moderar, reconocer el importe de una cuenta o concertar un precio.

Como se ve se trata de una palabra pacífica, pero para nuestro diccionario político es una muy mala palabra que significa lo contrario privación, pérdida de beneficios, en lenguaje partidario opositor, “gobernar para los ricos”.

La racionalidad tiene que ver con el sentido común, con la razón pero no en el sentido de tener la verdad sino con el de “pensar” y responder a esta simple pregunta “como usar y asignar los recursos disponibles", entendiendo por ellos, tanto lo recaudado por el fisco en concepto de impuestos, tasas, contribuciones como los provenientes de créditos financieros y otras rentas del estado.

Sin ir más lejos, el Presupuesto Nacional expresa un plan de gobierno anual que asigna bienes públicos, redistribuye ingresos y fija prioridades del gasto.

El uso correcto de esos recursos no significa que el gobierno de turno fije privaciones, restricciones, carencia o disminución en la oferta de algunos bienes públicos, sino todo lo contrario, los gasta, ya que de eso se trata, del mejor modo posible lo que desde luego no constituye un “perverso ajuste”.

Aunque para sectores de la sociedad resulte una obviedad decir o pensar que todos los recursos siempre son escasos y que todo no se puede al mismo tiempo, para muchos otros -víctimas de razonamientos sofistas- ven a la escasez como una creación artificial y perversa de algunos gobiernos con el solo objetivo de perjudicar a algunos segmentos de la sociedad en general a los que disponen menores recursos para beneficiar a otros privilegiados.

El gobierno viene cometiendo un grave error político consecuencia de creerse providencial, y optó por fijar de modo unilateral el monto en que debe reducirse el déficit fiscal primario, el que excluye los gastos financieros y así se obligó, por su propia y personal decisión ante el FMI, ignorando si podría cumplir con esa obligación que podría convertirse en una promesa sin causa si no logra que se apruebe el Presupuesto de Gastos y Recursos para el año 2019 por el Congreso de la Nación, donde carece -gracias a Dios- de mayoría propia.

Pues bien, siguiendo con esa suerte de “autismo político”, el gobierno fijó el famoso déficit en 1,3 del PBI que en términos reales quizás signifique más si aquel se mantiene sin variación o disminuya, cuando en verdad esa pauta que podría haber sido del 1,4 o 1,2 o 1,1 debería haber surgido de una previa negociación política, seguramente complicada ya que obviamente también sobre la mesa estarán las razonables ambiciones personales, como la de Macri de ser reelegido y la de otros de ganarle la elección, incluida Kristina.

El nombre de esta frágil y diría dispersa coalición que se llama “Cambiemos” para gran parte de la sociedad, y en especial sus votantes, fue una oportunidad política para promover nuevos usos políticos, entre ellos el de la docencia y persuasión política, para generar una nueva o mejor dicho diferente cultura, tarea que por supuesto demandará años, pero que alguna vez deberá que comenzar.

Ello no significa comenzar de 0 o una pretensión de crear una nueva Era Histórica, sino más bien la disposición para trabajar desde la realidad y aceptarla con sus vicios y virtudes.

Sin embargo, el gobierno prefirió explotar esa división entre vicios y virtudes, adjudicándose las virtudes y la supuesta ejemplaridad y atribuyendo todos los vicios al kristinismo-kirchnerista-peronista, ejemplo de lo que no habría que hacer jamás.

Una suerte del más puro y primitivo maniqueísmo que no dudaría en llamar “macrismo puro” ya que se creen libres de pecado pero a la vez impedidos de lanzar la primera piedra de racionalidad a la que confunden con gestión o ese estúpido eslogan “haciendo lo que hay que hacer”.

Lo cierto es que esta mediocre y miserable idea marketinera de demonizar al kirchnerismo peronista se ha convertido en una suerte de bumerán incluso para el llamado peronismo racional (sic).

Según las encuestas mejor ponderadas Kristina tendría un paquete de votos de un 27% a 30% que para el peronismo “racional” es una base necesaria pero insuficiente, que a la vez lo condiciona en su propensión para negociar con el gobierno el próximo Presupuesto Nacional desde las hipótesis del gobierno que resumiría en bajar el déficit fiscal al famoso 1,3 del PBI.

A la vez Kristina, con su proverbial habilidad y desaprensión, no duda en lanzar o promover candidaturas como la de Agustín Rossi, Felipe Solá, o hasta incluso tolerar a Juan Manuel Urtubey o Juan Schiaretti, de paso a Verónica Magario para la Pcia. de Buenos Aires, sabiendo que todos la necesitan, sean racionales o no, para decidir a último momento si opta por competir por si misma y aprovechar el seguro envión que le daría el descontento social.

Como vemos en trazos muy finos, el gobierno de Mauricio Macri pierde mucho más por la política que por sus reiterados errores los que paradójicamente no capitaliza nadie, salvo “ella”.

Si la elección de 2019 se resolviera entre descontentos y “contentos o satisfechos y tolerantes con el gobierno", no cabe duda que la oposición optará por el candidato más duro-Kristina -ya que la década ganada será su suficiente libreto y la corrupción una simple artimaña partidaria macrista- porque es imposible que para esa fecha hubiera eventuales sentencias firmes en su contra.

En esta línea, la actual diferencia a favor de Macri en intención de voto de alrededor de 6 puntos en su beneficio que le asigna la consultora CIGP no le garantiza la posibilidad de reelección alguna.

En este marco creado por el propio gobierno ahora nos perderemos discutiendo miserias, tales como si los subsidios al transporte y energía los debe pagar la Nación o la Ciudad de Buenos Aires y la Provincia de Buenos Aires, sin siquiera explicar porqué hasta ahora los financió la Nación, por obra y gracia de gobiernos kirchneristas peronistas que son los que diseñaron esas políticas y quienes las ejecutaron desde que asumieron el gobierno en diciembre de 2001.

Al final, parecería que es Kristina quien estaría encandilando al gobierno, sin que Marcos Peña se de cuenta.

Pobre Macri, la suerte no lo acompaña, deberá pagar el precio de la racionalidad y asumir el costo del marketing anti Kristina.