HIPOCRESÍAS Y DISTORSIONES

Cuando hablamos de las variables, perdemos el tiempo

Frase terrible del autor: "El Banco Central gastó US$ 13.000 millones para financiar una corrida cambiaria, ¿a quien se le puede ocurrir tamaño desaguisado o disparate? Pero lo que resulta hipócrita aunque sea cierto y exhibirlo como fatalidad incontrolable, es decir que la sequía nos costó US$ 4.500 millones, un 35% de lo que nos costó la corrida cambiaria… medida ésta ultima solo en dinero porque tuvo otras consecuencias nefastas que aún se mantienen latentes."

Me cuesta creer que las variables de la economía y de las finanzas, sean siempre los temas del día y se pretenda confeccionar un plan económico a partir de su manipuleo o que los planes económicos consistan en su administración, subimos tasa, para que baje el dólar y de ese modo controlar la inflación.

O bien controlamos el dólar para mantener nivelado el salario real, o bien establecemos controles de precios explícitos o implícitos como parecería que pretende hacerlo el gobierno, (las frustradas amenazas de la “Mariu" o del pintoresco Francisco Cabrera, una suerte de medio “EX”) para de algún modo controlar los índices de precios.

O asimismo propiciamos devaluaciones para impulsar las exportaciones y desalentar las importaciones. Al respecto, Marcelo Zlotogwiazda cuenta en el portal “Infobae” que “el ex viceministro Emmanuel Alvarez Agis analizó las últimas tres grandes devaluaciones (2001, 2014 y 2016), y muestra que la respuesta positiva de las exportaciones fue muy leve mientras que la caída de las importaciones fue mucho mayor. Es decir que el aumento del tipo de cambio reduce el déficit externo por la vía recesiva. Lo que se confirma observando que las esas tres últimas devaluaciones provocaron caída en el nivel de actividad, en el consumo y, muy fuertemente, en la inversión.” Los hechos y la experiencia demuestran la certeza de este análisis.

Como vemos, y solo hemos enunciado algunos de los medios más utilizados, los medios sobran pero es obvio que nos faltan los fines. Un navegante, preguntaría: ¿A dónde queremos ir?

La Argentina desde hace años arrastra varias “cuestiones” (problemas de problemas, lo explicaba Carlos Floria) irresueltas desde hace muchos años, quizás desde el comienzo de nuestra historia.

Las cuestiones son varias, pero solo me referiré a la “económica”.

Nuestra morbosidad económica se manifiesta con varios indicadores, que enumero sin respetar un orden determinado o lexicográfico.

Déficit fiscal crónico; alta inflación; baja productividad; distorsiones permanentes de precios relativos; tipos de cambio y tasas de interés irreales o manipuladas bajo los eufemismos de “flotaciones sucias o administradas”; carencia de estadísticas (Narodowsky cuenta que no sabemos cuántos maestros tenemos activos ni cuál es su nivel); concesión de derechos que no se pueden financiar; niveles de pobreza y marginalidad de una grosería e indignidad política inadmisible; mala calidad de nuestra infraestructura (un tren de pasajeros circula a 40/50 Km por hora; celebramos recientemente el envío por parte de la Nacion, a la Provincia de Rio negro, de viejo vagones para incorporar al tren patagónico como si se tratara de un servicio de máxima prestación; carecemos de buenas rutas y autopistas; tenemos problemas de abastecimiento de energía pese a tener recursos; el 70% de los salarios previsionales están por debajo del salario mínimo vital; la presión impositiva es insoportable; nuestra mala conducta en cuanto al cumplimiento de compromisos adquiridos nos convierte en una sociedad insegura aunque paradójicamente muy interesante para especular financieramente (bicicletas entre tasa y tipo de cambio, virtualmente garantizando suculentos beneficios a la especulación contraria a nuestros intereses).

La lista podría seguir.

Tal como vemos el diagnóstico es sencillo pero nos resistimos a asumirlo o bien jugamos a creer que es un problema circunstancial de variables y en ese punto en vez de enfrentar la “cuestión real” entramos al juego de pretender controlar las variables, lo que a todas luces, no solo es imposible en el tiempo mediato, sino que además muy costoso.

El Banco Central gastó US$ 13.000 millones para financiar una corrida cambiaria, ¿a quien se le puede ocurrir tamaño desaguisado o disparate?

Pero lo que resulta hipócrita aunque sea cierto y exhibirlo como fatalidad incontrolable, es decir que la sequía nos costó US$ 4.500 millones, un 35% de lo que nos costó la corrida cambiaria… medida ésta ultima solo en dinero porque tuvo otras consecuencias nefastas que aún se mantienen latentes.

Es cierto, el diagnóstico está al alcance del “sentido común”, no nos hagamos los estúpidos todos sabemos esto que nos pasa, todos sabemos que esta realidad es intolerable, pero también es cierto que esta cruenta realidad es un mercado lucrativo para la política argentina.

El mercado electoral cuenta con un 30% o 40% muy decisivo en la pobreza, la miseria y la desesperanza (El Conurbano bonaerense) y el arte consiste en traficar con esos votos, versión pornográfica de la política partidaria.

Frente a esta realidad el Presidente pide apoyo y que le presenten soluciones pero, al mismo tiempo, dice que vamos por el camino correcto. Señor Macri ¿en qué quedamos?

Su gran dilema es si debe o no negociar con el peronismo o los peronismos y tiene claro dos cosas que debe confrontar con los “K” y controlar y conformar con las “patéticas miserabilidades” a la UCR y a Lilita, de ese modo cree que puede ganar en 2019.

Como diría Rolando Hanglin, lástima uno que es la carne de cañón.

¿Se puede ser tan mediocre que ahora se pretenda hacernos creer que la “mala onda” estaría solo en la capital federal pero que en el interior se respira otro clima? Hipótesis que algunos columnistas políticos se empeñan en desarrollar para convencernos que vamos por el buen camino (sic).

Para gobernar se necesitan varias condiciones, todas necesarias pero insuficientes por sí mismas: cultura, idoneidad profesional, ejemplaridad, saber pensar, tener sentido crítico de los propios actos, sentido de la prudencia y la caridad, paciencia y convicción.

Este gobierno como todo el arco político que de algún modo también conforma la noción de “gobierno”, sería lo que llamaría “gobernanza” carecen de esas condiciones, más bien lucen como timberos profesionales, sea mintiendo como en el truco o especulando con el resto de los otros como en el póker.

El gobierno quiere hacernos creer que tiene un “as” en la mano, no ya en la manga o un póker de ases, ahora bien le creerán o se encentrará con una impensado as de espadas o una perversa escalera real…

El gobierno tiene una carta para jugar 'a suerte y verdad': exponer un programa económico (con fines claros y concretos, medios y prioridades y etapas de ejecución), someterlo a la consideración de la sociedad, admitir las críticas, negociar las diferencias y ponerlo en ejecución entre todos y con un firme compromiso electoral de respetarlo.

Con un programa asi consensuado, en 2019 habrá que elegir entre los que consideremos los más idóneos ejecutores.
Sería un camino y la elección tendría algún sentido esperanzador…