FURIA DE PSICÓLOGOS

¿Otro "error"?: Carta abierta a Macri y un excel de Freud a Durán Barba

La comunidad de profesionales de Psicología se mantiene en estado de alerta permanente por una polémica resolución del Ministerio de Educación (Nº 1254/2018) que acaba de imponer restricciones en su campo laboral "de forma unilateral". En este sentido, Hernán José Molina, estudiante de la Universidad Nacional de Tucumán, a dos materias de lanzarse como profesional, escribió una carta abierta al presidente de la Nación, titulada 'Recortar la Pasión': "Freud (no podía no nombrarlo en algún momento), escribió un texto llamado 'La metamorfosis de la pubertad'. ¿Sabe lo que es una metamorfosis, Sr. Presidente? Es un tipo de cambio, pero del cual no hay vuelta atrás. Consúltelo con Durán Barba, Sr. Presidente. ¿Quién sabe? Quizá no venga mal, de cara al 2019, un cambio (sutil) de nombre a su partido".

Recortar la pasión

Carta Abierta al Presidente de la Nación

Sr. Presidente hoy me expuso a la única situación a la que nunca hubiera llegado por voluntad propia: mentirle a mis estudiantes.

Sucede que las noticias de su ajuste a las incumbencias profesionales del Psicólogo, no tardaron en llegar a oídos de mis alumnos. “Profe, ¿para qué seguir estudiando?”; “¿de qué valdrá el esfuerzo que tenemos que hacer?”; “no queda otra que dejar la carrera”; “los planes que tenía para mi vida se fueron a la mierda”. Podría seguir, Sr. Presidente, pero para muestra basta un botón...

En Psicología creemos que una “intervención” se juzga por sus efectos. No importa su contenido sino sus consecuencias. Es así que, ni siquiera me tomo el atrevimiento de cuestionar las razones que llevaron a su docto gabinete a realizar dicho recorte de las incumbencias profesionales. Me voy a dedicar, simplemente, a comentar sus efectos precisos en personas de carne y hueso (de esas que no aparecen en las planillas de su Excel).

Pero, cierto es también, que primero lo primero: me presento, Sr. Presidente. Estando a dos materias de recibirme de psicólogo, tengo la dicha de ejercer funciones docentes (cargo que gané por concurso) en primer año de la Facultad de Psicología de la U.N.T. Pero esto es un tecnicismo. ¿Sabe, específicamente, a qué me dedico, Sr. Presidente? A recibir a los ingresantes. A preguntarles por su vocación y a hacerles creer que vale la pena luchar por lo que aman.

Les vendo pasión, Sr. Presidente. Les ayudo a creer que vale la pena tener por oficio la pasión. Pero no hay lugar para la pasión en su Excel. Esa columna no está.

Me viene a la memoria una entrevista realizada a quien hoy es su senador electo, y que cuando era Ministro de Educación de la Ciudad de Bs. As., un periodista le preguntó (impregnado por el discurso de la época): “¿Cuáles son las carreras del futuro?”, cometió dos errores en uno: primero, dio por válida la pregunta; segundo: la respondió.

No hay carreras del futuro, Sr. Presidente, porque el deseo no conoce de tiempos verbales. Las carreras del futuro no son las que nos vayan a permitir “crear” sujetos capaces de producir valor agregado. Las carreras del futuro son las mismas que, en el pasado y presente, supieron formar sujetos realizados: las carreras que los ciudadanos desean cursar. Por eso, le pregunto Sr. Presidente, ¿con qué necesidad ataca la vocación de jóvenes que, todavía, creen en la educación superior? Podremos discutir el contenido, pero no puede negarme las formas. Nos ha quitado posibilidades, acciones, incumbencias. Nos ha privado, Sr. Presidente, y la privación hace estragos en la subjetividad (lo remito al diccionario en caso de no conocer el vocablo). Privar es (mucho) peor que prohibir, Sr. Presidente.

Ud. priva, Sr. Presidente. Por eso le temo tanto. Le tengo miedo, ¿sabe? O debo corregirme: no le temo; le tengo terror. Pues, el miedo es localizable, temporalizable: se cuándo puede venir, de dónde, con qué consecuencias. En cambio, el terror es sorpresivo: puede llegar en cualquier momento, de cualquier lado.

Ud se maneja así, Sr. Presidente: Ud. no grita, no hace cadenas nacionales, no tiene a La Cámpora en las calles ni a la luz del día. Ud. ataca en las sombras, con sus secretarios de Legal y Técnica, con sus Decretos de Necesidad y Urgencia. Nos hace creer que nos escucha, pero nos habla sin palabras: nos grita con sus actos e imposiciones.

Podría seguir, Sr. Presidente, pero tengo el agotamiento que da la tristeza. Ni el ímpetu de la bronca, que inspiró tantas batallas. Yo no lo odio (eso me ayudaría a seguir con este escrito). Yo le temo y, además, le escribo herido porque, entre tantas cosas que me lastiman de lo que ha hecho, me resuenan las palabras de mis estudiantes. De esos ingresantes que tanto intentamos retener para que no deserten. De aquellos que hasta hace poco, les intenté hacer creer que valía la pena dejar su provincia, su ciudad, su familia, para estudiar en otro lado, lejos, solos. A aquellos que les ayudé a pensar que su pasión merecía el esfuerzo de trabajar de mañana y estudiar de tarde. A aquellas madres que iban con su bebé a clases y me escuchaban hablar de lo que implica ayudar a un otro. ¡Los estafé, Sr. Presidente!, ¡les mentí! Les dije que la Psicología no era solo para los “locos” y usted (y su anexo XXXIII) casi que los restringe a ellos (a propósito, ¡qué feliz sería si la categoría “loco” volviera a reinar! ¡cuántos problemas, presupuestarios, se les solucionarían, Sr. Presidente!).

¿Sabe qué, Sr. Presidente? Como docente puedo aceptar que nos paguen miserias (Ud. y sus antecesores, en esto seré justo). Puedo permitir que usen nuestra vocación para aprovecharse de nuestra pasión y saber que pese a todo seguiremos enseñando, porque la pasión no tiene precio (económico), pero sí dignidad. Pídame que sea pobre, pero no indigno: no me pida que mienta. Devuélvame las razones para mirar a mis alumnos a la cara y decirles que vale la pena seguir esta hermosa carrera. No me pague más; simplemente no me quite lo más valioso que tengo: las razones para hacer lo que hago.

Suele ser un clásico repudiar a los políticos por no cumplir sus promesas. No obstante, su perversa creatividad no conoce límites a la hora de sorprender. Su gobierno es paradigmático también en este sentido: Ud. sí que cumple sus promesas. “Cambiemos” no para de cambiar las cosas.

Freud (no podía no nombrarlo en algún momento), escribió un texto llamado “La metamorfosis de la pubertad”. ¿Sabe lo que es una metamorfosis, Sr. Presidente? Es un tipo de cambio, pero del cual no hay vuelta atrás. Consúltelo con Durán Barba, Sr. Presidente. ¿Quién sabe? Quizá no venga mal, de cara al 2019, un cambio (sutil) de nombre a su partido.

Atte (mas atento que nunca)
Un estudiante. Un casi psicólogo. Un docente. Un sujeto. Un argentino.

PD: Si esta carta llegara a Ud. no se gaste en hacer uno de sus llamados sorpresas, pues conmigo sería imposible lograr el efecto deseado. Perdí la capacidad de asombro. Y no tengo fijo en casa.

Hernan J. Molina

Es importante aclarar que tanto la Federacion de Psicólogos de la República Argentina como el Centro de Estudiantes de Psicología (CEP) denuncian el pasaje de 16 actividades reservadas a 5, "lo que implica un recorte gravísimo de 11 incumbencias, a nuestras posibilidades de ejercer la profesión", a través de la resolución Nº 1254/2018 del Ministerio de Educación de la Nación.

En este sentido, agregan: "El detalle que contenía el listado de los alcances del título de Psicólogo y Licenciado en Psicología ha sido remplazado por un lenguaje descriptivo que generaliza sin precisar la injerencia de cada uno de los puntos planteados en cuanto a la responsabilidad profesional".

Antes (2009)

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