191 AÑOS DE ITUZAINGÓ

Cuando la Argentina rescató Uruguay, que luego dilapidó

Martes 20/02/1827: el Ejército argentino derrotó al del Imperio brasileño en el enfrentamiento más importante de la Guerra del Brasil, y de esta forma logró el control de la Banda Oriental, actual Uruguay. Pero los triunfos que se consiguen en el campo de combate luego requieren complementarse en la política. Y ahí fracasaron las Provincias Unidas.

 

La Batalla de Ituzaingó o Batalha de Passo do Rosário ocurrió en las cercanías del vado del Rosario, a pocos kilómetros al este de la ciudad brasileña Rosário do Sul, por entonces en las Misiones Orientales.

En el tiempo de la presencia jesuita en la zona, era famoso el Paso (vado) del Rosario en el río Santa María, uno de los recorridos de la Ruta del ganado. Hasta 1801 el territorio era parte del español Virreinato del Río de la Plata pero en aquel año fue invadida por los bandeirantes del Brasil portugués, quienes más tarde la hicieron una de las bases de ataque contra las fuerzas José Gervasio de Artigas y Andrés Guazurary.

La guerra que enfrentó a las Provincias Unidas y el Imperio del Brasil fue la consecuencia inevitable de la política desarrollada por los portugueses desde fines del siglo XVIII, y que llevó al sangriento y devastador enfrentamiento territorial entre 1825 y 1828.

En 1808 la Corte de Portugal se había instalado en Río de Janeiro, huyendo de Napoléon Bonaparte. Pero el Reino de Portugal intentó satisfacer en América sus ambiciones de expansión. En 1814, los portugueses iniciaron sus avances sobre la Banda Oriental, logrando 3 años más tarde ocupar el territorio del actual Uruguauy, y en 1821 lo anexaron a Brasil con el nombre de “Provincia Cisplatina”, contra el deseo de los patriotas orientales.

La Guerra del Brasil se extendió entre el 25/10/1825 y el 28/08/1828, cuando Bernardino Rivadavía era el Presidente de las Provincias Unidas.

Del otro lado, Pedro I el Grande, emperador de Brasil y Rey de Portugal.

La guerra consistió en 26 batallas, en la Banda Oriental, el Río de la Plata, Río Grande del Sur y Carmen de Patagones.

Los 33 Orientales

Antecedentes

Antes de eso, en 1916, el general Carlos Federico Lecor, pasó a Brasil como comandante de una división que atacó la Fortaleza de Santa Teresa, fuerte español de la época colonial, ubicada en lo que ahora es el departamento de Rocha. Las fuerzas de Lecor ocuparon Maldonado y la villa de Cerro Largo. Y también Montevideo, el 20/01/1817. Lecor fue nombrado gobernador de la ciudad y se reveló como un estratega: prometiendo restaurar el orden y devolviendo las propiedades confiscadas por José Gervasio Artigas a los "notables", logró que ellos aceptaran la protección 'provisoria' de la corte de Brasil.

Lecor retomó el control de Colonia del Sacramento y derrotó a Artigas en la Batalla de Tacuarembó el 22/01/1820. José Fructuoso Rivera y Toscana se encontraba acampando en el arroyo de Tres Árboles. Artigas le ordenó que se incorporara a su ejército, pero Rivera ya había acordado con el jefe portugués Bento Manuel Ribeiro y desobedeció la orden del caudillo.

Rivera en una carta fechada 13/06/1820 al gobernador entrerriano Francisco Ramírez, Rivera se habría ofrecido a "ultimar" a Artigas, a quien consideraba un "monstruo, déspota, anarquista y tirano".

En 1821 logró que un congreso de orientales (Congreso Cisplatino), aprobara la incorporación voluntaria de la Banda Oriental al Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve.

Lecor formó parte del Club del Barón, germen del Partido Colorado, cuyo fundador fue Rivera.

En noviembre de 1823, las tropas portuguesas entregaron Montevideo al general Lecor, que ingresó en la ciudad y proclamó anexada la Cisplatina al Imperio del Brasil. Él otorgó a Rivera el título de Barón de Tacuarembó y lo nombró comandante de campaña.

Lavalleja y otros oficiales habían partido hacia Buenos Aires. Desde allí lo invitaron a unirse a quienes buscaban la independencia de la Banda Oriental, pero Rivera entregó esas cartas a Lecor como demostración de lealtad.

Guerra da Cisplatina

Los 33

El conflicto bélico fue declarado por Pedro I el 01/12/1825, pero ya había comenzado cuando Antonio Lavalleja se asiló en Buenos Aires tras la ocupación lusa y pidió apoyo al gobernador Juan Gregorio de Las Heras.

Lavalleja buscó la ayuda de otros federales porteños, concibiendo junto a Manuel Oribe la epopeya de los Treinta y Tres Orientales, el 19/04/1825. Así comenzó la epopeya contras las fuerzas de ocupación. Juan Manuel de Rosas realizó una generosa contribución financiera.

Algunos afirman que el 29/04/1825 Lavalleja y Rivera se habrían encontrado en un rancho en las cercanías del arroyo Monzón, en el departamento de Soriano, sellando su unión en la lucha independentista.

Existe controversia sobre la veracidad del abrazo.

Rivera, al servicio de Brasil y al mando de 70 hombres, habría ido a enfrentar a Lavalleja pero habría sido capturado, y Lavalleja le habría ofrecido sumarse a los revolucionarios bajo amenaza de fusilarlo.

La rebelión contra los portugueses comenzó a tomar cuerpo, y la guerra era inevitable.

Batalla de Ituzaingó

Ituzaingo

Habían pasado 7 días después del triunfo de Juan Lavalle sobre las fuerzas del general Bento Manuel en la batalla de Bacacay, y 4 días del triunfo del general Lucio Norberto Mansilla en la batalla del Ombú, quien había logrado dispersar con 350 hombres a caballo y 1.800 efectivos de infantería a la caballería de Bento Manuel, élite de la tropa imperial.

Entonces, ambas fuerzas chocaron aquel 20/02/1825, los fuerzas rioplatenses eran comandadas por Carlos María de Alvear y Juan Antonio Lavalleja, mientras que las brasileras eran comandadas por el Felisberto Caldeira Brant Pontes de Oliveira e Horta, Marqués de Barbacena; y el José de Abreu, Barón de Cerro Largo, quien herido por fuego amigo, murió en la batalla.

De madrugada, cerca de las 2:00, luego de un breve intervalo, el ejército imperial bajo el mando del marqués de Barbacena reanudó su marcha porque él estaba convencido de que iba a sorprender a Alvear en pleno cruce del Río Santa María. En su camino no espera enfrentar más que a algún destacamento de retaguardia. Sin embargo la información era falsa, y Alvear estaba esperando a Barbacena y su gente.

Guerra del Brasil (1825 - 1828)

Los brasileños estimaron que los de las Provincias Unidas habían cruzado el río en la tarde anterior, y por eso su marcha fue descuidada y desprolija. Barbacena envió el grueso de su infantería en tres columnas a atacar el primer cuerpo del ejército enemigo, comandado por Juan Antonio Lavalleja, que estaba ubicado con la artillería en el centro del campo de batalla.

Cuando llegaba la infantería luso-brasilera, el general Alvear ordenó la carga de la caballería, hasta entonces oculta, sobre el flanco izquierdo de los brasileños, soldados voluntarios.

Tomados por sorpresa por un ejército bien formado y dispuesto para la batalla, ocurrió el desbande que no pudo impedir el mariscal José de Abreu.

De inmediato, el flanco derecho imperial también se replegó, cruzando el río por el vado, y dejando en soledad a la columna central, con 2.000 mercenarios veteranos de origen austríaco y prusiano, contra quienes embistieron el por entonces teniente coronel Federico Brandsen —ascendido póstumamente a coronel, tras caer en batalla—, el general Juan Lavalle y el general José María Paz.

Luego de fracasar en el intento de pasar la línea defensiva de las Provincias Unidas durante 6 horas, y siendo bombardeado por la artillería, el ejército imperial se retiró para no ser atacado por la infantería, que todavía no había intervenido.

Fue una victoria táctica: los brasileños perdieron 200 hombres, entre ellos el mariscal Abreu. El ejército de las Provincias Unidas sufrió 139 bajas de caballería y 9 de los Cazadores de Infantería.

Pero los vencidos se retiraron en absoluto desorden, lo que luego se vería reflejado en las derrotas de Caamacuá y Yerbal.

Ituzaingó definió la guerra. Sin embargo, todo lo que se obtuvo en el campo de batalla fue cedido por Rivadavia en el campo diplomático, cuando ordenó firmar "la paz a cualquier precio", lo que significó la Convención Preliminar de Paz, de 1828 que culminó con el reconocimiento de Uruguay como Estado libre, independiente y soberano.

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