“…Dice que no soporta la situación porque, entre sus códigos, también tiene uno "de estética visual". Y que, aunque los mateadores "no parecen gente mala", es un horror que tomen mate en "la piscina" junto a un perro que "grita". Eso es todo”.
Hector Gambini. Clarín 11/11/17
CONTRACULTURA
La “cheta” de Nordelta y la estética argentina
Muy concreto Luis Rizzi: "(...) Cheta de Nordelta” no sé si existís, pero si usaste la simbología de la estética, para retratarnos como sociedad, sos una genio. Si no fue tu intención no pasarás de una “Monica Bedoya Argüeyo de Picos Pardos Sunsuet Crostón” de la inolvidable Niní Marshall y tu nivel cultural se mediría con la bombilla del mate."
Adelanto: poco me importa saber si realmente existe “la cheta de Nordelta”, tampoco me importa saber si la viralización del tema tuvo o tiene intencionalidad política, visto como hecho no pasa de una simple trivialidad que carece de importancia.
Esta podría ser una visión superficial y legitima, pero, gracias a Dios la vida esta llena de “peros”, tal como apunta Hector Gambini cuando se refiere a la “estética visual” de “la cheta”; pienso que ésta es una cuestión que merece un mínimo de tiempo.
La Argentina como país, más allá de sus bellezas geográficas, luce como un país “antiestético” y los argentinos como sociedad lucimos groseros y antipáticos. Somos “antiestéticos”.
Obvio, no fundo la grosería en el hecho de tomar mate en cualquier lugar, inclusive en Nordelta, sol en la playa Bristol o en aquellos que se lavaban “las patas” en la fuente de Plaza de Mayo, eso sería trivializar el sentido de la estética.
La estética tiene que ver con la apreciación y percepción de la belleza, con la armonía y placer que causa en los sentidos, la belleza.
Claro está, no limito el sentido de la belleza al arte, sea pintura, música, escultura, literatura o cualquier otra expresión, sino a nuestros comportamientos como sociedad que se expresan en la política, la economía, en una palabra, con la cultura.
En estas cuestiones somos “antiestéticos”, es decir desagradables, inconfiables, groseros, soberbios y egoístas.
Veamos.
Política. Nuestra política es antiestética. Hemos tenido gobiernos civiles elegidos democráticamente, derrocados por asonadas militares que contaron no ya con el apoyo de mayorías, sino previamente reclamadas por la sociedad, los civiles golpeábamos los cuarteles y hasta recuerdo que políticos destacados dijeron “letra con sangre entra” o cosas pro el estilo.
Dos gobiernos no peronistas no pudieron terminar su mandato constitucional y algunos tienen el helicóptero aceitado esperando cerca de Plaza de Mayo.
El Congreso de la Nacion, expresión genuina de la soberanía del pueblo y de las provincias, celebró una declaración de default como un triunfo histórico, obvio que ese hecho quedará en nuestra historia y tendrá su costo.
El Poder judicial, juzga a medida de la política, no de la justicia como virtud, tal como lo señala Eduardo Fidanza en el diario “La Nación”.
Economía. Nuestros índices son groseros, la Inflación pude ser del 40%, del 20% o del 50% y obviamente distorsiona el precio del dinero, tasas de interés, el precio del dólar, tipo de cambio e impide toda previsión razonable. Creamos negocios financieros, que distorsionan aun más el nivel de grosería de las variables y que ya se han convertido en pésimas y malignas adicciones que solo benefician a los que saben traficar.
Los salarios varían en nivele similares y cualquier petición por más absurda que parezca, no deja de ser razonable por la incertidumbre de nuestro futuro. La puja salarial es entendible.
El 70% de los jubilados perciben menos que el salario mínimo vital. Esto, más que antiestético, parece eutanásico.
La economía negra es de un 30%, la pobreza ronda más o menos el mismo porcentaje. Son niveles antiestéticos, en Nordelta y en el resto del país.
Cultura. Somos una sociedad inculta y lo demostramos en nuestros comportamientos abusivos, pero hay uno esencial no sabemos ni nos interesa pensar y en consecuencia dialogar.
La descalificación es nuestro argumento. “Macri sos la dictadura”, o "sos k”, o "sos progre”, o "sos negro” o “sos teñido”.
Somos sofistas, que es una grave enfermedad del espíritu, tal como dijo Jacques Maritain, y nos cautiva el malabarismo racional. Esto explica que la gran mayoría, incluso “Cambiemos”, tiene su enano populista bien metido en su ADN.
Hay excepciones, pero no pasan de eso.
Creíamos que nos iban a llover inversiones y con ello, por arte de birlibirloque, nos convertiríamos en la envidia del mundo… otra grosería racional.
Tiene razón Hector Gambini, en el fondo es una cuestión de “estética visual” y lucimos feo.
“Cheta de Nordelta” no sé si existís, pero si usaste la simbología de la estética, para retratarnos como sociedad, sos una genio.
Si no fue tu intención, no pasarás de una “Monica Bedoya Argüeyo de Picos Pardos Sunsuet Crostón” de la inolvidable Niní Marshall y tu nivel cultural se mediría con la bombilla del mate.








