ESCAPISMO SIGLO 21

Pokémon Go o la adicción a las cosas encantadoramente infantiles

Mientras USA enfrenta momentos cruciales de cara a una de las elecciones más decisivas de su historia, con un brote de tensiones raciales sin precedente en las últimas décadas, los norteamericanos se refugian en el mundo virtual de la realidad aumentada gracias a Pokémon Go, un juego desarrollado por Niantic que consiste en caminar por el mundo real en busca de monstruos virtuales que son detectados con el teléfono, que aparecen cercanos a la ubicación del jugador. Una vez que está lo suficientemente cerca, el usuario debe intentar capturar a Pikachu y sus amigos haciendo uso de la pantalla de su móvil. Pokémon es una franquicia de la Pokémon Company, que es en parte propiedad de la multinacional japonesa, Nintendo (cuyas acciones subieron más de US$ 7.000 millones desde que fue lanzado el juego).

N. de la R.: Pokémon es una franquicia, que comenzó como un videojuego RPG (role-playing game o videojuego de rol), pero por su popularidad ha logrado expandirse a otros medios de entretenimiento como series de televisión, juegos de cartas, ropa, entre otros, convirtiéndose en una marca que es reconocida en el mercado mundial. La saga de videojuegos es desarrollada por la compañía programadora de software japonesa Game Freak, con personajes creados por Satoshi Tajiri para la empresa de juguetes Creatures Inc., y a su vez distribuida por Nintendo. Pokémon GO es un videojuego de aventura en realidad aumentada desarrollado por Niantic, Inc. para dispositivos iOS y Android. Es free-to-play, contiene microtransacciones, pero su descarga y desarrollo son completamente gratuitos. El juego permite al usuario buscar, capturar, luchar y comerciar con Pokémon escondidos en el mundo real. Al menos una persona ha completado el juego: el usuario ftb_hodor consiguió llenar su Pokédex después de recorrer 153,2 km, atrapar a 4.269 Pokémon e incubar 303 huevos. Terminó el juego en 2 semanas tras cazar un Omanyte y evolucionarlo a Omastar. En total tiene 142 Pokémon diferentes, todos los que están disponibles en USA. Le faltarían 9 para completar la primera generación, pero o no existen aún en el juego o son exclusivos de otras regiones. Él ha invertido más de 50 horas a la semana para llegar al nivel 31 y completar el juego.

El Pokémon fue popular por primera vez en la década del ’90, cuando salió en el Nintendo Game Boy, integrándose a una tradición importantísima en Japón conocida como “kawaii”: el culto a las cosas encantadoramente infantiles, que también ha dado a luz a personajes tales como Hello Kitty y a los emoticones que usamos para expresar nuestros sentimientos en las redes.

El Gobierno japonés ha adoptado el fenómeno utilizando personajes "kawaii" como mascotas nacionales, considera el "kawaii" uno de sus principales bienes culturales de exportación, y hasta tiene embajadores "kawaii" para difundir la tendencia hacia el resto del mundo.

Nippon Airways hasta tiene algunos de sus aviones pintados con personajes de Pokémon tales como Pikachu. Pero no siempre fue así: el estilo "kawaii" comenzó como una contracultura entre las adolescentes japonesas de los ’70 hasta antes de convertirse en insignia nacional.

Una rebelión contra las estructuras de la sociedad japonesa

A esta altura, en que muchos daban por muerto a Pikachu, el bichito tierno revivió con más fuerza que antes para volver a seducirnos con uno de los rasgos característicos de la cultura japonesa: el deleite en las cosas encantadoramente infantiles o cosas “chuchi” (que nos dan ternura).

Según la psicología evolutiva, estos objetos y personajes tienen un efecto en nosotros similar al que nos produce la cara de un bebé o los cachorros de un gato (así lo explica Sophie Knight en la revista Foreign Policy en una nota titulada “Qué tienen en común Pokémon, las adolescentes japonesas punk y la cocaína”.)

Las cosas tiernas, infantiles y adorables que trae el estilo "kawaii", lejos están de ser una moda pasajera o insignificante en Japón: comenzaron en la década del ’70 como una forma de rebelión contra las estructuras de la conservadora sociedad japonesa, y con el tiempo han tenido influencia en el entretenimiento japonés, la cultura pop, los juguetes, la caligrafía, la forma de hablar, la comida, la ropa, y a veces hasta el comportamiento de la gente.

“Hay una respuesta simple a porqué el juego móvil Pokémon Go ha resultado tan adictivo: es que los Pokémon están diseñados para ser adictivamente bonitos. Las millones de personas corriendo por ahí intentando atrapar a los bichitos animados son las últimas víctimas de un culto a las cosas chuchi – un culto que, al igual que Pokémon mismo, tiene sus orígenes en Japón. Y es a Japón a donde debemos mirar si queremos entender el trasfondo más oscuro del culto”, escribió Knight en Foreign Policy.

Kawaii: una forma de escapismo indulgente

La estética "kawaii" nació como una reacción a la cultura japonesa tradicional, que pone el énfasis en la responsabilidad, la fortaleza y el dominio sobre sí mismo del individuo. El "kawaii" representa una alternativa a eso en la forma de un escapismo indulgente.

El "kawaii" celebra lo dulce, lo adorable, lo inocente, lo puro, lo simple, lo suave, lo vulnerable, lo débil e ingenuo. Hoy es una tendencia del 'mainstream' japonés, aunque nació como contracultura en la década del ’70 y según Knight, fue el corolario japonés a la cultura punk de Gran Bretaña.

“Al contrario de los adolescentes occidentales, que usualmente se rebelan adoptando los hábitos y las actitudes de gente más grande –fumar, beber, hacerse piercings y tatuajes- para tratar de zafarse de la autoridad parental y de la sociedad, las adolescentes japonesas actuaban como niños para posponer la desolación de la adultez y el estrés que la acompaña y permanecer para siempre en un idilio a la Peter Pan”, escribió en Foreign Policy.

Concretamente, el estilo "kawaii" empezó siendo una forma “retorcida” de escribir. ¿Qué quiere decir esto? Las adolescentes japonesas de los ’70 comenzaron a hacer dibujitos tiernos para adornar los caracteres de su escritura, algo rechazado por los maestros ya que volvía a la caligrafía casi incomprensible.

La escritura japonesa tradicional es vertical y varía en su grosor. Cuando se comenzaron a utilizar lápices de minas, los trazos caligráficos eran finos, por lo que las adolescentes comenzaron a agregar pequeños dibujos bonitos para hacer parecer a los caracteres más grandes y redondos. Estos caracteres eran muy difíciles de leer, por lo que fueron prohibidos en las escuelas.

En los años '80, sin embargo, ese estilo caligráfico había sido adoptado por las revistas y los libros de cómics así como por la publicidad y el empaquetamiento de productos. Esta resistencia a las instituciones del lenguaje se extendió también al habla: las adolescentes tomaron la costumbre de hablar como bebés, y luego vino la ropa: comenzaron a vestirse como criaturas. Todas formas de desobedecer a sus maestros y a la sociedad en general, que se empeñaba en moldearlas en adultos responsables, maduros y serios, según la antropóloga Sharon Kinsella.

Un “slang” de palabras infantiles invadió Japón

“Es interesante notar que el estilo de lo chuchi no empezó en los medios masivos, frecuentemente criticados por empezar todas las tendencias de la cultura joven, y de ejercer un virtual control mental sobre la gente joven. Más bien, empezó como una tendencia literaria subterránea entre la gente joven que desarrolló el hábito de escribirse cartas en un estilo infantil entre sí o a sí mismos”, escribió Kinsella en una investigación que realizó, titulada “Lo bonito en Japón”.

La tendencia coincide con la adopción de palabras en inglés y francés por parte de la juventud japonesa, señal de que se estaban rebelando contra la cultura japonesa tradicional e identificándose con la cultura europea que imaginaban como más divertida.

“Al escribir en un nuevo y bonito estilo, era como si la gente joven había inventado un nuevo lenguaje en el que de repente podían hablar libremente en sus propios términos, por primera vez. Esto les permitía tener una relación íntima con el texto y expresar sus sentimientos a sus amigos más fácilmente. A través de la caligrafía bonita, la gente joven hacía el japonés escrito –considerado el eje esencial de la cultura japonesa – suyo”, escribió Kinsella.

Al mismo tiempo que los jóvenes japoneses hacían suyo el lenguaje escrito, comenzó a circular un “slang” de palabras infantiles a través de la nación.

El término “kakkoii”, por ejemplo, que significaba bueno o cool, se deformó hacia una forma infantil y pasó a decirse “katchoii”, como si se tratase de un niño intentando pronunciar la palabra. “La caligrafía bonita es fuertemente asociada con la moda de hablar como bebé, actuar de manera infantil y utilizar ropa infantil y virginal”, explica Kinsella.

Conejos animados adornando recordatorios de chequeos médicos

El "kawaii", que empezó en Japón como una rebelión, se ha convertido con los años en statu-quo. Kinsella explica que entre la década del ’70 y la del ’90, el estilo “chuchi” saturó los medios y los bienes y servicios de consumo, siendo su máximo pico la década del ’80.

En 1992, un estudio realizado arrojó que la palabra "kawaii" era la más usada y amada por los japoneses. Respecto del origen del término, Kinsella explica que el concepto ya aparece bajo el término “kawayushi”, en diccionarios impresos desde la Era Taisho (principios del 1900) hasta 1945.

En los diccionarios impresos después de la guerra y hasta 1970, “kawayushi” cambió a “kawayui”, pero el significado de la palabra se mantuvo igual.

Kawaii es una derivación de un término cuyo significado principal era “tímido” o “vergonzoso”, y los significados secundarios eran “patético”, “vulnerable”, “querido”, “adorable” y “pequeño”. De hecho, el sentido moderno de la palabra todavía tiene matices de “lastimoso”, mientras otro término derivado directamente de este significa “patético”, “pobre”, “lastimoso”. Hoy, el kawaii ha sido adoptado por toda la sociedad japonesa.

Tarjetas de crédito, comidas y hasta esponjas de lavar los platos son comercializados mejor si se los decora con imágenes al estilo "kawaii". Japón hasta imprime caricaturas de conejos bonitos en recordatorios de chequeos de cáncer, advertencias de tsunamis y folletos de aseguradoras, explica Knight de Foreign Policy.

“Al ojo del extranjero, esto parece inyectar una levedad desconcertante a asuntos serios. Pero en Japón, hoy se cree que las cosas bonitas son completamente prácticas; el "kawaii" se usa para hacer asuntos sombríos más accesibles y fáciles de digerir. Se cree que es mucho más probable que los adultos se hagan una prueba de Papanicolau o renueven su seguro si un conejo animado les está implorando que lo hagan”, escribió Knight.

Las compañías afuera de Japón también se han comenzado a dar cuenta de los beneficios del "kawaii". En los últimos años, las compañías de autos han empezado a sacar modelos de autos “chuchi”. Hasta Google, que sacó un prototipo de auto que se maneja solo, lo diseñó en forma de koala bebé -quizás para disimular el hecho de que se trata de un dispositivo robótico potencialmente letal, aclara Knight-.

Ídolas "kawaii": las gemelas de 100 años Kin y Gin

Al igual que el punk británico tuvo a Sid Vicious, explica Kinsella, el "kawaii" japonés tuvo a Matsuda Seiko, que entre 1980 y 1988 se volvió la reina y prototipo para toda un nueva industria de ídolos pop kawaii en Japón.

Matsuda no tenía pechos y era chueca, aparecía en televisión usando ropa de niños, se sonrojaba, lloraba a menudo frente a la cámara y tenía una risa pícara.

Cada uno de sus 23 singles, lanzados entre 1980 y 1988, se volvió un N°1.

“Matsuda ganó su popularidad siendo infantil –escribió Kinsella-. Publicó varios libros para sus fans, llenos de caligrafía grande y con garabatos, palabras simples y poemas ‘reconfortantes’ (…).”

Siguiendo el ejemplo de Matsuda, la mayoría de los ídolos japoneses de los ’80 fueron lanzados para volverse famosos entre los 14 y los 16 años.

En 1991, sin embargo, Japón se enloqueció por un nuevo fenómeno: las hermanas gemelas de 100 años, Kin y Gin (Kinsan Ginsan), que aparecían frecuentemente en 'talk shows' en la televisión, y cuyos rostros estaban impresas en todo tipo de merchandising. Kin y Gin eran ancianas dulces y frágiles, que tenían una forma anticuada de expresarse como nenas y estaban un poco idas. Los japoneses las describían al mismo tiempo como "kawaii" (tiernas) y "kawaiso" (pobrecitas).

“El caso de Kin y Gin ilustra que, a pesar de que lo bonito se trataba principalmente de lo infantil, un sentido de la debilidad y la discapacidad –que son parte de la infantilidad- eran un elemento muy importante de la estética bonita. De hecho, bonito y lastimoso eran la misma cosa”, escribió Kinsella.

“Los niños, los animales bebé y las ancianas frágiles son modelos naturales de lo bonito, y los personajes chuchi producidos por la industria de los bienes sofisticados eran deliberadamente diseñados para ser físicamente frágiles, emulando a los miembros débiles de la sociedad.”

Los personajes chuchi del estilo kawaii, como Pokémon o Hello Kitty, suelen no tener no dedos ni boca, además de que en general poseen enormes cabezas y ojos (para no poder esconder ningún pensamiento del público), nunca tienen nada entre las piernas, y estas suelen ser hinchadas; si tienen pies, parecen los de un pichón.

“Las cosas bonitas no pueden caminar, no pueden hablar, no pueden de hecho hacer nada por si mismos porque están físicamente discapacitados”, escribió Kinsella.

El kawaii es pre-social

El estilo kawaii “es anti-social; idolatra lo pre-social”, afirma la antropóloga. “Al sumergirse en el mundo pre-social, conocido también como infancia, la moda kawaii alegremente ignora o rotundamente contradice valores centrales a la organización de la sociedad japonesa y el mantenimiento de la ética de trabajo. Al actuar infantilmente, la juventud japonesa intenta evadir la demanda moral de los conservadores de que ellos ejerciten” la auto-disciplina, la responsabilidad, la tolerancia a condiciones severas de trabajo para cumplir con sus obligaciones a la sociedad.

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