REDISEÑO & MEMORIA

Diario 'Río Negro' o un viaje en la máquina a través del tiempo

El interés de los lectores de diarios y revistas es motivo de investigaciones frecuentes de los editores desde hace años, mucho antes que naciera la internet e inclusive antes que aparecieran los 'anabólicos' (sorteos, enciclopedias coleccionables, videos de obsequio, club de lectores, tarjetas de descuentos, promoción de 2x1, etc.). Por supuesto que mucho depende del universo sociocultural al que se apunta, de los recursos financieros y humanos que se tienen y del tiempo disponible para la edición del material. Pero también es verdad que la información es la información, y no hay cómo reemplazarla ni sustituirla. Quizá, tal como todo en la vida, depende del equilibrio. Pero es muy interesante el debate, en los que hay 4 opinadores bien diferentes: los periodistas, los diseñadores, los accionistas y los lectores. Bienvenida la polémica. Y como aporte aquí va una, a propósito de cierta información que difundió el boletín interno de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas, que no incluye a los integrantes de la inminente Cámara de Periodismo Digital.

El periodista y escritor Claudio Andrade, oriundo de Puerto Natales, Chile, fue una de las principales y más reconocidas plumas del diario Río Negro en los '90 y parte del 2000, hasta que el director Julio Rajneri se fue apartando de la conducción del matutino y con él se fue vaciando el histórico contenido que caracterizaba a las ediciones. Arregló su desvinculación y se radicó en San Carlos de Bariloche, desde donde se convirtió en corresponsal de Clarín, destacado por las notas originales que descubre entre las noticias de rutina.

Hace unos días le tocó ir a General Roca, que es donde funciona la redacción central del diario regional y desde donde se imprime la totalidad de la tirada que circula a lo largo y a lo ancho de las provincias de Río Negro y Neuquén. Contó su experiencia en la página de Facebook y participó del comentario a todos los actores que rodean al diario. Sería la contracara de lo que expresan los directores de ese matutino, de La Voz y Los Andes en la newsletter de ADEPA, que damos aparte.

Es un texto imperdible:

" El fin de los diarios en papel. ¿Cuánto se ha dicho ya? ¿Cuántas toneladas de tinta se derramaron como lágrimas ante este hecho que parece irrefutable? No seré yo quien deje caer otra gota salada sobre un océano bien provisto.

Pero una imagen, más que una fotografía, me llevó de viaje al pasado y, de vuelta, al futuro. Como subido a una calesita. Hace unos días una parte del Directorio del diario Río Negro inauguró el nuevo diseño gráfico y web del tradicional matutino. Lo hizo en la planta impresora que está pegada a la redacción central. Entonces, esa imagen, publicada en el diario al día siguiente, me impulsó a recordar a otra que debe tener 30 años o más, de cuando el ex director Julio Rajneri inauguró los nuevos equipos off set. Los mismos que se utilizan mientras escribo estas líneas. Desde ayer que busco aquella otra fotografía. La rastré en mi libro de los “100 años” del diario (del cual escribí un par de capítulos, faltaba más) y en las postales del recuerdo del diario que hay en Facebook. Pero nada. Yo sé que la fotografía fue tomada y existe. Lamento no poder compartirla con ustedes.

Me llamó la atención la similitud de las imágenes. Dos hechos tan distintos y que hablan de cosas tan distintas también, convergiendo en la misma planta. En aquellos años, fines de los 70, principios de los 80, imagino, bajar hasta la planta tenía un sentido único y definitivo: Río Negro se convertía, gracias a la tecnología mecánica, en un diario contemporáneo. Daba de este modo un salto cualitativo y cuantitativo porque, con el paso de los años, alcanzaría ventas históricas que llegarían a los 30 y 35 mil ejemplares por día. Los fines de semana se dijo que llegó a vender hasta 60 mil ejemplares. Hoy debe andar por los 19 mil.

Pero esta nueva foto, actual, puesta en la planta, suena a confusión. La confusión que deben tener los miembros de ese Directorio que durante décadas no participó del quehacer cotidiano de la redacción. Los últimos 40 años, el diario tuvo la impronta exclusiva de Rajneri. Y fue una impronta magnífica en varios sentidos.

Y disculpen si agrego que el diario de hoy me parece mucho menos combativo que el que caracterizó Rajneri. El gobernador actual, Alberto Weretilneck, puede dormir la siesta tranquilo sabiendo que Alicia Miller no lo tiene entre ceja y ceja; o que Eduardo Gilimón (un seudónimo) se perdió en algún restaurante de Viedma, y ya no nos relata los pormenores picantes de la política.

No digo que no sea un buen diario. Solo aseguro que le falta aquello que lo hacía un gran diario: ser opositor, constante y agudo. Pero esa es otra historia (¿o es la misma?)

Hablar de nuevos vientos, de rediseño y de renovación desde la planta impresora del diario, apretando los mismos botones que apretó Julio Rajneri, para dar comienzo a otra época, con otro sentido comunicacional, es un error. Un error generacional y de perspectiva. Es no entender lo que ha ocurrido en el planeta en los últimos 10 años. Es haberse quedado en el tiempo.

Rajneri fue un visionario. Vio en el diario un negocio cuando todos lo entendían como un producto casi vecinal. Descubrió un instrumento de poder mientras para el resto era apenas una forma de influir en la cocina política de una que otra intendencia. Convirtió el diario en algo más que un diario, en un hecho social. Como debe ser. También se adelantó al proceso millonario que se gestaba detrás del cable e impulsó, sin dudarlo, el paso siguiente del diario papel al diario en internet. Después se fue. Partió a un proyecto personal y hoy es una figura que en algún momento se convertirá en mitología pura.

El diseño del diario web es interesante, cuidado y pulcro. No es innovador, no es dúctil y no es revolucionario. Pero este último no es un pecado que no puede achacársele. Después de todo, los periodistas todavía andamos a tientas en materia web. Lo que sí se puede subrayar es que el diseño papel importa mucho menos. Este no es un tiro por elevación a la dirección periodística actual. Los conozco, los respeto y he trabajado con ellos. Es un flechazo directo a su Directorio, sus propietarios. No hablo en medias tintas. Lo digo como lector, como comprador. Para que se despierten o dejen espacio a sus profesionales en la foto.

Si había algo para inaugurar debió hacerse sobre todo en la redacción, con la presencia estelar de los periodistas que desde hace años vienen probando cosas en la web sin que sean demasiado destacados. En los últimos años, Río Negro emitió documentales, programas de radio, galerías, recitales. Todo esto desde su sitio y por iniciativa de jóvenes periodistas que no figuran en los créditos.

Me he extendido demasiado. A esta altura ya se me acabaron los fósforos y no puedo continuar encendiendo mi pipa. Un signo irrefutable de que yo también soy parte del pasado”.