WALTER VEITH

ABC de la alimentación saludable (que apunta a la longevidad)

Más de 640 millones de personas en el mundo son consideradas obesas y actualmente hay más gente con sobrepeso que con peso bajo, según un análisis de tendencias del índice de masa corporal (IMC). Es un alarmante aumento en las tasas de obesidad en los últimos 40 años significa que el número de personas con IMC de más de 30 ha subido desde 105 millones en 1975 a 641 millones en 2014, según el estudio. Más de 1 en 10 hombres y 1 en 7 mujeres son obesos. Es buen momento para hablar sobre alimentación. Y para aprender a preparar alimentos saludables. Es más: el lunes 05/04 y hasta el miércoles 07/04, habrá un recomendable y gratuito Curso de Cocina Saludable en Estanislao del Cambio 1542 (Florida, Vicente López, GBA). En tanto, para comprender el alcance de la propuesta, aquí van conceptos de una conferencia del profesor Walter Veith:

por WALTER VEITH

El IMC (índice de masa corporal ) se calcula al dividir el peso de una persona en kilos por su altura en metros al cuadrado y es un indicativo de si la persona tiene un peso saludable. Un registro de IMC por encima de 25 es sobrepeso, por arriba de 30 es obesidad y si supera los 40 es obesidad mórbida.

El estudio, divulgado en la publicación especializada en medicina The Lancet, involucró a la Organización Mundial de la Salud (OMS) y a más de 700 expertos de todos el mundo. Analizó información sobre peso y altura de casi 20 millones de adultos de 186 países: en las últimas 4 décadas, el IMC promedio en los hombres aumentó a 24,2 desde 21,7, y en las mujeres subió a 24,4 desde 22,1. Esto equivale a que la población mundial subió 1,5 Kg. por década, dijeron los científicos.

Los médicos dijeron que si esa tendencia global continúa, un 18% de los hombres y el 21 % de las mujeres serán obesos para el 2025.

"Esta epidemia de obesidad severa es demasiado extensa para ser abordada solo con medicamentos como los que hacen bajar la presión o los tratamientos para la diabetes, o con unos kilómetros extra de bicicleta", dijo Majid Ezzati, profesor de la escuela de salud pública del Imperial College de Londres.

Ezzati dijo que para lograr una diferencia real se necesitan medidas globales coordinadas, incluyendo abordar el precio de los alimentos sanos versus los perjudiciales, o gravar comidas con mucha azúcar y un alto grado de procesamiento. Esto supone un gran desafío para la concientización de las personas, y la información sobre sus mejores opciones.

Al respecto es muy interesante el aporte del profesor sudafricano Walter Veith:

En los años '60 en Japón no se conocía el cáncer colorrectal tal como en Occidente, donde se llegó a creer que los japoneses eran genéticamente diferentes y por ese motivo no sufrían esas enfermedades. Pero al llegar a mediado de los '80, los japoneses alcanzaron los valores del Reino Unido.

¿Se modificaron los genes? ¿O cambió algo diferente? Si vemos las estadística de las mujeres vemos el mismo tipo de escenario, quedando un poco detrás de los hombres, pero con similar tendencia básica en el curso de 15 años.

No fueron los genes lo que cambiaron sino la alimentación. La sociedad japonesa incorporó estilos de vida occidentales, en especial importados de USA, y así asimiló iguales enfermedades.

Si consideramos las 10 enfermedades que causaron más muertes en USA en 1995, el liderazgo era cardiovascular; luego el cáncer; más abajo las enfermedades crónicas pulmonares, accidentes, neumonía, diabetes, SIDA, suicidios, esclerosis del hígado, insuficiencia renal y otras.

Sin embargo, los mayores asesinos fueron los problemas de corazón y vasos sanguíneos: casi 1 millón de personas murieron ese año por esa enfermedad, y la mitad por la siguiente. Evaluando los motivos y los factores, la mala alimentación  y la falta de ejercicios físicos son la causa principal de esos fallecimientos. Luego, el tabaco. Más abajo, el alcohol. Después las enfermedades infecciosas transmitidas, en gran parte, por lo que comemos. Conclusión: las 4 principales causas tienen que ver con el estilo de vida. Detrás vienen los agentes tóxicos, armas de fuego, conductas sexuales….

Si cambiaríamos nuestro estilo de vida, habría una gran diferencia en la evolución de esta tendencia.

Hay 7 factores que aportan a la longevidad. El N°1 es el no fumar. El N°2 es el descanso suficiente (de 7 a 8 horas). También desayunar todos los días. La gente con estilo en vida estresado tiende a saltarse el desayuno porque no tienen tiempo suficiente y andan precipitándose en la mañana, haciendo del almuerzo y la cena sus comidas principales. No comer entre comidas es otro factor. También mantener un peso mediante el hábito de ejercicio, un consumo moderado o nulo de alcohol. Son factores que la ciencia ha promovido para intentar la longevidad.

Otra estadística interesante nace de la pregunta: ¿Cuántos pacientes son asesinados por sus dietas curativas?

Es un estudio que se realiza en todo el mundo. Una investigación publicada en una revista científica del Reino Unido afirma que, cada año, 70.000 muertes y casos de graves discapacidades se producen por la medicación que prescriben médicos, y ahí tenemos la 3ra. causa de muerte en el mundo industrializado, consecuencia de la incompatibilidad de los medicamentos recetados por los médicos a sus pacientes.

Resultaría una idea sabia, si uno viviese sano, no tener que consumir medicamentos. Algunas veces, la medicación es sumamente esencial para sobrevivir. Por ejemplo, un antibiótico cuando se padece una grave infección, aunque un antibiótico equivocado pueda producir la muerte.

Un factor importante en la investigación moderna es la investigación de radicales libres, partículas o sustancias químicas cargadas que crean daño oxidante, y podemos limpiarlos teniendo los componentes adecuados en nuestras dietas.

Las pastillas de vitaminas no evitan el cáncer, y en un artículo de una revista de investigación se declara que consumir suplementos con beta caroteno no equivale a comer una dieta rica en frutas y vegetales. Dicho de otro modo: la gente hoy en día tiene un estilo de vida bastante acelerado, que provocan una dieta de comidas rápidas, un menú que, probablemente, elimina o limita la ingesta de verduras y por ese motivo se llega al consumo de suplementos dietarios que aporten lo que deberían suministrar los vegetales.

De esta forma, en todo el mundo, las sociedades contra el cáncer se dieron cuenta que para prevenir la enfermedad en una sociedad sana era imprescindible consumir alimentos de color amarillo, ricos en beta caroteno, porque es el agente que previene el cáncer. Decidieron hacer una tableta con beta caroteno y decidieron venderla como medida preventiva para el cáncer.

La prueba inicial fue con personas fumadoras, a quienes se les vendía productos que “prevenían el cáncer”.

Afortunadamente en alguno de esos países está prohibida la venta de productos que dicen prevenir el cáncer sin una prueba científica que lo demuestre. De esta forma se realizaron 2 estudios científicos:

> el estudio finlandés, y

> el estudio CARET,

ambos realizados en base a darles a pacientes fumadores extracto de beta caroteno para prevenir el cáncer pulmonar.

El estudio fue realizado durante un período de 10 años, convencidos que quienes consumieron beta caroteno estarían protegidos contra el cáncer.

El estudio finlandés fue detenido al cabo de 8 años ya que los pacientes que recibían el beta caroteno tenían más tendencia a contraer cáncer que los que no consumían.

El otro estudio (CARET) fue detenido en su 4to. año, porque el análisis estadístico llegó a las mismas conclusiones que luego llegaría el finlandés.

¿Qué ocurrió? No sólo se precisa el beta caroteno. El ingerir verduras u otros alimentos naturales no sólo nos aporta el beta caroteno, que supuestamente previene el cáncer, sino otros agentes que incorporan otros nutrientes entre 20 y 50 veces.

Analizando los alimentos naturales, podemos distinguir los fitoquímicos (químicos naturales) y dentro de estos existen los fitoestrógenos, cuya deficiencia en la dieta produce riesgo de cáncer. Estos son similares a los estrógenos de la mujer, pero no son lo mismo.

A una mujer en su menopausia se le recomienda fitoestrógeno sintético para compensar la pérdida de estrógeno. A causa del incremento del cáncer de mama se ha descubierto que puede resultar cancerígeno.

Por otro lado, los fitoestrógenos naturales ayudan a prevenir este cáncer así como también el de próstata, el daño oxidativo causado por tumores y muchos otros males como osteoporosis, alzhéimer, demencia, entre otros.

Los fitoestrógenos son más eficaces en el bloqueo de la parte incipiente de estos males más que en el comgate de sus etapas más avanzadas. Un estudio realizado por el Ejército de USA revela que los fitoestrogenos bloquean el crecimiento de células de piel cancerígenas, llamadas melanoma B16.

Otros estudios dieron los siguientes resultados: la ingesta de fitoestrógenos ayuda a prevenir la formación de colesterol malo (LDL), ayudan a mantener la flexibilidad en las venas y arterias y ayudan a mantener el calcio en el cuerpo.

Una pregunta lleva a otra: ¿cuánta proteína es necesaria ingerir?

La Organización Mundial de la Salud indica que los adultos necesitan 0,75 kilogramo de proteína diaria. Es habitual que las personas consuman más proteína de la que necesitan, generando un problema: la proteína contiene nitrógeno.

Cuando se consume proteína, el cuerpo la asimila como propia, pero al no necesitar más, el cuerpo no la asimila y no puede “almacenar” proteínas tal como sí lo hace con las grasas: por este motivo el cuerpo tiene que cambiar esa proteína por grasa o hidrato de carbono, lo que significa que tiene que expulsar el nitrógeno que se mezcla con amoníaco -que es tóxico-, convirtiéndolo en urea, a través de los riñones.

El comer demasiada proteína termina dejándonos en el cuerpo una carga tóxica mayor. Por ese motivo se recomienda comer más hidratos de carbono integrales, los cuales no hacen engordan a las personas como si lo harían los hidratos de carbono refinados.

Otro problema relacionado consiste en que el sulfato de la proteína tiene que salir como ácido sulfúrico, con lo que se genera un sistema ácido que se tiene que combatir mediante la liberación de calcio en los huesos.

La diferencia entre proteína vegetal y proteína animal radica en la cantidad de aminoácidos.

La proteína animal contiene mayor cantidad de aminoácidos, que contribuyen a la pérdida de masa ósea, aumentando el riesgo de fractura en mujeres postmenopáusicas. Sucede que ciertos aminoácidos son ricos en azufre, lo que da lugar a mucha acidez en el organismo.

Las proteínas vegetales contienen cadenas de aminoácidos mucho más ramificadas y son más fáciles de digerir. Esto influye en la acidez del estómago, porque producen mayor nivel de ciertos aminoácidos llamados arginina y laricina en la sangre, que ayudan a proteger de la obstrucción de las arterias y a eliminar colesterol malo.

Otra gran pregunta:  ¿dónde consigo el calcio?

Investigaciones varias concluyeron que en la leche vacuna sólo se absorbe el 25% del calcio. La leche humana, aún teniendo menor calcio, es de mayor absorción. Las hojas de col verde o las semillas de sésamo son una gran fuente de calcio.

Cuando uno ingiere alimentos con alta carga ácida se genera una respuesta hormonal que provoca problemas con el calcio, y se manifiesta en orina y saliva ácida.

El ingerir alimentos vegetales, como el poroto o los brotes de soja, combaten la acidez haciendo que la orina, saliva y haces de las personas sean menos ácidas.

Otro estudio revela que el ingerir caseína como suplemento no ayuda a la absorción de calcio, sino que este es eliminado casi directamente, en comparación a una dieta con soja.

El cuerpo se protege de las emisiones de ácido gracias a que la medula es el depósito de carbonato de calcio que entra en el torrente sanguíneo para neutralizar el ácido, que se elimina mediante la orina. En ciertos casos se libera una cantidad de calcio tan elevada que los riñones no lo pueden ni ocultar ni eliminar.

¿Cómo se deshace el cuerpo de semejante sustancia? Depositándola en las articulaciones, lo que provoca rigidez, dolores y enfermedades artríticas.

¿Cómo es que los fitoestrógenos ayudan a fortalecer los huesos? Igual que los estrógenos, hacen que los osteoclastos sean menos activos, a causa de un compuesto llamado genisteína, la que impide que el hueso se disuelva a sí mismo. Muchos estudios confirman que la genisteína es tan efectiva en prevenir la perdida de huesos como el Premerin, el medicamento prescrito más común por los doctores para mujeres postmenopáusicas.

La fuente más alta de genisteína es la linasa. La mejor forma para no eliminar su contenido es moliéndola y sumándola a las comidas. En un estudio realizado en Australia, donde se debatió acerca de la osteoporosis, mujeres posmenopáusicas tuvieron un aumento del 5% de mineral de hueso al ingerir 45 gramos de soja por día, durante 3 meses, así como también otro estudio mostró que el ingerir leche de soja previene la pérdida del hueso de la columna vertebral en mujeres mayores.

Los fitoestrógenos son capaces de hacerse pasar por estrógenos debido a su forma molecular similar. Aún así hay importantes diferencias en la manera en que funcionan ya que estos son más selectivos en donde “actuar” y elegir los receptores donde colocarse: los huesos, el cerebro y las articulaciones.

Existen 2 tipos de receptores de estrógeno: alfa y beta. Los estrógenos “actúan” por igual, pero los fitoestrógenos prefieren los betas, lo que es conveniente ya que están en los huesos, cerebro y arterias.

Según un estudio realizado con ratas, 2 grupos de la misma edad y con la misma dieta, excepto que un grupo comía lo que necesitaba, y el otro se alimentaba con todo lo que deseaba, llevó a finales distintos: éste último terminó viviendo la mitad que el otro.

En la sociedad occidental se ingiere en forma continua, generalmente comidas refinadas, que son alimentos desvitalizados, que impiden fortalecer el sistema inmunológico, causan diabetes y cáncer, o conducen a la obesidad.

Las ratas que son alimentadas con cancerígenos y carbohidratos tienen mejor índice de vida que aquellas que son alimentadas con cancerígenos y azúcares. Gracias a la industrialización, al maíz de trigo se lo procesa extrayéndole la harina blanca, el salvado y el germen.

De esta forma se fraccionan los nutrientes no sólo haciendo más precaria la ingesta si no que al carecer de las virtudes de sus otros componentes es fácil padecer problemas:

> la harina blanca produce estreñimiento y elevado nivel de glucosa, con los problemas que esto trae;

> el salvado, si bien ayuda al tránsito del desayuno, no está presente en las siguientes comidas; y

> el germen, al ponerlo en cremas y champús y tomar contacto con toxinas del cuerpo genera granos, forúnculos y otras reacciones.

El fraccionamiento alimentaria provoca que la comida rápida resulta un problema; y no sólo para las personas, sino a quien padece las bacterias intestinales, haciéndole engordar y provocando enfermedade intestitales o incluso cáncer.

Un estudio, muestra que cuando el consumo de carne crece casi 10 veces, los sulfatos de la orina se duplican produciendo pérdida de calcio y los sulfitos en las heces aumentan 10 veces también.

Esto significa lo siguiente: en el intestino humano existen ciertas bacterias que uno debe mantener saludables, si se tiene poca cantidad de bacterias debe ingerirse yogur, ¿pero que tipo de bacteria tiene el yogur?

Todo indica que después del destete ningún animal necesita esta lactobacteria, y aunque las lacto-bacterias son el mejor tipo de bacteria para ingerir, el tipo de bacteria que uno necesita es metanogenos.

Un estudio en la Universidad de Cambridge diferencia el tipo de bacteria intestinal dependiendo del tipo de alimento; teniendo una dieta fuerte en carne, uno tendrá bacterias sulfato-productoras las que producen sulfitos, que son toxicos. Si se alimenta con vegetales, uno tendrá bacterias metanogenas que producen metano. Para un intestino sano se requiere bacterias metanogenas: más fibra en la dieta menos concurrencia del cáncer de colon, así como también de diverticulosis.

El ingerir grandes cantidades de azúcar de golpe hace que el nivel de glucosa se eleve de la misma manera. Si no es derivada se alcanza un estado de coma, esto se deriva generando insulina inmediatamente, al ser las estas muy elevadas y rápidas, la glucosa al descender queda por debajo de los niveles iniciales antes de dispararse, esto de llama hipoglucemia.

Al tener una dieta rica en fibras -o beber jugos de fruta, los cuales contienen pectina-, las fibras se encargan del azúcar, haciendo que no crezcan tanto en la sangre ni los niveles de insulina. La fibra sujeta al azúcar a medida que pasa por el intestino, liberándola gradualmente. Lo que sucede cuando uno está hipoglucémico, primero son nervios, ansiedad, sudor, temblores, incremento en el ritmo cardiaco; por otro lado, más neuronal: confusión, somnolencia, debilitación, pérdida de concentración, disturbios visuales como doble visión y mareos. El azúcar al entrar en la sangre también daña los vasos sanguíneos por dentro, el endotelio.

Cuanto mayor es la cantidad de grasa en la dieta, mayor es la tasa de cáncer. USA y Canadá padecen las tasas más altas del mundo. Esta tendencia fue creciendo desde los años '40 y también refleja un decrecimiento en la ingesta de carbohidratos (ejemplo Reino Unido), llevando a la sociedad a la obesidad.

Basta con un simple cálculo para obtener el índice de masa corporal de una persona (el peso en kilogramos, dividido la altura en metros al cuadrado): por debajo de 17 hay problemas de nutrición; entre los 20 y 30 una persona se la considera saludable, casi sin riesgo de cáncer o diabetes. Pero al superar ese nivel, el riesgo es cada vez más elevado.

Superando el 40 de sobrepeso, uno se encuentra en gran riesgo de muerte, teniendo las mujeres más riesgo que los hombres. Dependiendo como se distribuye la cantidad de grasa en las mujeres tendrá mayor o menor riesgo de contraer cáncer de mamas, este riesgo será más elevado de distribuir la grasa en la parte superior del cuerpo y tres veces más bajo de ser distribuido en la parte inferior.

Por último, una dieta rica en carbohidratos tendrá mejores resultados energéticos: un estudio realizado a dos grupos de deportistas, grupo A con una dieta buena en carbohidratos, grupo B con dieta sin carbohidratos, muestra que al correr los días de entrenamiento el grupo A tiene un recupero energético sustentable con respecto a la perdida de éste como consecuencia del ejercicio: en otras palabras, recuperan lo que gastan, mientras que el grupo B sólo al cabo de 3 días sus valores energéticos de inicio del día son inferiores a los del 1er. día.

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