MURIÓ UN GRAN POETA

Horacio Ferrer se fue a componer más tangos con Piazzolla

Horacio Arturo Ferrer Ezcurra había nacido en Montevideo, el 02/06/1933. Falleció en la Ciudad de Buenos Aires, el 21/12/2014. Él fue escritor, poeta e historiador del tango. Compuso más de 200 canciones y escribió varios libros de poesía e historia del tango. Sus obras más conocidas fueron junto a Astor Piazzolla, tales como "Balada para un loco", "Chiquilín de Bachín" y la operita María de Buenos Aires. Fue simpatizante de Huracán en Argentina y Defensor Sporting en Uruguay. Y presidente de la Academia Nacional del Tango en la Argentina.

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). Poeta, escritor y compositor, Horacio Ferrer falleció hoy a los 81 años a raíz de una complicación cardíaca. El artista fue autor de algunas de las más memorables letras de tangos de Astor Piazzolla.
 
El deceso de Ferrer se produjo en el Santorio Güemes, en la ciudad de Buenos Aires. El legado de su obra se compone de canciones populares como "María de Buenos Aires", "Chiquilín de Bachín" y "Balada para un loco".
 
También, en 1990, compuso con Horacio Salgán otra obra clásica monumental: Oratorio Carlos Gardel para Orquesta Sinfónica, Coro Mixto, Solistas y Recitante. 
 
En 2007, junto a Raúl Garello, terminó de componer la ópera El Rey del Tango en el Reino de los Sueños.
 
El poeta había nacido en Montevideo (Uruguay) pero se había nacionalizado argentino. Y él fue presidente de la Academia Nacional de Tango.
 
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A los 34 años, publicó su primer libro de poemas, Romancero canyengue, libro que presentó recitándolo acompañado por el guitarrista Agustín Carlevaro. 
 
En 1970 escribió el Libro del tango: arte popular de Buenos Aires. Con más de dos mil páginas, es una de los estudios más profundos realizados sobre el tango.
 
Hacía 40 años (desde 1976) que vivía en el 8vo. piso del Hotel Alvear junto a su esposa, la artista plástica Lucía Michelli (la conoció en 1982, de quien dijo: "La mujer de la que soy el hombre. No digo mi mujer porque no la compré en un remate"). 
 
A ella le escribió, con música de Raúl Garello:
 
¿Te acordás del café La Poesía,
esa mágica noche en San Telmo?
Buenos Aires urdió nuestro encuentro,
tan romántica y dulce Lulú.
...
Y te amo, te amo, te amo,
perplejo en los milagros de tu juventud.
 
 
Instalado en el barrio de la Recoleta, reflexionó: "A mi me gustan las cosas de mucha calidad. Dentro de mis posibilidades he tratado de vestirme bien, de ser elegante como poeta, de mirar y asimilar en los viajes cosas que me parecen bonitas. Todo eso tiene que ver con la poesía, la belleza, el misterio".
 
Y luego escribió:
 
La Recoleta, Champs Élysées en porteño,...
Vos, fuiste un incendio de magnolias.
Yo, fui Jacques Prévert en Plaza Francia.
Y el desván que decoraba tu cariño,
calle Ayacucho mirando al río y su confín,
polvo de abril, alba de amor.
Por Recoleta va mi juventud
como un eclipse en un cuadrito azul
y el guante triste del adiós.
 
Algunas tardes recibía amigos o preparaba un programa de radio que co-conducía. Dentro de su rutina estaba salir a comer todas las noches con un sacerdote amigo. "Porque la vida es una fiesta y un día se acaba. Hay que disfrutarla con un ser amado, una canción, una poesía, una obra de teatro, una idea que uno se ponga a escribir. Es una fiesta la vida"
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Llegó al tango con sus letras locas cuando éste ya no podía darle la fama y la devoción popular que había derramado sobre otros creadores, que para entonces estaban muertos o se resignaban al ocaso. Pero se abrió paso de todas formas, y hasta logró ser el letrista adoptado por Astor Piazzolla, único vanguardista que no desdeñó el tango canción. Por momentos consiguió conectar con esas grandes masas ya alejadas del género, y le regaló a Piazzolla la multitudinaria repercusión popular que le había faltado. De todas formas, nunca incurrió en una lírica directa y plana, empecinamiento por el que todo artista paga un precio. Creador de una obra incesante, aplaudida o rechazada, ha sido y es el letrista más resuelto a escribir versos nuevos cuando ya todos los versos del tango parecían haber sido escritos.
 
Horacio Ferrer vio la luz en un hogar montevideano impregnado de arte. De muy niño escribía ya versos, obras para títeres y, algo después, milongas que cantaba, acompañándose en guitarra, para sus amigos del barrio en el sótano de un almacén. Quien le enseñó a sacar tangos de oído en la guitarra fue un tío materno que vivía en Buenos Aires, en la margen occidental del Río de la Plata, adonde viajaba con sus padres frecuentemente. Fue ese mismo tío quien le haría conocer la noche porteña, con toda su galería de personajes bohemios.
 
Sus primeros tangos surgieron a comienzos de los '50, apareciendo en ellos la temática y el estilo por momentos surreal de sus obras posteriores. Con amigos de la carrera de arquitectura y el coleccionista Víctor Nario inició en Uruguay un programa radial semanal: Selección de Tangos, desde el cual se propuso defender a las resistidas tendencias vanguardistas. De esa audición insurgente nacerá en 1954 El Club de la Guardia Nueva, que organizaba conciertos con Aníbal Troilo, Horacio Salgán y el revolucionario Octeto Buenos Aires de Astor Piazzolla. A éste lo conoció en 1955, al regresar Astor de Francia. Ese encuentro alcanzaría gran trascendencia.
 
Ferrer redacta, ilustra y dirige durante siete años la revista Tangueando, mientras sus versos y sus tangos permanecen inéditos. En esa misma época, entre 1956 y 1959, estudia bandoneón y comparte una pequeña orquesta. Durante este último año publica su primer libro El Tango. Su historia y evolución, editado por la casa Peña Lillo. Por las dos ondas del SODRE, la radio oficial uruguaya, pone en el aire hasta 1967 ciclos orgánicos sobre la evolución del tango. En lo sucesivo conduciría numerosos programas radiales y televisivos en las dos orillas del Plata.
 
Tras abandonar sus estudios de arquitectura ingresó como redactor a los suplementos del matutino montevideano El Día, y por pedido de Troilo escribió “La última grela”, tango con el que iniciara su trayectoria de letrista consagrado. Los años que siguieron abundaron en hechos significativos, y entre éstos la celebración del Primer Festival Universitario de Tango, con la participación de Piazzolla, Julio De Caro, César Zagnoli, Prudencio Aragón y otros.
 
En 1967 graba los poemas de su “Romancero canyengue” para el sello argentino independiente Trova, acompañado por la guitarra de Agustín Carlevaro. El disco provoca que Piazzolla lo invite a escribir juntos, lo que harán intensamente hasta 1973. Así surge, como primer gran fruto, la operita “María de Buenos Aires”, que en 1968 estrenan, en la sala Planeta de Buenos Aires, Piazzolla con su orquesta de diez músicos, las voces de Héctor de Rosas y Amelita Baltar, y el propio Ferrer como recitante en el papel de El Duende. Trova la edita en dos LP, mientras van surgiendo los primeros tangos del binomio, como el ya clásico “Chiquilín de Bachín” y “Juanito Laguna ayuda a su madre”, mostrando un claro compromiso social.
 
A lo largo de 1969 surge la serie de tangos llamados baladas, de los cuales “Balada para un loco” constituirá un éxito resonante, el primero auténticamente masivo que disfrutará Piazzolla. Entre varias obras en que Ferrer despliega su peculiar imaginario, con un lenguaje que lo distingue absolutamente de cualquier otro letrista (“Canción de las venusinas” y “La bicicleta blanca” son ejemplos de ello), sobresale “Fábula para Gardel”, una emocionada introducción al arte del genial cantor, con la poética excusa de un padre que le habla de él a su pequeño. En su estreno, el poema fue recitado insuperablemente por el propio Ferrer en el Luna Park de Buenos Aires, acompañado por ocho bandoneones y una gran orquesta bajo la batuta de Piazzolla, en una noche apoteótica. Aquellas producciones quedaron plasmadas en el disco Astor Piazzolla y Horacio Ferrer en Persona.
 
Entre un extenso número de obras, presentaciones y premios en varios países, Ferrer colaboró con importantes artistas del género, como Roberto Grela, Leopoldo Federico, Raúl Garello y Horacio Salgán, con quien en 1975 compuso el “Oratorio Carlos Gardel”. Al año siguiente escribió con figuras ya míticas del tango, como Julio De Caro (“Loquita mía”), Pedro Laurenz (poniendo versos a “Esquinero”), Armando Pontier (“El hombre que fue ciudad”), Osvaldo Pugliese (“Yo payador me confieso”) y Aníbal Troilo (“Tu penúltimo tango”).
 
Además de prolífico letrista (“Balada para mi muerte”, “El Gordo triste” y “El hombrecito blanco” son ejemplos de su poder creador), Ferrer es autor, entre otras obras, de El Libro del Tango, Arte Popular de Buenos Aires, cuya primera edición data de 1970. Sobre todo en su edición de 1980 en tres tomos (Antonio Tersol Editor), con más de dos mil páginas, es la referencia obligada de cualquier estudioso.