DESATINOS EN DEFENSA

Ignorante Puricelli frente a un peligro ambiental... ¡y no renuncia!

El ministro de Defensa, Arturo Puricelli, solicitó la separación de sus cargos de 2 jefes navales de la Armada Argentina con el objetivo de "favorecer el curso de la investigación" por el hundimiento parcial del ex destructor ARA Santísima Trinidad. En una nota dirigida al jefe de la Armada, almirante Daniel Martín, Puricelli ordenó separar al jefe de Mantenimiento y Arsenales de la Armada, contralmirante Alberto Francisco García Grigioni; y el titular del Grupo de Desafectación del buque Santísima Trinidad, capitán de navío Lorenzo Veccia. A Urgente24 esa decisión le merece un par de comentarios:

 

CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). La brutal confesión del ministro de Defensa de la Nación, Arturo Puricelli ("Yo de barcos no sé mucho"), no ha hecho más que reafirmar algo que intuyen todos los que de, una u otra forma, están relacionados con las Fuerzas Armadas: el ministro está pintado
 
Podrian ocurrirnos situaciones más graves (que seguramente pasan, solo que no todos los ministros son tan honestos como Puricelli). Imaginemos que, ante una epidemia, el ministro de Salud, Juan Manzur, afirma: "Yo de vacunas no conozco mucho", o que ante una hipotética... corrida bancaria, el ministro de Economía, Hernán Lorenzino, dijera: "Yo de bancos no 'manyo' nada". Ni hablar de que un desconocimiento similar se 'blanqueara' en Justicia, Seguridad, Desarrollo Social, Educación, etc.
 
Acerca de la pérdida de calificación que ha sufrido el gobierno del Frente para la Victoria desde 2003 a la fecha, bastante ya se escribió, aunque en el caso de Defensa, es difícil suponer que José Pampuro sabía más del tema que Arturo Puricelli... Deberá recordarse que la designación de Pampuro apenas fue 
 
> un agradecimiento de Néstor Kirchner porque le adeudaba, en parte, la Presidencia de la Nación, y
 
> una demostración de que le importaba poco o nada el presente y futuro de los uniformados.
 
Pero el bueno de Puricelli, además de no tener la menor idea de la diferencia entre un submarino, un aliscafo o un bote a remo, desconoce totalmente los riesgos que implica para el ecosistema marino, y por ende para la poblacion aledaña al mismo, el no obrar con premura para reflotar el destructor ARA Santisima Trinidad.
 
Seguramente, el ministro ignora que muchos de los materiales que aún conserva la nave -entre ellos, cientos de kilogramos de amianto para aislaciones térmicas-, son altamente peligrosos para la salud cuando se salen de control (como por ejemplo al entrar en contacto con el agua).
 
Hoy el mundo tiene en el desarmado de buques (especialmente los de guerra) un enorme problema, por lo complejo que resulta la tarea de desguace responsable de los mismos y, en especial, por el manejo de sustancias altamente cancerígenas como el asbesto (más conocido como amianto).
 
Don Arturo no solamente desconoce qué es un buque sino también que es una emergencia ambiental. De paso, en Santa Cruz los Kirchner nunca se interesaron en esa problemática. Peor aún: la ruptura entre Miguel Bonasso y los Kirchner desnudó el desprecio presidencial por el tema, en ocasión del debate sobre los glaciares en retroceso.
 
Pero lo del Santísima Trinidad es mucho más grave.
 
Puricelli podría darse una vuelta por USA y averiguar cuáles son los recaudos que se toman para desactivar un buque en condiciones sustentables.  Aprendería, tal vez, cómo se efectúa el vaciado de tuberías, el sellado de las tomas de mar para evitar averías similares a las que originaron el hundimiento del destructor insignia durante la Guerra de Malvinas... eventualmente él escucharía hablar de precintado de compartimentos, de neutralizado de hidrocarburos residuales y una larga lista de etc. etc., que hacen imposible que un buque "radiado del servicio" no requiera presupuesto de mantenimiento.
 
Una enorme demostración de ignorancia gubernamental pero así es como, temerariamente, ha anunciado en las ultimas horas el hombre que sin conocer de barcos (y, presumiblemente, tampoco de aviones, tanques, fusiles y cañones) tiene a su cargo la defensa de la República Argentina.
 
Isaac Newton dijo: "Lo que sabemos es una gota de agua, lo que ignoramos es el océano". Pues bien el ministro acaba -en su ignorancia- de montar un circo cimentado en una teoría conspirativa: aquella que confunde la total falta de interés gubernamental por las cuestiones militares (y la obvia consecuencia del relajamiento total de la disciplina y demas valores castrenses, provocando negligencias tales como el levantamiento de guardias y rondas de seguridad), con un sabotaje a gran escala para dañar la imagen de su jefa y benefactora política.
 
En ese marco, Puricelli acaba de tomar decisiones tan insólitas como peligrosas.
 
> Por un lado, mientras él aún desconoce porqué se hundió el barco, y mientras el sumario ordenado aún no tiene ni un solo folio, ya aplicó sanciones a dos oficiales superiores de la Armada (a cuenta de mayor cantidad).
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La seguidilla de desatinos, tiene su punto máximo en el particular hecho que el ministro se muestra cada vez mas convencido de un sabotaje pero considera resolverlo con un sumario administrativo encargado al jefe de la fuerza supuestamente saboteadora, en lugar de recurrir a la justicia para denunciar "el vil atentado contra propiedad de la Nación".
 
En verdad, Puricelli está intentando que no lo despidan por una sumatoria de desaciertos entre la fragata ARA Libertad rumbo a Ghana y el Santísima Trinidad hundido en su propio amarradero.
 
Seguramente él habrá consultado con el todólogo Sergio Berni (al fin y al cabo el secretario de Seguridad es militar y, por ende, su subordinado) y tomó medidas muy originales: le ordenó al jefe de la Armada que precinte las oficinas de los "sospechosos" y que las haga custodiar día y noche por militares obviamente subordinados a los propios sospechosos.  
 
> Por otra parte, él decretó una zona de exclusión en torno al "cadaver naval" y prohibió a civiles y militares acercase al buque.
 
Pasarán así los meses y el "Santísima Trinidad" tendrá tiempo suficiente para contaminar la rada de Bahia Blanca con el ya mencionado abesto, más restos de combustibles y lubricantes que guarda en sus entrañas. Asimismo, la acción de la corrosión terminará de borrar toda posibilidad de transformar la nave en un museo sobre la Guerra de Malvinas, tal como la Armada había prometido hace ya varios años
 
El propio ministro declaró que el destino del buque era convertirse en chatarra; no se explica entonces porqué desde hace 13 años se mantiene a flote en la base naval, siendo que si hubiera sido vendido, la Armada hubiera podido destinar el producido a la reparación de otras unidades navales
 
No más de $30.00 o $40.000 le costaría al Ministerio de Defensa contratar a un perito en máquinas navales que, con el buque a flote, dictamine las causas del siniestro (perito naval, no un perito de la Policía Federal porque no se trata de un crimen).
 
Hacer el mismo peritaje con el buque sumergido le costará a las arcas de la Nación, al menos 10 veces más.
 
Pero el ministro no sabe de barcos, no sabe que hay peritos navales, no sabe que el amianto contamina, no sabe como se saca de servicio una unidad naval y, por sobre todo, no sabe que sus subordinados -quienes al principio de su gestión ya se burlaban de él-, ahora directamente lo miran con lástima.
 
¿Habrá considerado el ministro -quien confesó que se le "cae la cara de vergüenza" por el suceso- hablar con la Presidente, tener un gesto digno y renunciar a su cargo?  ¿O será que en su ignorancia general tampoco sabe que ya tiene la puerta abierta?

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