PROBLEMAS CAMBIARIOS EN AMSTERDAM
Desventuras de un pesificado en puticlub holandés
Cristina Fernández se ha propuesto el objetivo de la pesificación. Un argentino decidió comprobarlo... y así le fue...
05 de junio de 2012 - 11:20
Un argentino de mediana edad, buena presencia, bastante divertido y con onda pendevieja consiguió zafar de Ricardo Echegaray y Mercedes Marcó del Pont, y llegó en viaje de placer a Amsterdam, ciudad de canales con menos olor que Venecia.
En verdad, él consiguió zafar porque parece que es un militante de La Cámpora, o amigo, convencido del discurso de Cristina Fernández en todos sus capítulos, incluyendo la pesificación que ha prometido la Presidente de los argentinos. Él estaba dispuesto a demostrar el alcance de la revolución cultural aun en mercados distantes. Y de Angola pasó directo hacia los Países Bajos.
El barrio rojo de Ámsterdam (Roze Buurt en neerlandés), conocido también como Red Light, es un barrio central de la ciudad holandes, formado por 3 distritos diferentes: De Wallen, el más famoso de ellos, Singelgebied y Ruysdaelkade.
La prostitución está regulada, y cada prostituta está obligada por ley a tener contratada una seguridad social privada, a pagar impuestos,previa declaración jurada.
La entrada a esas calles es abierta, algo que no ocurre, por ejemplo, en el barrio Reeperbahn de Hamburgo, restringido a hombres y mayores de edad.
El barrio cuenta con sex shops, restaurantes, hoteles, cafés y locales de exhibición.
La calle más famosa es Warmoestraat, y hacia allí marchó nuestro compatriota.
Al caer la tarde, se preparó y salió en patrullaje, listo para una inspección ocular.
De pronto, decidió un cambio de planes y consideró imprescindible una verificación más meticulosa, e ingresó a uno de los prostíbulos, primero pensó en Eugenio Zaffaroni, y luego se contentó con un leve: "En la Argentina no se consiguen..."
Se le acercó la madama del recinto, muy cordial, casi afectuosa, conversaron, él la invitó con una copa y ella le envió a una joven que parecía o rusa o ucraniana.
Hubo algún diálogo, mucho toqueteo, la joven se sentó sobre las rodillas del rioplatense bravo y, entonces, él le susurró algo al oído. La joven gritó, furiosa: "¡No!", y se marchó corriendo, agregando: "Motherfucker!".
La madama quedó muy sorprendida. No le había caído mal el latino ese simpaticón y decidió, entonces, enviar a Lola, la reina del puticlub.
Otra vez el ritual: diálogo, toqueteo intenso, nalgas sobre rodillas, susurro al oído, y la misma reacción: "No way!", y le agregó un cachetazo brutal, que el argentino aguantó imperturbable.
La madama decidió investigar por ella misma qué estaba ocurriendo en sus propias narices con ese visitante tan extraño. Nunca había ocurrido algo semejante en el prostítulo tan prestigioso.
Ella se sentó junto a él. Copas, diálogo, toqueteo, más toqueteo, ella ya no estaba para sentarse sobre las rodillas de él, y él pasó directamente al susurro en el oído:
"¿Aceptás pesos argentinos?"







