"La adicción al sexo es una adicción en la que se tiene una necesidad incontrolable de sexo de todo tipo, desde relaciones sexuales con otras personas a masturbación o consumo de pornografía. La adicción femenina se denomina ninfomanía o furor uterino y la masculina satiriasis", explica Wikipedia.
La explicación es interesante pero poco abarcadora. En un estudio reciente sobre la adicción sexual, que publica el sitio Interrogantes.net, Patricia Matey comienza diciendo: "La adicción al sexo es una de las dependencias menos confesadas y visibles de todas las que existen. No obstante, ha aumentado el número de pacientes que pide ayuda debido a las consecuencias de su trastorno: ruina económica, matrimonios rotos, problemas laborales, ansiedad y depresión".
Los expertos señalan que este trastorno no es nuevo, aunque sólo recientemente ha sido reconocido como un serio problema social, con consecuencias semejantes a las de otras adicciones más conocidas, como el alcohol, las drogas o la ludopatía.
A diferencia de otras adicciones, señala José Ramón Ayllón, la dependencia sexual puede adoptar múltiples formas: desde la masturbación compulsiva a los abusos sexuales, pasando por relaciones con múltiples parejas heterosexuales u homosexuales, encuentros con personas desconocidas, recurso continuo a la pornografía, prostitución o líneas eróticas, exhibicionismo, pedofilia, turismo sexual, etc.
El comportamiento compulsivo sexual se gesta, en la mayoría de los casos, en la mente, donde las fantasías sexuales y los pensamientos eróticos se convierten en engañosas válvulas de escape de los problemas laborales, las relaciones rotas, la baja autoestima o la insatisfacción personal.
Los adictos al sexo son hábiles en el disimulo, porque su problema les avergüenza. Pero, con frecuencia, su dependencia se acaba sabiendo. "Algunos acuden a la consulta –explica Roselló Barberá– cuando las facturas del teléfono de líneas eróticas o los contactos con prostitutas les han arruinado económicamente o su cónyuge les ha descubierto. Otros deciden pedir ayuda porque quieren poner fin a una adicción que está haciendo naufragar su matrimonio, les ha causado problemas legales o les está empujando al suicidio. O porque su dependencia les lleva a hacer cosas que nunca hubieran imaginado, y eso les causa un sufrimiento insoportable".
La incontinencia sexual suele traer, después de los primeros momentos de goce, una pesada impresión de insatisfacción, de error, de disgusto. Sabes que has hecho algo indebido. Es fácil que te sientas descontento, culpable, degradado. Después, con el tiempo, quizá llegues a racionalizarlo de alguna manera y consigas olvidarlo, o considerarlo normal, o incluso positivo, pues cuando el pecado se convierte en hábito, su dependencia dificulta cada vez más discernir lo bueno y lo malo. Cuando se antepone el placer a la responsabilidad, siempre hay un precio que pagar. Los que creen poder conseguir lo uno y lo otro se dejan engañar con demasiada facilidad.
La obsesión por la satisfacción de los propios deseos ciega a quien la sufre. Impide ver el efecto perjudicial que ese comportamiento tiene sobre los demás. Pero alguien, en algún momento, tendrá que pagar por esas claudicaciones. Entre otras cosas, porque quien nunca falta en esa cadena de quebrantos es uno mismo.
Tolstoi aseguraba que el hombre que ha conocido a varias mujeres para solo su placer, ya no es un hombre normal, sino alguien que difícilmente dejará de ver a la mujer como a un objeto. Será un hombre que necesitará, para volver a ser normal, todo un proceso de rehabilitación. Un hombre que pagará un alto precio por haberse dejado seducir por esa máscara del amor.
El psicoterapeuta Luis Rodríguez Gabarrón, investigador de la Universidad Veracruzana (México) ha estudiado la coito adicción como una sexo dependencia específica; un síndrome que suele presentarse asociado a cuadros clínicos como la depresión o la neurosis obsesiva, y que representa un trastorno de la conducta sexual genital, del pensamiento, del lenguaje y de la vida afectiva y psicosocial.
"El acto sexual se convierte en una forma de sustituir y compensar carencias afectivas no obtenidas. En términos energéticos, la descarga orgiástica serviría para descargar el malestar psíquico causado por conflictos emocionales no resueltos", dice.
Entonces, si intentan acabar con su adicción, lo normal es sufrir el síndrome de abstinencia. El tiempo de cura es variable: la adicción en sí misma (el componente consciente) puede solucionarse en meses, pero resolver el problema inconsciente de fondo puede llevar años. El número de relaciones, aunque es un factor de análisis, no es determinante: no todo el que se masturba en exceso o ve películas porno es un adicto. El afectado suele iniciarse en su esclavitud sin darse cuenta, hasta que llega a reducir su vida al sexo y a la planificación del mismo.
"La sexoadicción, al contrario que la ninfomanía -término machista felizmente en desuso- no incide en la frecuencia, sino en el malestar psíquico que genera la falta de autocontrol", explica una sexóloga y psicóloga española, convencida de que el hastío sirve por sí mismo de freno ante tanta desmesura.
"En general", prosigue, "todas las adicciones y obsesiones son destructivas por el sufrimiento que generan. Hay una guerra entre la parte emocional del cerebro ("lo voy a hacer") y la racional ("no lo voy a hacer"), y esta lucha, donde acaba ganando la parte irracional, genera depresión, insomnio o autoinculpación".
# ¿Soy sexoadicto?
¿Cómo saber si uno es un sexoadicto? Las personas con sexo adicción tienen estas percepciones:
- Siento con frecuencia que soy un incapaz y que mi cuerpo es vergonzoso/defectuoso/repulsivo.
- Pienso que siempre estaré solo o me sentiré solo y que me abandonarán.
- Confundo el amor con el sexo.
- Si no soy un buen amante me abandonarán.
- El impulso sexual me domina.
- Mis conductas sobre el sexo son tan frecuentes que tienen consecuencias negativas en mi vida.
- No me importan los efectos de mi dedicación al sexo hasta que he desahogado mi impulso.
- Pienso que es la última vez que lo hago, y después lo podré controlar.
- Mis conductas sexuales me han causado problemas en mi trabajo.
- Me resulta difícil mantener una relación de pareja estable a causa de mis necesidades sexuales
El sitio Terra de Venezuela publicó ayer un autoexámen para evaluar los síntomas relacionados a la adicción al sexo. Ingresando al sitio pude hacer su evaluación (ojo: ¡no sustituye la evaluación psiquiátrica!).
Sepa si Ud. es un adicto al sexo
¿Existe la adicción al sexo? ¿Es usted un sexo adicto? ¿Puede superarlo? Si convenimos que el sexo es fuente de placer, los sexo adictos deberían ser las personas más dichosas y satisfechas de este mundo. Sin embargo, el sentimiento de culpa o frustración una vez finalizado el consumo sexual compulsivo es compartido por quienes sufren el problema. La sexo adicción, en sus múltiples vertientes -líneas eróticas, productos pornográficos, masturbación, contactos sexuales-, procura un momentáneo goce entre las piernas... a costa de una posterior infelicidad.








