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PREOCUPACIÓN

El hielo del Ártico vuelve a retroceder y preocupa a científicos

El hielo marino alcanzó su mínimo de 2026 y quedó entre los más bajos registrados. Qué muestran ahora las imágenes satelitales.

El hielo del Ártico volvió a quedar bajo la lupa de los científicos. Las nuevas imágenes satelitales difundidas por la NASA muestran cómo terminó la temporada de deshielo de 2026, con una extensión de hielo marino muy inferior a la que era habitual décadas atrás.

El mínimo anual se alcanzó el 12 de septiembre, cuando el hielo cubría unos 4,6 millones de kilómetros cuadrados. La cifra quedó empatada con 2008, 2010 y 2025 como la décima más baja desde que comenzaron las mediciones satelitales continuas, a fines de la década de 1970.

Aunque el dato no representa un nuevo récord, hay otro aspecto que los científicos siguen con atención: el hielo que permanece es cada vez más joven y delgado.

El hielo sigue lejos de los niveles históricos

El comportamiento del hielo ártico tiene un ciclo natural. Durante los meses de oscuridad y frío aumenta su superficie y suele alcanzar su máximo alrededor de marzo. Luego comienza a retroceder durante la primavera y el verano boreales, hasta llegar al mínimo de septiembre.

Lo que cambió es la escala de ese ciclo. Según NASA, los últimos 20 veranos, desde 2007 hasta 2026, se encuentran entre los 20 mínimos más bajos de toda la serie satelital. El récord absoluto continúa siendo el de septiembre de 2012, cuando la superficie descendió hasta unos 3,39 millones de kilómetros cuadrados.

La comparación con las décadas anteriores resulta todavía más llamativa. El hielo actual ocupa mucho menos espacio que durante las décadas de 1980, 1990 y los primeros años de los 2000.

El problema no es solamente cuánto hielo queda

La superficie cubierta por hielo es uno de los datos que utilizan los científicos para seguir la evolución del Ártico, pero no es el único.

El hielo que sobrevive varios años se redujo considerablemente y el Ártico está cada vez más dominado por hielo de primer año. Ese hielo es más delgado y tiene menos posibilidades de resistir el siguiente verano.

Es decir, aunque la superficie pueda mostrar cierta estabilidad entre un año y otro, la estructura del hielo también está cambiando. NASA señala que en los últimos años se produjo una disminución del hielo multianual y un predominio de capas más jóvenes.

Ese detalle ayuda a explicar por qué los científicos no miran solamente el número final de kilómetros cuadrados.

Una señal que va más allá del Ártico

El hielo marino del Ártico no equivale directamente a una subida del nivel del mar, porque se trata de agua de mar que ya está flotando sobre el océano. Pero su desaparición modifica el funcionamiento del sistema climático.

El hielo refleja una parte importante de la radiación solar. Cuando desaparece y deja expuesta el agua oscura del océano, esa superficie absorbe más energía y puede contribuir al calentamiento de la región.

Además, los cambios en el Ártico pueden influir en los ecosistemas, las rutas marítimas y las condiciones atmosféricas de las regiones cercanas.

Los científicos, sin embargo, advierten que el hielo puede variar considerablemente de un año a otro debido al viento, las nubes y otros factores naturales. Por eso, un solo mínimo no alcanza para explicar toda la evolución del Ártico. Lo que resulta más significativo es la tendencia observada durante casi cinco décadas.

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