Eduardo Feinmann descubrió la madre de todas las conspiraciones: la sentada estudiantil del Palacio Pizzurno no sería una protesta cualquiera, sino una supuesta operación para voltear al Gobierno, según su particular película. El periodista, entre los fantasmas revolucionarios y enemigos por todos lados, encontró en los estudiantes protagonistas perfectos para semejante epopeya.
¡QUÉ PELÍCULA SE HIZO!
Eduardo Feinmann delira golpe de Estado con la sentada estudiantil: "Acto terrorista"
Eduardo Feinmann tiró una teoría delirante en TV. La sentada estudiantil del 07/10 sería apenas el primer capítulo de un plan para voltear al Gobierno.
La protesta en Palacio Pizzurno que terminó con la Policía Federal
El pasado miércoles 7, estudiantes de universidades como la UBA, la UNA, la UNLP, la UNQ y la UNSAM realizaron una protesta en el Palacio Pizzurno, sede de la Secretaría de Educación de la Nación para reclamara que el Gobierno cumpla la Ley de Financiamiento Universitario, además de pedir mejoras en las Becas Progresar, boleto educativo y mayores recursos para residencias y comedores.
La protesta ocurrió, además, después de que el juez federal Martín Cormick declarara inconstitucional el tramo del decreto 759/2025 que había frenado la aplicación de la ley y ordenó al Poder Ejecutivo cumplirla.
La medida comenzó como una sentada en las inmediaciones del edificio y luego un grupo ingresó al hall, en medio de empujones con efectivos de la Policía Federal. Una vez adentro, los estudiantes se sentaron y reclamaron ser recibidos por el secretario de Educación, Carlos Torrendell. El funcionario finalmente recibió a un grupo, según distintas coberturas, aunque el encuentro terminó abruptamente y los estudiantes permanecieron poco más de 2 horas dentro del edificio antes del desalojo.
Después llegó la Policía Federal. Hubo empujones y, según Página/12, gases y escudos durante el desalojo; el Gobierno, en cambio, calificó lo ocurrido como una ocupación violenta y anunció una denuncia por el ingreso al edificio y presuntos daños al patrimonio público.
Como dato de color, la protesta se produjo apenas una semana antes de la quinta Marcha Federal Universitaria, prevista para el 15 de octubre. Es decir, ya hay un conflicto universitario judicializado y con una movilización nacional en puerta. No hace falta inventarle una revolución para entender por qué la temperatura está alta.
Eduardo Feinmann vio una revolución donde hubo una sentada estudiantil
Y entonces apareció Eduardo Feinmann, que vio la sentada universitaria y decidió que el episodio necesitaba, además de estudiantes y policías, una temporada completa de House of Cards. "Esto es Grabois puro", lanzó Feinmann al analizar la protesta, en referencia al dirigente de izquierda.
Aunque el plato más fuerte llegó después: "Para el gobierno este es un acto terrorista y con terroristas no se negocia, con violentos no se negocia". Feinmann aclaró que esa calificación no era propia, sino que estaba transmitiendo la posición oficial. De todas maneras, en el resto de su análisis, se dedicó a construir su propia teoría sobre lo ocurrido.
"Y estas pequeñas cosas que estamos viendo, porque tiene que ver con desordenar para que el gobierno no termine su mandato el 10 de diciembre del año que viene", afirmó. Luego agregó: "Lo quieren sacar a patadas". Ahí directamente mostró el gran descubrimiento de la jornada: "Esto que ocurrió en el Palacio Pizzurno es un ejercicio de tipo antidemocrático y un ejercicio prerrevolucionario, pero en el mal sentido".
Por si faltaba algo, Feinmann lo definió como "artículo 1 del manual del golpista" y describió una supuesta escalera revolucionaria: "Entro en un lugar, tomo y veo cómo reacciona la autoridad. Si no reacciona, me siento en la entrada; sino voy y me meto en el despacho. Veo si la autoridad no reacciona, voy y tomo otro ministerio. Y si no reaccionan, voy y empiezo a tomar las calles".
La secuencia imaginada por el periodista termina, claro, en la Casa de Gobierno: "Veo cómo va reaccionando la autoridad y sino, me meto en la casa de gobierno y lo echo a patadas al presidente. Y le desordeno todo".
Feinmann no se limitó a criticar una ocupación de un edificio público (algo perfectamente discutible y sobre lo que puede haber argumentos jurídicos y políticos de ambos lados). Fue armando una cadena hipotética en la que la sentada de anoche pasa a ser el primer capítulo de una supuesta estrategia para echar a Javier Milei de la Casa Rosada.
La ironía es que hay una ley aprobada y un fallo judicial que ordenó aplicarla, pero el Gobierno se niega a implementarla escudándose en el presupuesto. Con eso alcanza y sobra. No hacía falta convertir a los estudiantes en una columna revolucionaria camino a Balcarce 50.
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