COPA AMÉRICA 2021

Con una goleada, Brasil maquilló una victoria sin brillo ante una digna Venezuela

Brasil, sin brillar y sin deslumbrar, debutó en la noche de este domingo (13/06) con una victoria 3-0 ante una Venezuela golpeada por los casos positivos de coronavirus en su plantel por el partido que correspondió a la primera fecha del Grupo B de la Copa América 2021. Sin su característico fútbol, la “Verdeamarelha” logró su objetivo, que fue ganar pero está obligado cambiar de cara a la que vendrá en este certamen.

En el Estadio Nacional Mané Garrincha, de la capital Brasilia, Brasil debutó con victoria frente a una Venezuela que presentó 11 casos (8 jugadores y 3 auxiliares) positivos de coronavirus entre los integrantes del plantel.

Brasil, dirigido por Tite y con Neymar como figura, atraviesa un notable momento con ventaja sobre sus principales rivales del continente, la Argentina de Lionel Messi y Uruguay de Luis Suárez y Edinson Cavani, habiendo ganado los seis partidos que jugó en las Eliminatorias para Qatar 2022.

La “Verdeamarelha” ganó la Copa América 2019 (venció en la final a Perú) y ahora se le brinda la posibilidad de alcanzar su tercer bicampeonato (lo hizo en 1997/1999 y 2004/2007).

En la tabla histórica del certamen los brasileños son terceros, detrás de Argentina y Uruguay con 185 encuentros, 103 triunfos, 37 empates y 45 derrotas.

Venezuela, dirigido por el portugués José Peseiro, llegó sin Salomón Rondón, su máximo goleador en la historia con 31 tantos en 83 juegos a causa de una lesión muscular y varios casos de coronavirus entre los cuales sobresale Tomás Rincón, del Torino italiano.

La “Vinotinto” que debió convocar de urgencia a 15 nuevos jugadores figura undécima en la tabla histórica de la Copa América con 66 juegos, 8 triunfos, 15 empates y 43 reveses. 

La controvertida 47ma. edición de la Copa América se puso en marcha este mismo domingo (13/06) sin público en Brasil, una sede designada de urgencia y confirmada definitivamente hace horas luego de un debate nacional del que participaron sectores del ámbito deportivo, político, social y judicial.

El torneo de selecciones más antiguo del mundo se jugará en un país que ocupa el segundo lugar a nivel mundial en número de víctimas por Covid-19 (casi medio millón de fallecidos), el tercero en contagios (17,3 millones) y que espera una tercera ola del virus durante la fecha de la competencia, según su observatorio sanitario oficial.

El laboratorio Fiocruz, vinculado al Ministerio de Salud, alertó que el escenario actual de la pandemia es de “alto riesgo” con la mayor parte del país en situación hospitalaria crítica debido a una ocupación de camas de terapia intensiva superior al 80% y recomendó tomar fuertes medidas de prevención durante las próximas semanas mientras avance la campaña de vacunación.

Será la segunda vez que la Copa América repita su sede de la edición anterior desde que Uruguay la albergó consecutivamente en 1923 y 1924, a menos de una década de su nacimiento (1916), cuando apenas participan cuatro equipos nacionales.

Brasil asumió su organización hace menos de dos semanas, amparado en la infraestructura y la capacidad operativa que dispone desde la celebración del Mundial FIFA 2014 y la propia Copa América en 2019.

El Gobierno de Jair Bolsonaro salió al rescate de la Conmebol el pasado lunes 31 de mayo después la baja de las dos sedes originales: Colombia, envuelta en un conflicto social, y la Argentina, golpeada por la segunda ola de coronavirus.

A partir de entonces la organización del torneo se convirtió en un tema de la agenda sociopolítica brasileña. La primera reacción se registró entre los gobernadores de los diferentes estados cuando algunos de ellos, con San Pablo a la cabeza, se opusieron a recibir partidos por la gravedad de la situación sanitaria.

Tampoco abrieron sus puertas otras plazas de tradición futbolística como Belo Horizonte, Porto Alegre, Curitiba, Salvador, Recife o Fortaleza, todas sedes del Mundial hace siete años, por lo que el mapa de la Copa quedó reducido a cuatro ciudades alineadas con Bolsonaro: Río de Janeiro, Brasilia -capital política del país-, y el cinturón sojero compuesto por Goiania, capital de Goiás, y Cuiabá, capital de Mato Grosso.

A la disidencia política se le sumó luego la polémica dentro del seleccionado brasileño, cuya participación recién fue confirmada el martes pasado con un manifiesto difundido tras el partido con Paraguay por las Eliminatorias Sudamericanas para Qatar 2022.

Antes de ese comunicado, los rumores de boicot y de renuncia del entrenador Tite circularon con fuerza, acompañados por manifestaciones de objeción hacia la Copa provenientes de otras selecciones fuertes como Uruguay y Argentina.

El DT Lionel Scaloni reconoció que Brasil no era “el lugar ideal” para jugar; Sergio “Kun” Agüero coincidió al marcar que en ese país “está complicado” por la pandemia; el uruguayo Luis Suárez admitió su sorpresa por el cambio y su compatriota Edinson Cavani cuestionó la falta de “voz y voto” de los jugadores en las decisiones de la Conmebol.

El malestar en la “Canarinha” surgió el propio día de la designación de la nueva sede porque horas antes el plantel había recibido la visita del presidente de la Confederación Brasileña de Fútbol (CBF), Rogério Caboclo, quien no hizo referencia a esa posibilidad.

Tres días después, el dirigente volvió a la concentración del equipo y con un tono imperativo exhortó a los futbolistas a subordinarse a las determinaciones de la Conmebol, lo que aumentó la tensión en la relación y puso en duda la presencia del seleccionado anfitrión.

Ese conflicto con el mandamás del fútbol brasileño se disipó días más tarde cuando Caboclo fue suspendido provisoriamente del cargo por una denuncia de acoso moral y sexual a una empleada de la entidad.

Después del partido con Paraguay, el plantel capitaneado por el mediocampista de Real Madrid Casemiro anunció que jugaría el torneo a disgusto por el orgullo y el compromiso hacia el seleccionado pentacampeón mundial.

Sin embargo, cuando todo parecía encaminado, la Copa América ingresó en una nueva etapa de suspenso por una presentación judicial del Partido Socialista Brasileño (PSB) para que se suspenda por la pandemia.

En simultáneo, fuertes patrocinadores de la competencia como la multinacional británica de bebidas destiladas Diageo, dueña del whisky Johnnie Walker, el vodka Smirnoff y el gin Tanqueray; el gigante mundial de cervezas Ambev y la tarjeta de crédito Mastercard retiraron su apoyo en respeto a la emergencia sanitaria.

El jueves, a 72 horas del partido inaugural entre Brasil y Venezuela, el Supremo Tribunal Federal, máxima corte de Brasil compuesta por 11 integrantes, autorizó por mayoría la realización de la Copa y el escenario quedó allanado para que la pelota comience a rodar.

Al despuntar el primer capítulo, la “Verdeamarelha” tomó de manera rápida el control y el dominio de la pelota mientras que la “Vinotinto” agrupó a sus cinco hombres en el fondo para frenar a los locales. De ahí, Venezuela le cerró todos los espacios a Brasil que estuvo un poco más punzante con el empuje de Eder Militao que intentó buscar a Richarlison y a Neymar Jr. por los laterales.

Por otro lado, la “Vinotinto”, que ejerció una muy férrea defensa de su área, dispuso de algunas situaciones de peligro con un centro desde la izquierda de Bernardo Manzano que contuvo sin problemas el arquero Alisson Becker. En tanto, el seleccionado venezolano nunca se apartó de su intención de cerrarse en el fondo para aspirar, aunque sea, para generar algún contragolpe.   

Sin ser para nada deslumbrante y a pesar de no exhibir un fútbol de “alto vuelo”, Marquinhos, a los 23’, puso en ventaja a la “Canarinha” 1-0 con un remate corto tras ser asistido por un tiro de esquina de Neymar Jr. que no pudo abortar Yohan Cumaná. Con la ventaja, Brasil mantuvo sus intenciones de generar peligro pero no tenía precisión en el ataque.

 Pese a los embates de la “Verdeamarelha”, la “Vinotinto” se mantuvo firme en el fondo y continuaba cerrándole los espacios al adversario que contó con las “fugaces” apariciones de Richarlison y de Lucas Paquetá que motivaron los despejes del defensor Adrián Martínez.

En el cierre, Venezuela intentó conseguir el empate con un tiro libre de Cristián Cáceres Jr. que le habilitó un pase para Luis Mago que ejecutó un cabezazo que quedó en las manos del guardavalla Alisson Becker.   

Al igual que en el inicio, en el segundo episodio, Venezuela repitió la misma fórmula de cerrarse en el fondo pero Brasil lo presionó con las corridas de Richarlison y un disparo de Alex Sandro que pasó desviado. Más allá de la falta de efectividad, la “Verdeamarelha” siguió manejando la pelota y la hacia mover por los costados. Ante la levantada de la “Canarinha”, la “Vinotinto” se dedicaba a resistir y especulaba para generar algún contraataque.    

Cuando transcurrían los 16’, Yohan Cumaná le cometió una infracción a Danilo por lo que el árbitro uruguayo Esteban Ostojich sancionó el penal para Brasil previa revisión por el VAR que Neymar Jr., a los 18’, cambió por gol y puso el 2-0 para los dirigidos por Tite. 

Con el marcador victorioso, la “Canarinha”  controló el esférico con combinaciones rápidas y precisas ante una Venezuela empeñosa y limitada. Por consiguiente, Brasil tuvo las acciones bajo control sin ser deslumbrante y sin brillar.

En el epílogo, a los 43’, Gabriel Jesús, de pecho, asestó el 3-0 para Brasil luego de un pase de Neymar Jr. que tomó mal parada a la defensa venezolana. 

En consecuencia, la “Canarinha”, con pocos recursos, se llevó la victoria en el debut ante una Venezuela diezmada y digna.