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DE MASLATÓN Y MORALES SOLÁ AL ESCRACHE

Macri tiene un problema, además del judicial: Los 'Liberalotes' le ganan de mano

Lun, 07/09/2020 - 6:49pm
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Por Urgente24

El ala dura de Juntos por el Cambio, liderada por el expresidente Mauricio Macri y su exministra de Seguridad Patricia Bullrich, sufre semana a semana la derrota en la carrera por reactivar la polarización con distintos temas. En general, los liberales suelen primerear con las consignas y sus fracturas no están tan expuestas como sí ocurre en JxC.

Mauricio Macri junto a su secretario, Darío Nieto (Foto: elagora.digital)
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Macri y Nieto sufrieron un duro escrache por parte de la familia de Facundo Astudillo Castro.
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Los primeros que comenzaron a alertar sobre la concentración de las decisiones en el Poder Ejecutivo que significaba la cuarentena estricta, fueron los Liberales con sus marchas de poca convocatoria pero con un mensaje claro.

Luego, Juntos por el Cambio lanzó el comunicado de la "infectadura".

Luego, avanzaron sobre la situación económica y, entonces, Juntos por el Cambio se encolumnó detrás de ese mensaje.

Falta que la presidenta del PRO, Patricia Bullrich, salga a desconocer la existencia del virus. O tal vez ya lo hizo con su participación en el #17A, donde finalmente terminó contagiada.

Ahora, el periodista del PRO, Joaquín Morales Solá, salió a advertir desde La Nación "el verdadero golpe de los Kirchner", desde donde le pegó a Cristina Fernández, Máximo Kirchner y Sergio Massa.

Según él, "Máximo Kirchner era una mezcla de Felipe González, Julio Sanguinetti y Ricardo Lagos. Esa era la versión que distribuían, hasta hace poco, amigos y conocidos. Puro marketing para instalar al delfín como una figura consensual, casi presidencial. Como las personas se conocen no por lo que se dice que son, sino por los hechos que consuman, debemos concluir que el gen autoritario de la familia está presente en el vástago. Tampoco Sergio Massa es una víctima de la familia Kirchner. Lo han dejado sin margen para sus acrobacias políticas, es cierto, pero cualquier político (y cualquier persona) puede decir que no. O puede decir que no aceptará las imposiciones a cualquier precio. Los dos han convertido la Cámara de Diputados en una institución vacía, en la que ya nadie cree, sobre todo porque nadie está seguro de que es legal lo que aprueba o rechaza. Cristina Kirchner, desconfiada hasta la soledad, ya había declarado al Senado en estado vegetativo. Una cámara que baila al ritmo de la expresidenta, si es que ella quiere que baile algún ritmo. Los dos Kirchner, con no pocas complicidades, están perpetrando el verdadero golpe, después de que se hablara de tantos golpes. Es el que busca anular a la institución parlamentaria y, de paso, también a la judicial. Las dos instituciones van de la mano en estos momentos, camino al cadalso.

Desde diciembre pasado no hay reuniones de labor parlamentaria en el Senado. Esas reuniones son importantes, indispensables. Son convocadas por el presidente del cuerpo (Cristina en este caso, si las convocara) y concurren todos los jefes de bloques. Sirven para organizar las reuniones de la cámara y para ordenar el tratamiento de los temas. La vicepresidenta decidió ser solo ella la que organiza y ordena las reuniones del cuerpo. La oposición no tiene diálogo con ella ni existe interrelación con el peronismo. No porque los peronistas sean alérgicos a la conversación, sino porque son inservibles. Todos deben consultar todo, hasta los mínimos detalles, con Cristina. Un secretario administrativo o parlamentario designado a dedo por ella tiene más poder real que un senador peronista elegido popularmente. La vicepresidenta aprovecha las reuniones telemáticas para cerrarle el micrófono a la oposición o para decidir quién habla y quién calla. 'Es más que una líder o una jefa. Es la dueña del Senado', sintetiza un senador".

En una columna de opinión que muchos sospechan que fue dictada por Macri, Morales Solá arremetió: "Sergio Massa, que ya no ilusiona ni decepciona a nadie, se dejó llevar por Máximo Kirchner, genio y temperamento de su madre. Massa no aceptó la presencia formal de 93 diputados opositores, pero los dejó hablar. Eran fantasmas, cuyas voces se escuchaban aunque formalmente no estaban presentes. Tampoco los dejó votar. Como el protocolo de la Cámara está vencido, la oposición decidió ir a todas las reuniones de manera presencial, aunque no les tomen asistencia. No repetirán la experiencia de Venezuela, donde las ausencias opositoras permitieron hasta reformas constitucionales. El protocolo debía renovarse por consenso (es decir, por el acuerdo de todos los bloques), pero Massa lo renovó por la mayoría de los bloques. No es una diferencia menor. Consenso tiene un significado distinto de mayoría, según todos los diccionarios. Algunos políticos libran una pelea eterna y perdidosa con el diccionario. Dejar fuera del acuerdo a Juntos por el Cambio constituye segregar al 45% de los escaños de la cámara. El peronismo controla el 46% de las bancas. Massa acordó solo con el 9% restante. Esa es la ayuda (¿complicidad?) de los seguidores de Lavagna, de Schiaretti y de la izquierda.

El jefe del interbloque del viejo Cambiemos, Mario Negri, concertó con los partidos de la coalición que irán a una reunión con Massa si este los convocara. Pero no llevarán ninguna propuesta. Irán a escuchar. Massa empieza siempre con la misma pregunta ("¿qué proponen?") y termina anunciando que hará lo que él quiera (o lo que le ordenen). "Yo voy a fondo", suele desafiar. Máximo Kirchner lo aprueba. Maestro y alumno se confunden. La oposición se cansó de proponer, de tomar un camino hacia ninguna parte. "¿Para qué seguir proponiendo? Que propongan ellos", concluyeron los de Cambiemos. La Justicia acaba de darle la razón cuando una cámara señaló que el protocolo estaba vencido. Esa Cámara en lo Contencioso Administrativo hizo algo más: admitió a trámite la presentación de la oposición contra el Gobierno. El escándalo legislativo actual puede terminar, entonces, resuelto por los jueces".

Mientras, JxC sangra por la herida. Como era de esperar, la estrategia de "los duros" por judicializar la última sesión de la Cámara de Diputados fue un verdadero fracaso. La Justicia ya le había comunicado a la presidenta del Senado Cristina Fernández que dicho poder no tiene porqué meterse en el funcionamiento del Congreso. Por eso, no se entiende aún hoy qué quisieron inventar los diputados opositores.

Morales Solá llegó tarde con su idea de instalar la idea de un golpe de Estado en la Argentina. El viernes pasado (4/09), el analista técnico de mercados financieros Carlos Maslatón ya viene hablando de dictadura y autogolpe hace tiempo.
 

Si algo le faltaba a Macri era el escrache del abogado de la familia Astudillo Castro, Leandro Aparicio, tras la aparición de Facundo:
 

Macri tiene un grave problema, además del judicial: cómo instalar agenda. Y pierde contra los 'Liberalotes', como los tildó Marcos Peña, quien siempre pensó que la economía es una cuestión de fe.