La Casa Rosada confía: "Ni Scioli ni Massa van a romper"
Cristina Fernández de Kirchner subestima tanto a Daniel Scioli como a Sergio Massa: ella cree que ambos 'revolotean el gallinero' pero ninguno de los 2 romperá el orden interno y por eso se anima a insistir en una lista única de candidatos, sin comicios en el peronismo bonaerense, de acuerdo al diario Página/12, habitual vocero de la Casa Rosada.
Con la firma de Mario Wainfeld, conocedor de la opinión de numerosos funcionarios del kirchnerismo cristinista, Página/12 escribió acerca del gobernador bonaerense Daniel Scioli, y el alcalde de Tigre, Sergio Massa:
"(...) El mapa de la provincia de Buenos Aires es un laberinto que los elegidos saben transitar con ojos cerrados. Cada protagonista tiene un GPS en la cabeza, aunque de alcance limitado. La competencia de la mayoría se confina en el partido que habita. Los más sonados se proyectan a la provincia toda. “Ascender” a lo nacional le cabe a muy pocos, el gobernador Daniel Scioli el primero.
“Daniel” se mueve a su modo, bastante solitario. Su séquito y circuito de aliados se concentran en La Plata. Pocos intendentes, si es que los hay, se alinean con él. Acusan: el gobernador no ayuda, “juega” solo para él mismo, hace más política en los medios que con “el territorio” (imagen de simple poética usada para designar a los referentes locales). Rematan fulminando a la gestión: a su ver es mala o mediocre. La coparticipación entre provincia y municipios, apostrofan los alcaldes, no es más munificente que la de Nación-provincias.
Todo esto dicho, la dirigencia bonaerense está pendiente de Scioli, trata de traducir sus gestos, especula acerca de qué hará en los comicios nacionales. Predominan quienes suponen que no formará rancho aparte, que no armará listas alternativas como sueñan (e impulsan) sectores de la oposición y los medios dominantes. Una regla de conducta de Scioli ha sido no romper: trepó en la escala política sin pelearse con nadie. El kirchnerismo piensa que eso es un defecto, el gobernador proclama que es una virtud y que sus enemigos son la droga y el delito. Scioli hace un culto de la no beligerancia (...)
Todo peronista activo es un peronólogo. Todo bonaerense cursa una maestría como “danielsciólogo”. La mayoría cree que Scioli perseverará en lo que fue su modus operandi básico. No confrontó ni se rebeló cuando lo maltrataron siendo vice, ni cuando el escenario se ensombreció en 2008, ni cuando le pidieron ser candidato testimonial el año siguiente.
En su torno, no afirman ni niegan nada enfático (tributan a un estilo político, después de todo) pero sugieren que esta vez Scioli no admitirá quedarse muy relegado en el reparto de la lista de diputados nacionales. En 2011 le dieron migajas y, ya se comentó, no pateó el tablero. Memoriosos de La Plata evocan que en ese momento le negaron (desde el vértice superior del poder) que su esposa, Karina Rabollini, estuviera tercera en la boleta respectiva. Ahora, chimentan, la ecuación puede invertirse: el kirchnerismo duro insinúa sumar a la primera dama provincial para involucrar a Scioli, sin darle mucho espacio más. Una prueba de amor, digamos. Así no vale, protestan en La Plata aunque reconocen que todo lo que se conversa son especulaciones, dibujos, virtualidades.
“¿Para qué van a romper si nunca lo hicieron y les fue bien?”, analiza un varón del conurbano, macizo y agudo él. El plural entrevera a Scioli y a Massa, ahora intendente de Tigre.
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Parecidos pero con diferencias: Massa se parece mucho a Scioli, a trazos gruesos. Cuenta con una ventaja táctica nada menor: al gobernador, si aspira a ascender en 2015 sólo le queda enfilar hacia la presidencia. Massa puede escalar a la gobernación, un destino cuesta arriba pero más de cabotaje. La diferencia de edad es otro factor digno de mención: Massa tiene cuarenta años, mucho tiempo por delante. Scioli ya cumplió 55 añitos.
“Massita se reúne con todos”, dicen, si no todos, muchos de los actores de este relato. “Le dice a cada uno lo que el otro quiere oír”, simplifica, sin atisbo de escandalizarse, un referente de un movimiento social kirchnerista, situado bien a la izquierda de Massa (lo que no es tan difícil). Massa sería, entonces, una suerte de Zelig conurbano, de una clase media no muy refinada, con pocos complejos, sin pudor por vivir bien. Un cultor de la política sin desbordes verbales, de la palabra-clave “gestión”, con un estilo cool que tiene su dosis de ideológico.
En la maraña de promesas o medias palabras sus interlocutores traducen que el tigrense quiere promover que el FpV tenga competencia interna en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO), que deben ocurrir en agosto. Alega que se tiene fe para ganarle a cualquiera, incluida la ministra de Desarrollo Social Alicia Kirchner. Si se diera esa redoblona podría quedar en un sitial notable. Vencer al kirchnerismo con sus propios colores y quedar posicionado para una eventual secesión futura o para seguir en la escudería K, según le pinte o convenga. Si se desmalezan detalles, ese fue el derrotero de Scioli. Claro que sin confrontar, menuda diferencia.
El problema imponente para el plan de Massa es que todo indica que el kirchnerismo se inclinará por la lista única o cuando menos por una muy aglutinante contra la cual sea un suicidio competir. El ufano optimismo de Massa es casi imposible de compartir o de contagiar. Tal vez se trate de un rebusque para negociar espacios “por adentro”.
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Así las cosas, Massa puede esperar su tiempo, no lanzarse con todo. E ir haciendo pie en las elecciones distritales en las que las listas crecen como hongos. Nada lo apura, salvo el pressing de los medios dominantes.
Agencias encuestadoras y ciertos medios le atribuyen un altísimo nivel de imagen positiva, potenciado por un formidable porcentaje de conocimiento público. Es arriesgado discutir con expertos pero cuesta un cachito creerles. Los intendentes son taitas en sus fronteras, que “alambran” con tesón y fiereza. Los cercos dificultan mucho que los desalojen del poder o incursionen en su terreno pero también obstan a que salgan del campo propio. Hasta entorpece la visibilidad desde afuera.
Claro que Massa es muy vivaracho para hacerse ver. Megaencuentros de tenis, presencia activa cuando juega Tigre y difusión mediática por doble vía. Una es la más convencional: reportajes cariñosos, muchos concretados mientras Roger Federer se luce en los courts de Tigre.
La otra es la propagación de logros de cámaras de seguridad de su distrito, presuntamente híper eficaces, la panacea en la lucha contra el delito. Los hechos se difunden en formato noticioso aunque tienen olor a “chivo” encubierto. Canales de cable muy atentos divulgan el arresto de un arrebatador o la llegada policial tempestiva para separar a dos pibes pasados. El relato y las imágenes describen una epopeya, transforman escenas triviales en un curso sobre cómo debe gerenciarse la seguridad.
Massa no es, para nada, el único intendente que se vale de esos recursos. Es habitual ver, camufladas en los informativos, carreras de autos antiguos, recitales masivos, cine a cielo abierto promovidos por los alcaldes. Estos describen las virtudes de la convocatoria, siempre ligada a “la familia”, el rescate de nobles tradiciones y, ya que estamos, la contención de los jóvenes. Difícil es ponderar la eficacia de tales mensajes, lo cabal es que son muy utilizados.
Massa no goza del favor de la Casa de Gobierno. Dirigió la Anses, Cristina Kirchner lo nombró jefe de Gabinete, cargo del cual lo despidió muy defraudada. Desde entonces, primó la distancia. Testigos presenciales cuentan que durante el sepelio del ex presidente Néstor Kirchner la Presidenta trató muy fríamente al intendente cuando éste se acercó a saludarla.
Con esas referencias, sus pares imaginan que hay una linda chance para que el candidato a gobernador del FpV en 2015 sea alguien menos vistoso que Massa pero mucho más “del palo”. Lo que cabildea cada uno de ellos con sus allegados cercanos es si ir de candidato a diputado catalizaría ese objetivo o lo complicaría. (...)".










