Rusia – Chechenia, historia teñida de sangre

** Por lo menos, 35 personas murieron hoy y decenas resultaron heridas por la explosión de un camión bomba en el hospital militar de Mozdok, en república rusa de Osetia del Norte (Cáucaso), lindante con Chechenia. ** La segunda guerra en Chechenia se inició tras una serie de mortíferas explosiones en edificios moscovitas en septiembre de 1999 que las autoridades rusas habían atribuido a los independentistas sin aportar pruebas ordenando la entrada de las tropas federales en Chechenia que, desde entonces, recurre a los atentados con explosivos como medio de acción.

Por lo menos 35 personas murieron y varias decenas resultaron heridas hoy por la explosión de un camión bomba en el hospital militar de Mozdok, en la república rusa de Osetia del Norte (Cáucaso), lindante con Chechenia, donde rebeldes separatistas luchan contra las fuerzas federales, informó la fiscalía general de Rusia.

Los responsables militares en el lugar atribuyeron el atentado a los rebeldes separatistas chechenos, informó la agencia Itar-Tass.

El objetivo del atentado eran los militares que combaten en Chechenia y que recibían atención médica en ese establecimiento, según las mismas fuentes.

"No descartamos que los combatientes hayan querido vengarse de los militares", indicó un portavoz del ejército citado por Itar-Tass.

La presidencia independentista chechena "no es responsable de actos terroristas y los condena", declaró por su parte el emisario del líder rebelde Aslan Masjadov, Salambek Maigov.

En tanto, el diputado checheno en la Duma (cámara baja del parlamento ruso), Aslambek Aslajanov, estimó en radio Eco de Moscú que los atentados continuarán "hasta que no se encuentre una solución pacífica al conflicto checheno".

El camión bomba -un Kamaz, según el ministerio ruso de Situaciones de Emergencia- entró por la fuerza en las instalaciones del hospital hacia las 19H00 locales (15H00 GMT), antes de estallar cerca de un edificio.

Según la fiscalía general rusa, el ataque dejó un saldo de 35 muertos.

El adjunto del fiscal general ruso, Sergei Fridinsky, advirtió a la agencia Interfax de que la cifra de víctimas mortales podía continuar aumentando.

"Si juzgamos la magnitud de la destrucción y el número de personas que se encontraban en el hospital -150, incluyendo 100 pacientes y 50 miembros del personal-, el número de víctimas será probablemente más elevado", dijo Fridinsky en Mozdok.

El jefe del gobierno de Osetia del Norte, Mijail Chatalov, declaró que el edificio de tres pisos se había desmoronado, según Interfax. "Todo está cubierto de escombros y nadie es capaz de decir cuántos muertos y heridos hay", agregó.

"El hospital quedó completamente destruido. Según nuestras informaciones, del hospital sólo quedan ruinas. Soldados del regimiento motorizado del 58 ejército fueron enviados a la zona", indicó el responsable de la guarnición rusa de Mozdok.

El Ministerio de Situaciones de Emergencia informó por su parte de la hospitalización de al menos 69 personas, aunque precisó que en total había unos 300 heridos, la mayoría por cristales rotos y piedras que saltaron por los aires tras la explosión.

Según fuentes militares y testigos, el atentado fue perpetrado por dos terroristas "kamikaze" que irrumpieron en territorio del hospital militar en un camión pesado KAMAZ cargado con una tonelada de explosivos, que detonaron cerca del edificio principal.

La explosión, oída a 15 km de distancia, dejó un cráter de cinco metros de diámetro en el lugar, según agencias internacionales.

El presidente ruso, Vladimir Putin, fue informado de lo ocurrido y pidió al presidente de Osetia del Norte que le comunique las necesidades de la república del Cáucaso, en cuanto a equipos de rescate, y de las familias de las víctimas, anunció el Kremlin.

La fiscalía de Osetia del Norte abrió una investigación criminal por "terrorismo".

La base militar de Mozdok se encuentra en las afueras de la ciudad septentrional del mismo nombre de la región de Osetia del Norte, a unos 20 kilómetros de la separatista Chechenia, a cuyo sector extremista de la guerrilla Moscú acusa de los cada vez más frecuentes atentados terroristas dentro y fuera de la república.

El aeródromo militar de Mozdok es uno de los más odiados por los chechenes, por cuanto alberga a los aviones y helicópteros de combate que bombardearon objetivos civiles y rebeldes durante las dos guerras caucásicas: la actual, que este mes de agosto cumple cuatro años, y la que se libró entre 1994 y 1996.

# Un conflicto histórico

Los chechenos, uno de los pueblos más antiguos y aguerridos del norte del Cáucaso, y los ingusetios opusieron tenaz resistencia a la dominación rusa en el siglo XIX.

Entre 1855 y 1859, de la mano de Shamil -un imam que unificó a todas las etnias musulmanas de la región-, incluso llegaron a ser independientes. Se enfrentaron con éxito a los rusos, ocupados entonces con la guerra de Crimea. Posteriormente, los ejércitos rusos enviaron contingentes poderosos. Shamil fue hecho prisionero en 1859 y muchos de sus seguidores emigraron a Armenia.

El rio Terek, que sirve de límite a la zona norte de Chechenia, siguió siendo una línea fronteriza para los cosacos del sur de Rusia durante algunos años. Las constantes escaramuzas entre chechenos y rusos forman el marco histórico de la novela del escritor León Tolstoy "Los cosacos". Al igual que Mijail Lermontov, Tolstoy sirvió en la guarnición de Grozny, la actual capital de Chechenia. La conquista de esa zona del Cáucaso, iniciada en 1827, no se completó hasta 1864.

De aquella época proviene la fundación de la capital, Grozni ('terrible' en ruso), un bastión de los cosacos

En febrero de 1944, en plena Segunda Guerra Mundial, ocurre otro episodio que exacerbará el odio de los chechenos hacia los rusos.

Stalin les acusa de colaborar con Hitler y ordena su deportación masiva. Decenas de miles de hombres, mujeres y niños son trasladados a la fuerza a Asia Central y a Siberia. El 50% de ellos muere de tifus por el camino. Sólo en 1957, con Jruschov, son amnistiados y pueden regresar a su hogar.

# ¿Qué quiere Rusia?

Hasta hace poco, los analistas esperaban que se contentaran con ocupar la llanura del norte de Chechenia, llegando hasta el río Terek.

Después de todo, esa zona tiene una proporción mayor de población rusa, y su orografía no ofrece las dificultades de las montañas del sur, que siempre han sido el refugio de los rebeldes chechenos.

Se trataría de establecer allí una administración rusa que impusiera el orden y la tranquilidad que desean buena parte de los chechenos, con la esperanza tal vez de llegar a la división de Chechenia y a la incorporación definitiva a Rusia de parte de ese país. Pero los rusos han pasado el río Terek y han comenzado el asedio de la capital Grozny.

# Las intervenciones

En ochenta mil se calcula el número de muertos ocasionados por la intervención rusa en Chechenia de 1994 a 1996, que acabó en una derrota del ejército ruso ante los guerrilleros chechenos.

Cuando la URSS daba sus últimos estertores, Dzojar Dudaev, un general soviético destinado en Estonia, es elegido presidente de la república chechena. Poco después, proclama la independencia.

Moscú no reacciona e incluso se olvida del armamento soviético (tanques, piezas de artillería) que allí había estacionado. Chechenia se transforma en la base de numerosos clanes mafiosos que actúan en la nueva Rusia. La gestión de Dudaev es un fracaso: no se pagan las pensiones y la productividad es nula. En diciembre de 1994, los halcones del Kremlin aconsejan a Boris Yeltsin que ataque para estabilizar la región, frenar las tendencias separatistas en la Federación y garantizar la variante rusa de los oleoductos que cruzan por el Cáucaso.

La ofensiva acorazada se produce por tres frentes, pero choca con una fiera resistencia. Grozni padece un bombardeo intensivo que lamina su centro histórico. Los chechenos se repliegan hacia las montañas y lanzan una eficaz guerra de guerrillas, acompañada de espectaculares acciones terroristas (las tomas de rehenes de Budionnovsk y de Kizliar). El desgaste ruso es imparable.

En 1996, el comandante chechenio Aslán Masjadov y el general ruso Alexander Lebed firmaron un acuerdo cuyos puntos principales eran: la retirada del ejército ruso de Chechenia y el aplazamiento de la decisión sobre el futuro político de ese país hasta el año 2002.

Se acordó igualmente formar una comisión mixta para impulsar la reconstrucción de Chechenia, que había sufrido enormes daños durante la guerra. Pero esa comisión tuvo poco efecto en la práctica.

En 1997, los chechenos eligen como presidente a Masjadov, hombre de posición moderada. Este no puede imponer su autoridad, y en 1998 Chechenia se declara independiente (por segunda vez en una década, pues ya lo había hecho en 1991).

Masjadov comete el mismo error que Dudaev: no frenar las disensiones internas. En 1999 el país es libre pero está al borde de la guerra civil. Los secuestros, el tráfico de armas y el robo de petróleo son moneda corriente. Los grupos más radicales, capitaneados por el comandante Shamil Basaev, toman el control.

En septiembre, Rusia se despierta con tres atentados que dejan 230 muertos en una semana de horror. Vladimir Putin desata una amplia «operación antiterrorista» que aún no ha concluido. Comenzaba la segunda guerra chechena.

Se desconoce todavía el número de muertos ocasionados por la nueva campaña de Chechenia. Aunque los rusos han sufrido al parecer más bajas que las que publican, esta vez es la población chechena la más afectada.

Además de los muertos, más de doscientos mil chechenos han huído del escenario de la lucha para intentar (en general, en vano) refugiarse en los países vecinos. Otros, tal vez los más comprometidos en la guerra, han huído a las montanas del sur de Chechenia.

# Intereses en juego

El Cáucaso es, desde principios de siglo, una zona clave para la extracción y distribución de las importantes reservas de petróleo del mar Caspio. Rusia no se puede permitir la pérdida de esa zona, ni tolerar que el oleoducto que va de Azerbayán a Rumania sea controlado por los chechenos.

En el terreno político, la situación en Chechenia es importante para el resto de las repúblicas del Cáucaso.

Chechenia, convertida en una república islámica independiente, sería una pesadilla para Rusia ya que alberga a millones de musulmanes dentro de sus fronteras.

De manera que esta guerra tiene un interés vital para Rusia, y el interés parece animar a todos los beligerantes.

Para los cabecillas chechenos, la guerra es razón de ser, y fuente de ingresos. No olvidemos en este respecto las importantes sumas con que los fundamentalistas chechenos son apoyados según parece, tanto por el terrorista musulmán Osama Bin Laden como por Arabia Saudita, a pesar del desmentido oficial saudí.

Por cierto no deja de ser humorístico el que algunos políticos rusos vean en el apoyo de los saudíes, aliados de USA, la mano omnipresente de Washington, que tendría interés en debilitar a Rusia, mientras que los chechenos acusan también a USA de forzar a Rusia a esta guerra, a través del Fondo Monetario Internacional.

Para los fanáticos islamistas, se trata de la guerra santa, tanto contra USA como (sobre todo) contra Rusia, que en tiempos de la Unión Soviética fue "el primer estado ateo del mundo", según ellos.

Los generales rusos, por su parte, tras los desastres de Afganistán y de la primera guerra de Chechenia, huelen ahora la posibilidad de una victoria. Para el presidente Vladimir Putin la guerra es una fuente de popularidad. Claro que eso depende a medio plazo de que la operación militar tenga éxito y el ejército no sufra muchas bajas. De forma que todos parecen estar interesados en esa guerra.... menos la población de Chechenia.

# Como podría solucionarse

Algunos sociólogos y políticos moderados de Moscú comienzan a proponer "soluciones", que van desde la autonomía de Chechenia dentro de la Federación Rusa (nada nuevo), hasta el plan del ex director del Servicio Federal Ruso de Migración, Yuri Biganov, que consiste en la deportación de parte de la población chechena, sobre todo los refugiados. a otras zonas de Rusia, incluso a Siberia. Lo cual hizo ya Stalin en 1944.

El Cáucaso sigue siendo un problema para Rusia, cuya gravedad no parece que vaya a disminuír, por muy duras que sean las intervenciones militares.

Basado en investigaciones de Joaquin Rico y Francisco Herranz.