La costa de Chubut atraviesa una temporada inusual: cada vez aparecen más ballenas francas australes muertas y los científicos temen que 2026 se convierta en el año con mayor mortandad desde que existen registros. El fenómeno afecta a crías, ejemplares juveniles y adultos, una combinación que mantiene en alerta a los equipos de investigación.
PREOCUPACIÓN
Record de ballenas muertas en la Patagonia
La mortandad de ballenas en Chubut podría superar registros históricos. Los científicos investigan dos causas y buscan explicar el fenómeno.
La preocupación se concentra en Península Valdés, Puerto Madryn y los golfos Nuevo y San José, áreas fundamentales para la reproducción de esta especie. Aunque todavía no hay un balance oficial definitivo, estimaciones extraoficiales citadas por medios internacionales hablan de más de 300 ejemplares muertos.
Los investigadores trabajan con hipótesis diferentes según la edad de las ballenas. En el caso de las crías, los análisis identificaron la presencia de Erysipelothrix rhusiopathiae, una bacteria asociada con la erisipela, una infección que puede provocar cuadros graves.
Los especialistas explicaron que el microorganismo puede ingresar al organismo a través de heridas o por la alimentación. Sin embargo, todavía buscan determinar cómo se produjeron las infecciones en los ejemplares afectados durante esta temporada.
La situación de los adultos y juveniles es diferente. En estos animales, una de las principales hipótesis apunta a una posible intoxicación por biotoxinas relacionadas con la marea roja, un fenómeno provocado por la proliferación de determinadas algas que pueden producir sustancias tóxicas.
Por qué preocupa la magnitud del fenómeno
Los antecedentes permiten dimensionar la situación. En 2012 se registró el máximo histórico de 113 crías muertas en Península Valdés, mientras que en 2022 se documentó un pico de 28 ejemplares adultos fallecidos.
Los registros preliminares de 2026 hacen temer que se superen esos valores. Sin embargo, los investigadores advierten que todavía deben consolidar los datos y completar los análisis antes de establecer una cifra definitiva y evaluar el impacto sobre la población.
La temporada reproductiva aún no terminó y los equipos científicos continúan relevando las costas para registrar nuevos casos.
Qué buscan determinar los científicos
El operativo incluye necropsias, toma de muestras y análisis microbiológicos. Además, se prevé ampliar el muestreo de agua y moluscos en los golfos Nuevo y San José para investigar la posible presencia de toxinas vinculadas con la marea roja.
Por ahora, no hay evidencia concluyente de que una única causa explique todas las muertes ni de que exista una relación directa con la actividad humana. Los especialistas también analizan si factores ambientales, como los cambios en las condiciones oceanográficas, pudieron favorecer alguno de estos episodios.
La ballena franca austral es una especie longeva cuya población se recuperó después de décadas de protección frente a la caza comercial. Por eso, los científicos advierten que las consecuencias de una mortandad extraordinaria deben evaluarse a largo plazo, sin sacar conclusiones definitivas a partir de cifras parciales.
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