Texas enfrenta una de las situaciones más preocupantes de su temporada agrícola. En las grandes llanuras del oeste del estado, la sequía no solo dejó los campos secos y marrones: también está haciendo retroceder el agua que se encuentra bajo tierra.
PREOCUPACIÓN
La sequía en Texas avanza y el problema está bajo tierra
La falta de lluvias secó cultivos y está agotando un acuífero clave. Algunos pozos dejaron de encontrar agua. Qué está pasando en Texas.
Las nuevas imágenes satelitales difundidas por la NASA muestran el contraste entre septiembre de 2025 y septiembre de 2026 en los alrededores de Lubbock. En apenas un año, buena parte del paisaje agrícola pasó de tonos verdes a extensiones completamente secas, mientras numerosos pequeños lagos temporarios desaparecieron.
La zona afectada forma parte de Texas High Plains, una de las principales regiones productoras de algodón de Estados Unidos. La sequía de 2026 golpeó especialmente a los cultivos que dependen de las lluvias.
Una agricultora del condado de Lubbock contó a la NASA que cerca del 90% de su algodón de secano murió. Según su relato, incluso los responsables de su seguro agrícola aseguraron que nunca habían visto una situación semejante.
Las imágenes tomadas por el satélite Landsat 8 el 9 de septiembre muestran la magnitud del cambio: donde un año antes predominaban los campos verdes, ahora aparecen grandes superficies marrones y lagunas prácticamente secas.
El agua también empieza a desaparecer
Los agricultores de la región dependen en gran medida del acuífero de High Plains, una enorme reserva subterránea que proporciona agua para el riego.
El problema es que esa reserva viene disminuyendo desde hace décadas. De acuerdo con datos del Servicio Geológico de Estados Unidos, el nivel del agua en buena parte del condado de Lubbock descendió entre 25 y 100 pies —unos 8 a 30 metros— desde 1950.
En algunos condados ubicados más al norte, la caída supera los 150 pies, equivalentes a unos 46 metros.
La sequía de 2026 llevó la situación un paso más allá. Algunos agricultores comenzaron a reducir el riego a apenas la mitad o incluso un tercio de sus campos porque el agua disponible ya no alcanza. En otros casos, los pozos directamente dejaron de funcionar.
La lluvia todavía no alcanza
Durante septiembre y los primeros días de octubre llegaron algunas precipitaciones y ayudaron a mejorar parcialmente el panorama. Sin embargo, los especialistas consideran que todavía son insuficientes para terminar con la sequía.
Según Jonathan Case, meteorólogo de la NASA y uno de los autores del análisis del U.S. Drought Monitor, la región necesitaría alrededor de 7 pulgadas de lluvia —unos 178 milímetros— durante tres meses para poner fin a las condiciones actuales.
El problema es que una lluvia aislada no necesariamente resuelve el déficit. Parte del agua puede ser absorbida por la vegetación o evaporarse antes de alcanzar las reservas subterráneas. Por eso, para los agricultores, el desafío no consiste solamente en esperar la próxima tormenta.
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