“Soy bueno en el mata-mata, en el mano a mano”, vamos a ganar el 25 de Octubre” le prometió el presidente brasileño Lula Da Silva a una tropa propia muy alicaída y afectada por un resultado tan desagradable como inesperado.
APUESTA POR EL "METRO CUADRADO"
Lula logra emparejar con jornada semanal de 40 horas y transporte gratuito cada finde
La noche de la derrota contra Flavio Bolsonaro por menos de 2 puntos, el presidente Lula Da Silva se mostró sereno y prometió revertir el resultado en el balotaje.
Durante buena parte de su carrera, Luiz Inácio se dedicó a privilegiar la visión ideológica y global por encima de la pragmática y local.
Producto de ello fueron 3 derrotas consecutivas en otros tantos intentos por llegar al Palacio del Planalto en Brasilia.
A principio de los años 90, trabó amistad con el embajador argentino en el coloso de habla portuguesa: José Manuel de la Sota.
El cordobés llegaba enviado por el ex presidente Carlos Menem luego de duras derrotas contra el radical Eduardo Angeloz.
Cuando Lula y José se cruzaban, se lanzaban saludos con gran ironía.
El sindicalista paulista le lanzaba: “¿E aí, perdedor?”.
De la Sota le respondía: “Como vai o senhor, perdedor?”
Luego, Da Silva recogía el guante y le retrucaba: “Quando o perdedor começa a ganhar, ele não perde mais” (cuando un perdedor empieza a ganar ya no pierde más).
¿Cómo logró Da Silva revertir 3 derrotas sucesivas?
El actual mandatario del gigante sudamericano cayó contra Fernando Collor de Mello (1989) y Fernando Henrique Cardoso (1994 y 1998).
En 2003, luego de dos mandatos consecutivos del célebre sociólogo brasileño, obtuvo 61% de los sufragios en el balotaje.
Afirmó antes de vencer que se sentiría plenamente satisfecho si, al terminar su mandato, todos los brasileños pudieran desayunar, almorzar y cenar de manera digna.
El programa “Hambre Cero” se desató de inmediato con proyectos piloto iniciales en comunidades empobrecidas como Guaribas y Acauá (en el estado de Piauí) mediante la entrega de recursos y tarjetas de ayuda alimentaria.
Retomar la vieja agenda de Brasil, en 2026
Tal vez por el calibre de su adversario Flavio Bolsonaro, un postulante ultra derechista, el Partido de los Trabajadores basó sus propuestas en la defensa de la democracia y el peligro que representaba un grupo de dirigentes que desdeña la institucionalidad al punto de intentar un golpe de Estado.
Con los resultados negativos en la mano, Lula volvió a girar hacia el empirismo y el posibilismo.
El cambio se implementará de forma progresiva mediante un período de transición:
En la primera fase se reducirá a 42 horas semanales y en la segunda, a los 14 meses de promulgada la norma, se alcanzaría el límite definitivo de 40 horas.
Luego, para coronar la iniciativa, lanzó otro cambio radical: transporte público gratis los fines de semana con el fin de aprovechar al máximo las 2 jornadas de descanso.
Lula, uno de los sobrevivientes que se supo adaptar
Fue capaz de dejar de lado, al menos estratégicamente, la radicalidad de sus propuestas.
Tuvo muy en cuenta la experiencia previa en los años 80 y 90 de Felipe González, líder histórico del Partido Socialista Obrero Español quien pasó de combatir la OTAN a “europeizar” una nación ibérica que lucía muy atrasada con respecto a sus pares del viejo continente.
Como en Colombia, Perú y Bolivia, se anticipa un final de “bandera verde” con diferencias muy estrechas.
A sus 80 años, Da Silva sigue repitiendo lo mismo que le decía a De la Sota hace un cuarto de siglo:
En pocas palabras
- Lula Da Silva prometió revertir el resultado en el balotaje tras la derrota por menos de 2 puntos.
- El presidente anunció una reducción de la jornada laboral a 40 horas semanales y transporte público gratuito los fines de semana.
- El mandatario brasileño busca replicar estrategias pasadas, enfocándose en el pragmatismo y el posibilismo para asegurar la victoria.














