Nueva Zelanda está en shock tras una revelación impactante a raíz de una investigación pública: 200.000 niños y adultos necesitados han sufrido abusos durante décadas en orfanatos, hogares grupales, hospitales psiquiátricos y otras instituciones estatales y religiosas.
IMPACTANTE REVELACIÓN
Escándalo en Nueva Zelanda: 200 mil abusos en orfanatos y hogares
De las 655.000 personas que pasaron por instituciones de acogida estatales desde los años 50, alrededor de 200.000 sufrieron abusos en Nueva Zelanda.
Esas cifras alarmantes surgieron de la indagación de más de seis años de la comisión real de Nueva Zelanda sobre los abusos que analizó la atención brindada a unos 655.000 neozelandeses entre 1950 y 2019.
La estadística es abrumadora; el 30,5% de los que pasaron por aquellas instituciones a quienes se les confió su seguridad sufrieron abusos. Una violencia que dura 70 años y que ahora ha salido a la luz. Ahora las instituciones estatales que los acogieron con el pretexto de brindarles respaldo y protección, pero en lugar de eso los maltrataron, están en la mira de todo el país.
El escándalo es una vergüenza nacional que denota una práctica siniestra en el régimen social de acogida y un fracaso total del gobierno de Nueva Zelanda. El Primer Ministro Christopher Luxon lamentó "un día oscuro y doloroso en la historia de Nueva Zelanda”.
Como consecuencia, se establecerá la Care Safe Agency, para prevenir y responder al abuso y la negligencia en el cuidado, apoyada por una nueva ley para dar efecto a la agencia, según medios locales.
Tipos de abusos
Según el informe presentado este miércoles (24/07) en el parlamento, los abusos sexuales y el abandono físico y emocional eran generalizados y sistemáticos, lo que causaba un trauma significativo a las víctimas.
Entre los perpetradores denunciados que incurrieron en esas prácticas aciagas y fallaron en su labor de velar por el bienestar del necesitado, se encuentran cuidadores, líderes religiosos, trabajadores sociales y médicos.
Por contar solo un caso, durante la década de 1970 los niños del hospital psiquiátrico Lake Alice fueron sometidos a torturas mediante terapia de electroshock que les provoca convulsiones e inyecciones dolorosas como castigo.
En algunas instituciones, los niños sufrieron abusos sexuales extremos por parte de funcionarios de la Iglesia. En otras se amenazaba a los jóvenes con ejecuciones simuladas, se les aplicaban castigos corporales con armas en los genitales y se los mantenía sistemáticamente en régimen de aislamiento. El informe también señaló el uso excesivo de la atención institucional para personas sordas, discapacitadas y con problemas mentales, según supo The Guardian que accedió al informe. Algunas madres jóvenes se vieron obligadas a dar a sus hijos en adopción.
Muchas víctimas informaron más tarde que tenían traumas persistentes por “daños irreparables” sufridos. La mayoría de los sobrevivientes posteriormente experimentaron falta de vivienda, pobreza, adicción, enfermedades físicas y mentales, y menores oportunidades de educación y trabajo. Los sobrevivientes maoríes enfrentaron la desconexión de su identidad, mientras que algunos sobrevivientes se abrieron camino a la membresía en pandillas, el encarcelamiento y el suicidio.
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