La presión sobre los ingresos es cada vez más notoria y se siente en el consumo general. En kioscos y almacenes de barrio, los argentinos continúan ajustando sus compras frente al peso del transporte, los servicios públicos y los gastos de salud, una combinación que limita el dinero disponible para alimentos y productos básicos.
A los kioscos les cuesta respirar
Enrique Acuña, vicepresidente de UKRA (Unión de Kiosqueros de la República Argentina), explicó que el consumo está frenado:
Los almacenes no se salvan
Fernando Savore, vicepresidente de la Federación de Almaceneros de la Provincia de Buenos Aires y de la Confederación General Almacenera Nacional, describió este escenario a partir de su experiencia con los clientes. Según estimó en Infobae stream, alrededor del 40% de los ingresos familiares se destina a obligaciones mensuales, mientras que el 60% restante debe cubrir el resto de los gastos.
Aunque los alimentos también aumentaron, el dirigente señaló que los lácteos registraron una suba del 4% durante el último mes. En ese contexto, la leche se comercializa por encima de los $2.000 por litro, un valor que condiciona las decisiones de compra.
Menos ventas y cambios en el comportamiento de los clientes
El consumo muestra diferencias respecto de diciembre de 2023, cuando, según Savore, la inflación mensual se acercó a los 30 puntos, con aumentos de precios que rondaban un punto por día. En aquel momento, muchos consumidores adelantaban las compras inmediatamente después de cobrar sus salarios para evitar nuevas remarcaciones.
Con una dinámica de precios más moderada, las ventas repuntaron durante octubre, noviembre y diciembre, impulsadas también por las fiestas de fin de año. Sin embargo, la mejora no se mantuvo durante los meses siguientes: enero y febrero estuvieron afectados por las vacaciones, mientras que marzo y abril resultaron especialmente difíciles para sostener la actividad comercial.
Frente a este panorama, los comerciantes buscan ofrecer productos que se adapten a presupuestos más reducidos.
Las marcas PYME avanzan por sus precios
La diferencia de valores entre productos similares favorece la presencia de pequeñas y medianas empresas en las góndolas. Savore mencionó el caso del pan lactal de 600 gramos: mientras una primera marca cuesta $6.000, una alternativa PYME de calidad comparable se vende a $3.000.
En los fideos, la brecha también es considerable. Un paquete de marca PYME puede comercializarse a $1.200, frente a los $4.000 de una primera marca. Además, el dirigente sostuvo que las empresas pequeñas ocupan tres cuartas partes de las góndolas de galletitas.
Las opciones de venta por porciones también ganan espacio. Una caja de cereales que cuesta $8.000 puede reemplazarse por una presentación del mismo gramaje a $3.000. En la avena, la alternativa envasada por el propio comercio se ofrece a $2.000, frente a valores cercanos a los $5.000 para productos tradicionales.
El fiado persiste, pero con límites
La presión económica también afecta la relación entre comerciantes y clientes habituales. El fiado continúa vigente, aunque los almaceneros restringen los montos para evitar problemas financieros.
Savore indicó que pueden sostener deudas de entre $40.000 y $50.000 durante períodos breves, pero advirtió sobre los riesgos de acumular saldos de $300.000.
Así, kioscos y almacenes surfean una realidad compleja para los pequeños comercios, en el que ya son demasiados los caídos durante la era Milei.
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