El estallido de Cambiemos en Córdoba y la derrota del ‘Pechi’ Quiroga en Neuquén –donde la derrota del candidato de Cristina Fernández fue lo único a celebrar para la Casa Rosada- consolidan la idea en el PRO de que es necesario preservar a Mauricio Macri de los vaivenes electorales hasta las PASO nacionales y así evitar más daño a su figura.
CRISIS EN CAMBIEMOS
Neuquén+Córdoba: El PRO arma una ‘burbuja electoral’ para Macri
La derrota anunciada del candidato de Cambiemos en Neuquén significó que Mauricio Macri no lo apoyara públicamente y prefiriera aguardar en silencio la derrota del kirchnerista Rioseco, o sea, de Cristina Kirchner. En Córdoba se intenta una última e improbable reunificación de la alianza PRO-UCR-CC, pero en tal caso en la Casa Rosada ya sacan del medio al Presidente para que no se vea manchado por ese escándalo y por otra derrota previsible ante el peronismo local. Tampoco allí Macri tendría un opositor acérrimo. Los radicales se quejan porque creen que se siente cómodo con Juan Schiaretti, a quien conoce desde la época de Sevel y con quien logró varios acuerdos en el Congreso como parte del peronismo alternativo. La idea es, entonces, preservar al primer mandatario de los vaivenes electorales provinciales hasta las PASO, pero el hecho no disimula la crisis en la que ha entrado la alianza oficialista nacional justo en año de elecciones.
En la provincia mediterránea habrá un último intento de volver a armar el frente Cambiemos. Pero ya no hay esperanzas de lograrlo y es evidente la victoria del actual mandatario Juan Schiaretti en un escenario de opositores divididos entre Mestre y Negri.
Si en Neuquén Macri se conformaba con la derrota de CFK y la continuidad de un MPN que nunca fue un opositor acérrimo y hasta podía considerarse un aliado ocasional ¿por qué sería diferente en Córdoba, donde conoce a Schiaretti desde la época de Sevel y logró acuerdos en el Congreso en el marco del peronismo alternativo?
Sobre esta línea de pensamiento de Macri cómodo con candidatos no radicales, pero no conflictivos, escribe los siguientes párrafos Carlos Pagni en la Nación:
Salió muy mal el candidato Horacio "Pechi" Quiroga, intendente de la ciudad de Neuquén. Los radicales creen que Macri prefería el triunfo de Gutiérrez al triunfo del propio candidato. Cambiemos está atravesando problemas en muchos distritos y eso amenaza su composición a nivel nacional. El dato aquí es la tensión entre el gobierno nacional y el radicalismo. Porque lo que pasó en Neuquén se puede estar reflejando también en Córdoba, donde se acaba de romper Cambiemos. Córdoba es Macrilandia, donde mejor le fue a Macri en su historia de dirigente nacional.
Probablemente en la cabeza de Macri Schiaretti es una solución frente a un triunfo de Mestre y una solución frente a un triunfo de Negri. ¿Macri desiste de intervenir porque en el fondo le gusta más gobernar con un candidato peronista, al que conoce de antes? Cuando los Macri tenían Sevel y fabricaban autos Schiaretti era el secretario de Industria de Domingo Cavallo. Schiaretti viene de la industria automotriz porque se exilió en Brasil y trabajó en Fiat, empresa que luego en la Argentina va a ser de los Macri. Hay un entramado profundo entre Schiaretti y los Macri.
Lo mismo se puede pensar de Neuquén. Es posbile que Macri diga: "Me conviene más alguien conocido como Gutiérrez, aunque no sea brillante, con el que ya pague la reducción de costos laborales y costos en general de Vaca Muerta, que un radical que quizás pueda traerme problemas". La pregunta es si Macri se ha propuesto crear un partido nuevo en la Argentina o solamente tiene un proyecto biográfico que es ser él presidente con el mejor instrumental al servicio de su presidencia.
Los radicales le van a pedir al Pro o una interna o una vicepresidencia. No le pueden hacer ganar la elección a Macri pero se la pueden hacer perder. La variable que controla esta mesa de póker es la marcha de la economía. Cuando el dólar sube cae Macri, cuando el peso se estabiliza Macri se recupera. Su figura tiene una elasticidad que no tiene Cristina.
Mientras tanto, Cambiemos hace un último intento para mantenerse unido en Córdoba, pero la suerte allí está echada y con los dos candidatos radicales dispuestos a no ceder, no se avizora un final feliz. Así lo explica Clarín este martes (12/3):
La Mesa Nacional de Cambiemos llamó a un último intento de unidad para resolver la disputa entre Mario Negri y Ramón Mestre en Córdoba, y en caso de que ese objetivo nuevamente fracase dejará librada la definición a los partidos de la provincia. De ese modo, el Gobierno buscará tomar distancia del enfrentamiento para acotar el daño a la candidatura presidencial de Mauricio Macri.
“No creemos que esto tenga arreglo, es un choque de frente. Los liberamos para que hagan como quieran y se hagan responsables”, fue más terminante uno de los radicales.
Peña y Frigerio ya buscaron sin éxito convencer a Mestre de que bajara su precandidatura. El alcalde de Córdoba armó la fórmula con Carlos Briner -intendente de Bell Ville- y Rodrigo de Loredo como aspirante a sucederlo. Con Héctor Baldassi como vice y Luis Juez como postulante en la Capital, Negri no aceptó participar de la interna luego de que Correo Argentino y OCASA rechazaran hacerse cargo del despliegue de urnas y el escrutinio provisorio por falta de tiempo. Mestre había propuesto avanzar con dirigentes y militantes de los partidos y el apoyo de ONGs.
Juez ya retiró a su partido -el Frente Cívico- del espacio conformado con Mestre y el PRO se disponía a hacerlo en estas horas, con el objetivo de inscribir en los próximos días una nueva alianza para ir directo a las generales del 12 de mayo con la fórmula Negri-Baldassi. Mestre iría con la Lista 3.
Sobre Córdoba, el diario local El Alfil aporta más información y apunta a Marcos Peña como el culpable, aquí algunos párrafos:
El exintendente de Córdoba se encuentra librando una nueva batalla, esta vez, colaborando activamente para desmontar la alianza Cambiemos en la provincia.
Por supuesto, y a fuerza de ser ecuánimes, no detenta el monopolio en esta tarea. Cuenta con el concurso de otros importantes dirigentes radicales y macristas, quienes se las arreglaron para dinamitar cualquier tipo de confianza recíproca y rehuir, a modo de efecto inevitable, un compromiso razonable para dirimir sus cuitas en una elección interna pacífica e inapelable.
Hay nítidas cadenas de responsabilidades por lo sucedido, y todas comienzan en Buenos Aires, más precisamente, en las oficinas del jefe de gabinete de ministros de la Nación. Marcos Peña es el gurú de la ruptura.
Peña creyó que podía ordenar la tormenta cordobesa recurriendo a la mediocre metodología de las encuestas. Al hacerlo envió un mensaje inequívoco a Ramón Mestre: “No importa que hayas ganado la ciudad en 2011 y que hayas repetido en 2015, tampoco que seas el presidente de la UCR. Las candidaturas las definirán las consultoras”. El intendente tuvo que aceptar el diktat, pero anotó el agravio entre sus papeles. Previsiblemente, las pesquisas no zanjaron la cuestión sobre cuál candidato resultaba el más potable, si él o Mario Negri (las diferencias entre sus respectivas intenciones de voto nunca fueron concluyentes), por lo que la inquina inicial por la imposición se transformó en abierta insubordinación.
Con Cambiemos quebrado en Córdoba, Poliarquía acerca una encuesta reciente sobre intención de voto a gobernador con los candidatos cambiemistas por separado, donde claramente se impone Juan Schiaretti con el 32% sobre Negri que sumaría el 25% y Mestre con el 14%.








