CIUDAD DE BUENOS AIRES (Urgente24). En el pasado, Horacio Verbitsky era más cuidadoso a la hora de justificar, a menudo lo injustificable. Entonces, era más convincente. Ahora deja las contradicciones en la superficie.
Verbitsky cuestiona que Fernando Solanas y Felipe Solá hayan aparecido como aliados en la conflictiva jornada del jueves 03/12 en Diputados pero se lamenta que Victoria Donda y Graciela Camaño no sigan en el mismo abanico kirchnerista.
Verbitsky debería considerar que la relación entre Donda y Camaño era tan difícil de explicar en el abanico kirchnerista como la que hoy día él dice que tienen su ex amigo Felipe Solá y 'Pino' Solanas, a quien además le reprocha que ambicione presidir una comisión legislativa con apoyo de allegados a Eduardo Duhalde y Rodolfo Terragno.
En definitiva, la construcción política que ha ensayado el kirchnerismo durante 6 años es tan difícil de explicar como la que ahora critica. Lo que fue bueno para el kirchnerismo, no puede ahora ser malo si es no-kirchnerismo.
Antes, Verbitsky tendría que explicar cómo es que en el pasado, cuando Página/12 era cofinanciado por Grupo Clarín, libraba las batallas del multimedios en retroceso, y ahora todo lo contrario.
Pero, en fin, aqui va un fragmento de Verbitsky y luego un fragmento sobre el acto de Carlos Heller para presentar su bloque legislativo 'progresista', que no integran ni Solanas ni Miguel Bonasso ni Victoria Donda.
Al respecto, el 'progresismo', por fin, ya no es monopolio del kirchnerismo.
Por lo tanto, habrá que hablar del (ladri) progresismo (el de Heller, Sabbatella & amigos), y del (auto) progresismo (el de Solanas y los suyos. Ocurre que el 'progresismo' es una condición que los demás deben atribuirle a uno y no uno autodenominarse 'progresista'). Horacio Verbitsky en el diario Página/12:
"(...) Dentro del Congreso un comando unificado que amuchó a Pino y a Pinedo, a Carrió, a Felipe Solá y a Oscar Aguad, se apoderó de la mayoría en todas las comisiones, imponiendo el número por primera vez en seis años. La gran beneficiaria fue la UCR que incluso pudo zanjar parte de sus querellas internas, compensando al hijo del ex presidente Raúl Alfonsín con la vicepresidencia 1ª de la Cámara por la conducción del bloque que asumió Aguad.
En estos días las calles de Buenos Aires fueron una fiesta, con el acampe de los piqueteros que pedían y obtuvieron su parte en el clientelismo, las movilizaciones a favor del matrimonio entre personas del mismo sexo, en un caso que mostró la facilidad de Maurizio Macri para enemistarse con tirios y troyanos, y el arresto del capo de la Asociación Bancaria, Juan José Zanola, quien con el saco sobre las esposas y una sonrisa forzada disimulaba lo mal que le cae el saneamiento de las obras sociales sindicales. Ni los brigadistas ni las SA imaginarias de Luis Alberto Romero actuaron contra esta alteración del orden.
A la derecha de la alianza legislativa, Solá proponía que el misionero Ramón Puerta fuera designado presidente de la Cámara. A cargo del reparto en las comisiones quedó la policromática Patricia Bullrich, con un método revelador del vacío político de esa piñata de cargos: dividió la totalidad de la Cámara en dos bloques, A y B, que bien podrían haberse llamado Nosotros y el Resto del Mundo. Allí amontonaron también a Martín Sabatella y a la media docena de diputados que coinciden con él. El ex intendente de Morón fundamentó su oposición a esta forma de funcionamiento en la que nadie representa otro proyecto que la exaltación de sí mismo.
Otro minibloque de seis diputados, encabezado por Graciela Camaño y Juan José Alvarez terció con una propuesta intermedia: preponderancia del oficialismo en las comisiones que hacen a la gobernabilidad y de la oposición en las de control. Aun desechada por quienes tenían el número para imponerse en un tiempo que sienten de revancha, esa idea sirvió de base para la que por fin dejó en minoría al oficialismo por apenas un voto en cuatro comisiones críticas, como Asuntos Constitucionales, Presupuesto y Hacienda, Juicio Político y Peticiones, Poderes y Reglamento, y aplicó al resto la proporcionalidad de 55% a 45%.
No todos los casos son iguales. Solá se alejó del gobierno en junio del año pasado, cuando votó en contra de la resolución 125, luego de usufructuar como nadie el privilegio de pertenecer. Pero renunció este año a su banca y la recuperó, ya como opositor, después de vencer a Kirchner. Está en su derecho de ser atrabiliario y rencoroso.
En cambio Graciela Camaño fue electa hace dos años por el oficialismo, del que se alejó ahora.
Lo mismo ocurre con Victoria Analía Donda, que nació cautiva en la ESMA pero no diferencia entre Kirchner y Aguad, a quien los cordobeses llaman El Milico porque se recostó para gobernar Córdoba en los policías torturadores del D-2 e hizo pública ostentación de su cordial relación con Luciano Menéndez.
Vicky llegó a integrar la lista del Frente para la Victoria no en un acuerdo político con Libres del Sur, sino a pedido de las Abuelas de Plaza de Mayo.
El mismo año fue elegido Miguel Bonasso, en una lista de ocasión, adosada a la candidatura presidencial de CFK, que traccionó los votos para que fuera electo como jefe del monobloque Bonasso.
Eso no los inhibe ahora de negociar cargos con el Frente del Rechazo e intentan fundamentarlo con presuntos cambios del gobierno, al que todos ellos le descubren gravísimas fallas que durante años no le vieron.
Indiscutible, en cambio, es la coherencia de Fernando Solanas, que hizo una elección brillante en la Capital con un discurso del que no se aparta ahora y que incluye la definición de Kirchner como gran traidor a la patria.
Es posible opinar que se equivoca, pero nadie podría decir que se haya llevado algo que no le pertenece. Entre tantas defecciones por derecha, alguien que se afiebre por izquierda le viene mejor al gobierno que a sí mismo. Tampoco merece objeciones su denuncia del kirchnerismo por no recuperar los yacimientos petrolíferos y prorrogar concesiones.
Pero la presidencia de la Comisión de Energía se la deberá a los seguidores de Duhalde y Rodolfo Terragno, cuyo plan del Bicentenario tiene un solo punto concreto en medio de una tibia laguna de generalidades: el plan de incentivos para la inversión transnacional elaborado por los secretarios de Energía de Raúl Alfonsín, Carlos Menem y Fernando De la Rúa, los de la privatización de YPF, la exportación descontrolada de un recurso estratégico agotable y la disminución del horizonte de reservas.
Se lee y se escucha que el autoritario Kirchner objetó el esquema de distribución de comisiones que había acordado Agustín Rossi, quien habría tenido que amenazarlo con su renuncia para que entrara en razones.
No es esa la versión que transmiten Kirchner ni la presidencia. Según Kirchner (quien objetó que votaran en el recinto diputados que recién comenzarían su mandato la semana siguiente), las decisiones las adoptó CFK, en consulta telefónica con los negociadores Rossi y Patricia Fadel, dada la experiencia legislativa de la que él carece. Kirchner ocupó la banca contigua a la de Rossi, para marcar el respaldo a su conducción.
Durante la reunión de bloque previa ambos hablaron acerca de la necesidad de que la bancada piense y debata con madurez política, para recuperar el discurso ético y las utopías y profundizar la transformación.
Fue la Presidente quien dispuso aceptar en calma el resultado adverso, sin gestos ampulosos ni retiros del recinto como los que la oposición cultivó cuando estaba en minoría. Desde esas posiciones posibles, se intentará reconstruir poder a medida que se manifiesten las contradicciones dentro de lo que Rossi llamó una mayoría circunstancial, con proyectos de difícil conciliación.
Quienes recuerdan la crisis de la Alianza luego de la derrota electoral de octubre de 2001, afirman que un grupo de gobernadores, entre quienes estaba Kirchner se opuso al propósito de Duhalde de relegar al radicalismo en todas las comisiones.
Las leyendas que se vierten sobre Kirchner como verdad revelada son asombrosas. Para la principal columna política de La Nación, quedó en minoría "por primera vez en su vida".
Todo lo contrario: cuando accedió a la intendencia de Río Gallegos obtuvo apenas 111 votos de ventaja sobre su competidor y en el Consejo Deliberante lo apoyaba sólo 1 de los 7 concejales.
Ya en la gobernación, tenía 15 legisladores en contra y sólo 9 propios.
"A Zannini y a mi nos llamaban los reyes del veto", recordó en varias ocasiones.
Ni siquiera contaba con bloques propios en el Congreso Nacional cuando llegó a la presidencia en 2003, lo cual lo obligó a construir poder político del que luego se derivaran consecuencias institucionales.
Recién con las elecciones de 2005 comenzó a revertir esa situación pero volvió a perder la mayoría luego del conflicto con la Sociedad Rural, que el jueves intentará repetir su concentración masiva en el Rosedal, aunque los récord de exportaciones de carne y soja, la normalización en trigo, los buenos precios, el apoyo oficial a las zonas en emergencia, el pago de miles de millones en subsidios y la política dialoguista del nuevo ministro Julián Domínguez han reducido a la Mesa de Enlace a una maquinaria política y clasista, que no augura multitudes.
Es probable que en algunos casos, la Presidente recurra al veto, dado que la oposición carece de los dos tercios necesarios para remontarlo. Pero su ánimo es esperar a ver qué proponen y aceptar las mejoras que puedan proponer.
No vetaré por vetar, ha dicho. También habrá casos en que el Senado será el freno suficiente para los pujos de la cámara baja.
Entre un gobierno sin quórum propio y una oposición sin otro acuerdo básico que maniatar al Poder Ejecutivo, la convivencia no será simple. A la lectura que se impuso el jueves de todos contra uno, se opone la que expresó Rossi cuando explicó que su bloque duplica al radical, triplica al de los peronistas sin rumbo y cuadruplica al de la Coalición Cívica Libertadora. Ambas visiones expresan aspectos de una realidad compleja y sólo el tiempo puede decir cuál prevalecerá. (...)".
Enojo de Verbitsky/Kirchner con Miguel Bonasso, Victoria Donda y Graciela Camaño
Tal como ocurre dominicalmente, Horacio Verbitsky escribió en el diario kirchnerista Página/12 la opinión de los temporarios habitantes de la Quinta de Olivos acerca de los hechos que les preocupan. En esta ocasión, dejar en claro algunas cuestiones sobre la sesión en Diputados el jueves 03/12 y, básicamente, pasar 'factura' a ex aliados del propio Verbitsky como Miguel Bonasso y Victoria Donda.
"(...) El acto terminó convirtiéndose en la presentación en sociedad de uno de los dos bloques legislativos que representarán al progresismo en el Congreso. El otro bloque estará alineado en torno de la figura de Fernando 'Pino' Solanas, jefe de Proyecto Sur. Por lo que se vio y escuchó el último jueves en el recinto –todavía se recuerda el gesto de pulgares hacia abajo que Solanas les dedicó esa noche a los militantes kirchneristas que ocupaban las gradas de Diputados–, el bloque de Heller y el bloque de Solanas mantendrán un fuerte debate en la Cámara Baja.
(...) Heller analizó el resultado de la sesión del jueves. Tras varias horas de debate, la oposición logró desplazar al oficialismo de la vicepresidencia 1ª de Diputados y dejarlo en minoría en todas comisiones del cuerpo. Conocidos espacios de centroizquierda, como Libres del Sur, Solidaridad e Igualdad, Miguel Bonasso y Proyecto Sur, aceptaron sumarse a la estrategia. Heller y el (ahora ex) intendente de Morón, Martín Sabbatella, no estuvieron de acuerdo con esa postura. Tampoco los socialistas bonaerenses Ariel Basteiro y Jorge Rivas.
–¿Qué opina de los diputados de centroizquierda que acompañaron a la oposición?
–No fue una sorpresa. Había un acuerdo general. Durante la semana nosotros habíamos hecho algún intento de hacer una reunión con esos grupos. Si se suman los votos de Proyecto Sur, (Eduardo) Macaluse, Libres del Sur, los socialistas, más nosotros, eso podría formar un núcleo que sumado al sector oficialista también tendría mayoría. Pero desde la otra parte no había disposición. Ellos tenían avanzado un acuerdo. Fue una oportunidad perdida. Porque en vez de ser funcionales a la centroderecha, nosotros podríamos haber aprovechado esa mayoría para pedirle al Gobierno compromiso para avanzar hacia políticas más progresistas, para profundizar más en la distribución del ingreso.
–¿Usted nota cierto aire de revanchismo por parte de la oposición?
–No. Eso sería hasta simplificar. Lo que pasa con la oposición, sobre todo con la derecha, no es que tienen bronca porque los trataron mal. No. Ellos quieren ir para atrás en un montón de cosas. Es una toma de posición. Porque aquí no es que si pierde el Gobierno gana Pino. Acá si pierde el Gobierno gana la derecha, que ya está aprovechando el resultado para tratar de ir para atrás. Quieren ir para atrás con la nacionalización de los fondos de las AFJP, también quieren revisar la ley de medios. (...)".






