COLOMBIA/FARC

1 año después, no se cumplen los acuerdos de paz

Ante la mirada de los presidentes Pedro Pablo Kuczynski (Perú), Mauricio Macri (Argentina), Nicolás Maduro (Venezuela), Michelle Bachelet (Chile), Horacio Cartes(Paraguay) y Rafael Correa (Ecuador), entre otros, Juan Manuel Santos y Rodrigo Londoño ("Timochenko") firmaron el acuerdo de paz entre el gobierno de Colombia y las Farc, en Cartagena de Indias. El Presidente le entregó al líder guerrillero un pin de una paloma de la paz. Borge Brende, canciller noruego, estuvo en el estrado en representación del país en el que, en 2012, se iniciaron las conversaciones de paz.

Hace un año (26/09/2016), el presidente Juan Manuel Santos y el máximo jefe de las Farc-Ep, Timoleón Jiménez, firmaron en el Centro de Convenciones de Cartagena el Acuerdo Final de Paz. Aquel entendimiento perdió el plebiscito no vinculante a que convocó Santos pero el Presidente ganó el premio Nobel de la Paz. Ahora todo está en riesgo de caer.

365 días después de ese histórico momento, muchos de los acuerdos no se cumplen. Tanto Gobierno como las Farc (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia) no han ejecutado varios de los acuerdos con los que se espera llegar a la paz.

El primero en mostrar su inconformismo fue el grupo guerrillero, y Jiménez envió un carta abierta al presidente Santos en la que le pide que se cumpla con lo prometido: "Cabe recordar que las dos partes celebramos el 29 de mayo el denominado Acuerdo sobre Hoja de Ruta para el cumplimiento de las obligaciones derivadas del Acuerdo Final, en el que entre otras obligaciones se previeron las garantías mínimas que el Gobierno Nacional debía hacer efectivas a las Farc-EP antes de la culminación de la dejación de armas. Al día de hoy no se cumplen".

Jiménez afirma que se incumplieron desde la salida de las cárceles de los integrantes de las Farc que se encuentren en los listados acreditados por la Oacp (Oficina del Alto Comisionado para la Paz) antes de finalizar el proceso de abandono de armas; otorgamiento de amnistía 'de iure' por resolución presidencial a todos los integrantes de las milicias debidamente acreditados; la suspensión de órdenes de captura con fines de extradición y revocatoria de medidas de aseguramiento a personas acreditadas por la Oacp; el nombramiento del subdirector de la Subdirección especializada de seguridad y protección de la Unidad Nacional de Protección, entre otros acuerdos.

"Nuestra gente sigue privada de su libertad, muere enferma en prisión o se agrava ante la indolencia estatal. Nos movemos con la zozobra de la detención porque el señor Presidente no expide la amnistía de iure, pese a que ya se cumplieron diez veces los diez días previstos para ello", destaca en el comunicado que fue publicado el página www. farc-ep.co/

En la carta abierta, alias Timochenko destaca que ellos sí han cumplido con los acordado, resaltando el proceso de entrega de armas.

"Las Farc-EP cumplimos sagradamente con la dejación de armas. ¿Qué explica entonces la desidia oficial para honrar a su vez la palabra empeñada?", dice la carta.

Henry Acosta

En tanto, el empresario Henry Acosta, quien fue el artífice de los contactos entre el Gobierno y las Farc para iniciar los diálogos de paz en La Habana, Cuba, y quien en muchos momentos duros de la negociación medió para evitar la ruptura de la mesa de diálogo, envío una dura carta en la que advirtió que está altamente preocupado por lo que considera la ya no implementación del acuerdo.

Henry Acosta.

El texto:

"A todas y todos mis contactos en cuatro listas de Difusión que tengo, de 256 cada una:

Lo que en mi niñez llamaban preocupación, ahora le dicen Stress.

Estoy altamente preocupado por la ausencia y creo que la ya NO Implementación total del Acuerdo Final de nuestro más de medio siglo de Conflicto Interno Armado, entre la Insurgencia FARC y el Estado Colombia.

Discernamos:

1- La Reincorporación colectiva, social, económica, permanente y segura de los casi 14.000 insurgentes, quedó solo en que cada uno haga lo que pueda hacer con los $8 millones individuales que les están entregando. No se quiso hacer la Reincorporación Colectiva, dizque para no fortalecer el nuevo partido de la insurgencia.

El riesgo de que muchos insurgentes se embandoleren, ante la ninguna alternativa de empleo, de autogestión o autoayuda, es inminente y muy posible.

2- Se está discutiendo en la Corte Constitucional la posibilidad legal de SI o NO, pueden la FARC hacer política. Se sabe que el NO está teniendo posibilidades. Eso sería el fin del fin.

Imagínense, NO Reincorporación sumada a NO poder hacer política!

3- Las 16 Zonas Electorales creadas en el Acuerdo Final, para fortalecer la participación política y democrática de los territorios abandonados; están en discusión en el Parlamento nacional, con serias posibilidades que las autoricen pero con menos 175 municipios. Es decir, Zonas Electorales Vacías.

4- El Tribunal y Salas de la JEP están siendo seleccionadas para que lo conformen exmagistrados y exjueces de diferentes estamentos de las FFMM. Y ese Tribunal y Salas deberán juzgar a todos los actores del Conflicto. Será entonces Una JEP parcializada. Y la Unidad Nacional Investigativa, de esa JEP, ya está en manos de la Fiscalía General, quien se ha convertido en la punta de lanza contra el Acuerdo Final.

5- Las medidas de seguridad son nulas. Bandolas andan diseminadas por todo el área rural, asesinando líderes y miembros de organizaciones sociales contestatarias.

Lo que fue una ilusión hace 7 años, cuando inicié el 6 de septiembre de 2010, con las FARC, Alfonso Cano y Pablo Catatumbo y con el Estado Colombiano, Juan Manuel Santos y Sergio Jaramillo, se ha convertido, para mí, en una gran desilusión y generado alto grado de preocupación, (stress), hasta llevarme al quirófano, por dos ocasiones en los últimos dos meses.

Evalúen ustedes y seguramente súmenle otros incumplimientos que yo haya olvidado.

Lo siento, pero tenían que contarles!!!!
Abrazo patriótico para todas y todos!!!"

Carta Farc-Ep

Timoleón Jiménez.

Aquí la carta de Timochenko a Santos:

"Que se cumpla lo prometido y firmado, Presidente Santos

La guerra y la violencia que azotan el camino de los pueblos desde tiempos inmemoriales, no se corresponden con eso que muchos denominan naturaleza humana. En cada uno de los estadios históricos que sucedieron a las comunidades primitivas, estallaron enormes conflictos nacidos del afán de los unos por hacerse al trabajo y la riqueza de los otros.

Hombres y mujeres de todas las épocas han hecho de la paz el bien supremo. Luchan por alcanzarlo y no dejárselo arrebatar, porque han aprendido que tras la desolación y el sufrimiento general hay siempre un interés que extrae grandes ganancias, y que actúa como principal fogonero de los odios y las provocaciones. La experiencia nacional es ejemplar a ese respecto.

Nuestro anhelo de paz choca contra la avaricia. Tras más de medio siglo de lucha y sus millones de víctimas, el poder del capital y el latifundio creció en proporción geométrica, como si el conflicto hubiera sido una feliz oportunidad de negocios. La bandera de la paz es al tiempo una bandera de reivindicación social, de justicia, de igualdad, de respeto por la humanidad del otro.

El Acuerdo Final paró esa larga guerra y al tiempo abrió horizontes para la participación efectiva de los eternamente excluidos, la solución a las inequidades más antiguas y la atención a las causas reales de viejos problemas. También generó condiciones para la reincorporación productiva, política y social de la insurgencia, en el marco general del respeto a los derechos de las víctimas.

Además de histórico, ese Acuerdo se convirtió en un pacto solemne entre el Estado colombiano y la insurgencia de las FARC-EP. No sólo porque la Corte Constitucional avalara las pautas para su refrendación, que resultó positiva por mayoría aplastante en el Congreso de la República, sino porque la comunidad internacional reconoció, aplaudió e incorporó a su haber la paz firmada en Colombia, y se comprometió a trabajar arduamente por garantizarla.

Hoy se concede amplio despliegue a la nota del señor Henry Acosta, facilitador de las conversaciones de paz, en la que da cuenta de su estrés por lo que llama la No implementación total del Acuerdo de Paz. Es evidente el tono patético y pesimista que lo inspira. Nos diferenciamos de él en que somos revolucionarios, no nos echaremos a llorar ante la leche derramada. Lucharemos sin tregua por el cumplimiento de la palabra oficial. Es lo justo.

Cabe recordar que las dos partes celebramos el 29 de mayo el denominado Acuerdo sobre Hoja de Ruta para el cumplimiento de las obligaciones derivadas del Acuerdo Final, en el que entre otras obligaciones se previeron las garantías mínimas que el Gobierno Nacional debía hacer efectivas a las FARC-EP antes de la culminación de la dejación de armas. Al día de hoy no se cumplen.

Resalto entre ellas: “El Gobierno Nacional tomará las medidas necesarias para que los integrantes de las FARC-EP que se encuentren en los listados acreditados por la OACP salgan de las cárceles y/o queden en libertad condicional antes de finalizar el proceso de dejación de armas”. (1.1.1.)

“Suspensión en todo el territorio nacional de todas las órdenes de captura de integrantes de las FARC-EP desde que hayan dejado las armas y hayan sido acreditados por la OACP” (1.1.2.). Otorgamiento de amnistía de iure por resolución presidencial a todos los integrantes de las milicias debidamente acreditados”. (1.1.4)

“Ley Estatutaria JEP. Se introducirá en el texto radicado en el Congreso una norma sobre suspensión de todas las condenas de integrantes de las FARC-EP o personas acusadas de serlo, conforme a lo establecido en el AL 001 de 2017 (…) El Gobierno Nacional se compromete a que la Ley Estatutaria de la JEP será aprobada por el Congreso respetando el Acuerdo Final y el borrador aprobado por el Gobierno Nacional y las FARC-EP”. (1.1.6).

“Suspensión de órdenes de captura con fines de extradición y revocatoria de medidas de aseguramiento en todos los procedimientos de extradición respecto a personas acreditadas por la OACP, en aplicación del AL 001 de 2017, con fecha 10 de junio de 2017”. (1.1.9)

“Se realizarán las reformas constitucionales necesarias para garantizar el funcionamiento de la Unidad Especial de Investigación contemplada en el numeral 74 del acuerdo JEP, conforme a lo establecido en el Acuerdo Final”. (1.2.1.)

“En un plazo no mayor de 15 días, el Gobierno Nacional efectuará el nombramiento del subdirector de la Subdirección especializada de seguridad y protección de la Unidad Nacional de Protección (UNP)”. (1.2.4.)… “Se pondrá en marcha el Cuerpo Élite de la Policía Nacional, en los términos del Acuerdo Final, a más tardar el 15 de junio de 2017”. (1.2.5.).

“Entre la finalización de la dejación de armas individual que concluirá el 20 de junio de 2017 y la expedición de la amnistía de iure presidencial para el integrante de las FARC-EP que haya efectuado dicha dejación de armas, no podrán trascurrir más de 10 días calendario”. (1.4. párr. 3).

Igual que en todo, las FARC-EP cumplimos sagradamente con la dejación de armas. ¿Qué explica entonces la desidia oficial para honrar a su vez la palabra empeñada?

Optimista el señor facilitador cuando afirma que el gobierno nacional promueve la reincorporación individual, entregando 8 millones a cada ex combatiente. No hay ni un solo combatiente en esas condiciones, y menos un solo proyecto colectivo aprobado. Se niega la adjudicación elemental de tierras para que puedan adelantarse en ellas los proyectos productivos, y se afirma que sólo se aprobarán un promedio de mil proyectos individuales por año.

Son miles los ex combatientes excluidos hasta hoy de la asignación única de dos millones de pesos y que no reciben el giro mensual del noventa por ciento de salario mínimo. Se notifica a los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación que quedarán sin alimentos ni servicios elementales. El acceso a la salud de los nuestros pasa por las más increíbles dificultades.

Nuestra gente sigue privada de su libertad, muere enferma en prisión o se agrava ante la indolencia estatal. Nos movemos con la zozobra de la detención porque el señor Presidente no expide la amnistía de iure, pese a que ya se cumplieron diez veces los diez días previstos para ello, además de que el sistema aún no registra el levantamiento de las órdenes de captura.

El Congreso de la República se enreda en la expedición de las normas sobre participación política y jurisdicción especial de paz, mientras que el señor Fiscal General de la Nación dirige una campaña de difamación contra las FARC, e ignora sospechosamente los más de quince mil expedientes que por paramilitarismo se apiñan en su dependencia. Los humores a descomposición que brotaron con el escándalo del zar anticorrupción del doctor Martínez dejan mucho que pensar.

A las fauces hambrientas de la ultraderecha enemiga de la paz se une ahora el embajador estadounidense. Era de esperar que al llamado de reconciliación de su santidad Francisco, que tanta simpatía y esperanza sembró en el corazón de los colombianos, sucediera la andanada revanchista de los señores de la guerra y la codicia. Pese a ello su sevicia repugna.

La inmensa familia fariana se revuelve inconforme e indignada. Miles de combatientes, milicianos, apoyos clandestinos, militantes políticos, seguidores y comunidades que creyeron de buena fe en la seriedad del Estado colombiano, reclaman de esta dirección una posición enérgica. La disciplina militar de la guerra siempre fue prenda de subordinación. Desaparecida esta sólo nos queda la persuasión y el convencimiento. Para ello hacen falta hechos, Presidente Santos.

Colombia se debate en una encrucijada histórica. Se enrumba por los caminos de la paz, la democracia y la justicia social trazados por los Acuerdos de La Habana, o se hunde en el piélago de la violencia como consecuencia de su violación e incumplimiento. Llamamos a la comunidad internacional, Naciones Unidas, Unión Europea, CELAC, UNASUR, El Vaticano, países garantes y acompañantes del proceso a actuar porque la gran obra de la paz se mantenga a flote.

Los colombianos no podemos permanecer impasibles ante esta grave coyuntura. Las generaciones que no hemos conocido un día de paz estamos obligadas a dejar a nuestros hijos un país sin terror ni guerras, una verdadera patria. Una minoría enriquecida con los réditos de la muerte y el miedo intenta hacer imposible la reconciliación, todos y todas debemos cerrarle el paso. Que se cumpla lo prometido y firmado, Presidente Santos. Es el tiempo de la paz, el orbe entero lo proclama."

En 2016, Raúl Castro sellaba la paz entre el presidente Juan Manuel Santos y el líder de las FARC, Rodrigo Londoño, alias "Timochenko".

El recuerdo

El 26/09/2016 en la ciudad de Cartagena de Indias, Colombia, se firmó la paz entre el Gobierno de Colombia y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC).

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo FARC-EP se definen a sí mismas como un movimiento revolucionario de carácter político militar, y es considerado, por Ecuador por ejemplo, como un interventor válido en el conflicto de su país, sin embargo es conocida también por otra gran parte del mundo como un grupo terrorista.

Nacieron en el año de 1964 en las zonas montañosas de Tolima y fueron formadas por 48 campesinos, son parte de la guerra civíl desde sus inicios.

Las FARC se definen como una sana opición perseguida por la ola anticomunista inspirada por el gobierno de los Estados Unidos, una oposición que se vió obligada a armarse y responder militarmente a las persecuciones y agresiones iniciadas contra varias colonias del territorio.

También aseguran haber buscado en más de una oportunidad llegar a la paz con el gobierno y poner un alto al fuego, sin embargo la poca y a veces nula conversación oficial era tan sólo respuesta con violencia.

Lejos de defender al gobierno, algo que no mencionan por ejemplo son sus terribles métodos de combate entre los que figuran los secuestros, actos terroristas, reclutamiento de menores, violaciónes y torturas contra mujeres y niñas, desapariciones y abortos forzados. Como tampoco mencionan su participación en negocios ilegales como el robo, la corrupción, la extorsión, y el tráfico de armas y drogas.

Para entender la gravedad del asunto hay que saber que la FARC es sólo un grupo guerrillero que integra un capítulo de un conflicto armado, un conflicto que en Colombia lleva más de 57 años de duración.

Integrada por el Estado de colombia, las guerrillas de izquierda, los grupos de derecha, los carteles de droga y las bandas independientes, es un auténtico cambalache en el que tomaron partido países como Cuba, Ecuador, Venezuela, España, Inglaterra, Israel, Estados Unidos, Noruega, Chile y la Unión Soviética.

Una guerra que nació a partir de promesas no cumplidas, desigualdad social, violencia partidista, conflicto por la tierra y el narcotráfico, y en medio siglo dejó 220 mil personas muertas, 25.000 desaparecidas y 4.744.046 desplazadas.

Claro que no duró 57 años sólo por su complejidad, por ejemplo el capítulo Escobar, si medio país busca a un narcotráficante, pero la policía encargada de buscarlo está arreglada con él, difícilmente sea detenido, esos son los tiempos perdidos que genera la corrupción y luego van sumando hasta llegar a 57 años y 8 meses.

Si comenzáramos a hablar y desarrollar el conflicto total del país bolivariano, las razones que se conocen, las que no y etc.. no terminaríamos más. Por eso hoy, nos enofcaremos únicamente en una guerra dentro de la guerra, o mejor dicho en su reconciliación, la del Gobierno y la FARC.

Las Fuerzas Armadas Revolucionarias se ganaron muchísimo seguidores, pero también enemigos, para darse una idea, únicamente entre mayo y junio del 2015, la organizaicón llevó a cabo 64 atentados.

La paz comenzó a verse a lo lejos en el 2012, oficialmente el 4 de septiembre, pero no fue nada fácil.

Ambas facciones en guerra tenían sus demandas y condiciones y llegar a un acuerdo era tarea áspera. Cada lado contaba con una delegación negociadora formada por un máximo de treinta personas.

Entre algunos de los puntos que se discutían en el acuerdo figuraban: La demanda de las FARC por tener el control agrario de 8 millones de hectáreas, tanto para reservas forestales y producciones agrícolas.

También pedían que todos sus integrantes, desde el eslabón más bajo hasta sus líderes no tuvieran ningún impedimento ni problema para participar en la política nacional y aceptaban dejar las armas e eintegrarse nuevamente a la vida civil.

El entonces y actual presidente del país, Juan Manuel Santos, y el jefe máximo de la guerrilla FARC, Rodrigo Londoño (Timochenko), dieron inicio al proceso de paz el 23/06/2016, cuando en la ciudad cubana de La Habana se firmó el cese definitivo del fuego de ambos lados y dos meses más tarde, el 26/09 se llevaría a cabo otra reunión en la ciudad de Cartagena.

Un día histórico, el país se encontraba a tan sólo dos firmas de acordar la paz, una paz que terminaría con 52 años de confrontación armada, de sufrimiento y de muertes.

Como símbolo del enfrentamiento y la paz, la firma del acuerdo sería efectuada con una virome la cual en verdad era una bala reconvertida en bolífrago. La ceremonia en Cartagena fue dentro de todo amplia, 2500 invitados y 15 jefes de estado presenciaron aquél histórico momento.

A pesar de la firma, el pueblo también tendría palabra válida en el asunto, y el domingo siguiente al lunes 26, el acuerdo debería ser ratificado por los colombianos en las urnas.

Finalmente el 02/10 el NO triunfó, y los colombianos rechazaron el acuerdo que significaría perdonar a un grupo que tanto dolor y terror causó a tanta gente. De todas formas algunos puntos del acuerdo serían modificados y más tarde se llegaría a la paz definitiva.

El gobierno nacional de Colombia destinó hasta US$ 100 millones para financiar todos temas relacionados con la paz por 10 años del conflicto armado interno más antiguo de América Latina.

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