El Global publicó este mes una interesante radiografía que describe a la perfección el nuevo mapa de las cadenas de farmacias en la región.
Un repaso a los diferentes modelos de farmacia en Latinoamérica muestra que el proceso de desregulación ha dado un giro al sector, donde los únicos beneficiados por la liberalización son los grandes grupos empresariales, que conciben el medicamento como un producto de consumo.
Una de las principales consecuencias de esta tendencia liberalizadora es la fuerte expansión de las cadenas de farmacia, que han desbancado a las farmacias tradicionales.
Así, los grandes grupos farmacéuticos ubican sus establecimientos en los lugares más estratégicos de las ciudades, sin restricciones de distancia entre ellos. En estas nuevas farmacias, que en muchos países siguen el modelo drugstore heredado de USA, conviven los medicamentos con otro tipo de productos, como los de perfumería y limpieza, y hay otro tipo de servicios, como el revelado de fotografías.
También ofrecen venta a domicilio o pedidos por Internet.Ante este nuevo panorama y la elevada competencia que supone el hecho de que las cadenas de farmacia puedan competir con precios más bajos, las farmacias independientes, o se ven obligadas a cerrar, o son transformadas en una franquicia más o intentan hacer frente a la situación uniéndose entre ellas, con el fin de poder realizar compras conjuntas que les permitan ganar competitividad.
El número de establecimientos en determinadas zonas es excesivo, según revela un estudio del Colegio Oficial de Farmacéuticos y Bioquímicos de la Capital Federal (Buenos Aires), presentado el pasado mes de abril. Según este informe, hay demasiada concentración de farmacias en los barrios más comerciales de la ciudad. En total, existen 1.448 farmacias, un 14% más que hace 7 años, cuando la cifra idónea estimada por el Colegio porteño es de 996, una por cada 3.000 habitantes.
En cambio, este exceso de farmacias no se da en otras zonas de Argentina, donde hay 12.100 farmacias, cuando serían necesarias unas 1.200 más, según la entidad colegial, para quien esta diferencia evidencia la mala distribución de estos establecimientos, que sobran en las grandes ciudades y faltan en barrios alejados del centro y en el interior del país. Las razones que explican el aumento desmesurado de farmacias hay que buscarlas en la política farmacéutica, que en la década de los 70, con la creación de la figura del ‘empresario farmacéutico’, permitió que la propiedad de la farmacia estuviera en manos no profesionales, mientras que un farmacéutico se encargaba de la dirección técnica del local. Otro cambio normativo que favoreció la expansión desequilibrada es la Ley de Desregulación de principios de los noventa, que permitió que cualquier persona pudiera abrir una farmacia, así como la venta libre de medicamentos sin receta. Además, eliminó la prohibición de abrir una farmacia a menos de 300 metros de la otra. A partir de esta normativa, empezaron a surgir las cadenas de ‘megafarmacias’, donde el consumidor puede comprar un gran surtido de productos de consumo. La liberalización de la venta de medicamentos ha traído una consecuencia con efectos más graves: la falsificación de medicamentos, de modo que alrededor del 10% de fármacos que se comercializan en este país puede ser falso.
Aunque el caso argentino muestra la tendencia general del sector en Latinoamérica, hay países en los que el modelo no está tan liberalizado, como Chile. Según explican desde el Colegio Químico Farmacéutico de Chile, este país no sigue el modelo drugstore, donde los medicamentos están al alcance de la mano del consumidor, sino que se mantienen detrás del mostrador de oficinas de farmacia. Además, todo establecimiento requiere de un farmacéutico como responsable, y la falsificación de medicamentos en este país no supone un gran problema. Sin embargo, Chile no se libra de la fuerte concentración de cadenas de farmacia, de hecho, tres grandes grupos copan la mayor parte del mercado. El informe del portal español agrega que en Colombia, por ejemplo, la política farmacéutica nacional emprendida por el Gobierno en 2003 pretendía mejorar el acceso a los medicamentos y su uso racional, otorgando al farmacéutico un papel fundamental. Sin embargo, tal y como afirman desde el Colegio Nacional de Químicos Farmacéuticos colombiano, esta voluntad de la norma ha sido frenada por el hecho de que "cualquier persona pueda montar una farmacia si no va a expender medicamentos de control especial y por la presión económica ejercida por la industria farmacéutica y la asociación de mayoristas". El Consejo explica en Argentina el modelo español de farmacia Tal y como subraya Pedro Capilla, presidente del Consejo General de
Farmacéuticos, el modelo latinoamericano dista mucho del español, y la situación que se produce con la desregulación, que se rige por los criterios economicistas de las cadenas de farmacias, no aporta nada ni a la profesión ni al paciente. Con el fin de explicar el modelo regulado de la farmacia española, frente al liberalizado, el Consejo fue invitado a participar en el Congreso Internacional de Actualización y Gerenciamiento Farmacéutico, en Argentina, donde el órgano colegial también ofreció su experiencia en actividades de Atención Farmacéutica.
Latinoamérica pone en jaque a la farmacia tradicional
El dominio de las cadenas y la falsificación, están entre las principales consecuencias. Es que el modelo liberalizado de la farmacia de los países de América latina ha traído como principal consecuencia la expansión de grandes grupo empresariales, que ubican sus megafarmacias en los lugares más concurridos de las ciudades, bajo criterios económicos que hacen que la profesión farmacéutica se tambalee y que se propicien efectos más graves como la falsificación de medicamentos.








