"El endeudamiento de Milei y Caputo comienza a mostrar velocidad, sesgo y modalidad inquietantes"
A propósito del swap con USA, los dólares de Scott Bessent, las reservas del BCRA y el manejo que viene haciendo el Gobierno, interesante -y dura- nota de Marcelo Falak en Letra P:
"El nuevo ciclo de endeudamiento que se hace cada vez más consustancial al modelo de Javier Milei y Toto Caputo comienza a mostrar una velocidad, un sesgo y una modalidad inquietantes.
La velocidad está dada por la onerosa saga de salvatajes que requiere la mileinomía; el sesgo, por el carácter de cobro privilegiado de esos compromisos, contraídos con el Fondo Monetario Internacional (FMI) y ahora con el Tesoro de Estados Unidos, y la modalidad, por el secreto que se le impone, como si el Presidente y el ministro de Economía administraran una monarquía o un país stalinista y no una democracia republicana.
A los 20.000 millones de dólares –adicionales a los 45.000 millones de Mauricio Macri– que se tomaron del FMI, se sumó –más que una presunción– la activación del swap con los Estados Unidos, destinado a un doble propósito: darles salida –con fuertes ganancias– a los pesos que había obtenido el virrey Scott Bessent por la venta electoralista de unos 2.100 millones de dólares en la previa de los comicios legislativos y obtener de allí recursos para pagarle un grueso vencimiento al Fondo, lo que no habría sido necesario si Milei y Caputo no se hubiesen entregado al populismo financiero de campaña.
La cuestión del swap –en teoría, un intercambio de monedas, pero en la práctica, deuda contraída en condiciones desconocidas– es vidriosa por todos lados y sus números recuerdan aquella frase de que el mejor modo de hacer pasar desapercibido un elefante es lanzarlo en el medio de una enorme cantidad de paquidermos.
No hay información oficial sobre su activación, los montos efectivamente usados, tasa de interés, plazos de repago y condiciones políticas por una ayuda que, si es tal, no lo es precisamente en beneficio de la población argentina.
Lo que está ocurriendo al respecto es descubierto por economistas –especialmente del 'palo', no 'zurdos', 'kukas' o 'heterodoxos'– en base a un escrutinio hábil de los indicios indirectos que entregan las estadísticas oficiales. ¿Cómo evoluciona el stock de letras del Banco Central, cómo se comportan las reservas, qué pasa con la tenencia de derechos especiales de giro –DEG, la moneda del FMI–?
Ni las autoridades del Ministerio de Economía ni del Banco Central se sienten obligados a responder qué diantres –no perdamos la sobriedad– están haciendo con dinero que no les pertenece a ellos, sino a la sociedad.
De los dos mecanismos mencionados para la –presunta, porque mañana puede que se la desmienta o se la maquille– activación del swap, el primero de los mencionados resulta especialmente llamativo.
La inédita decisión del Tesoro de los Estados Unidos de salvar no la economía de un país aliado, sino directamente un proyecto político particular, de extrema derecha, en la previa de una elección trascendente supuso, de por sí, un elemento de injerencia más que delicado.
Mediante el mismo, un gobierno extranjero –el más poderoso del mundo– determinó –por interés geopolítico, afinidad ideológica y seguidismo asegurado– que podía intervenir de modo decisivo en la fijación del principal precio de la economía argentina: el tipo de cambio. De este dependen –junto con otros factores, claro– la competitividad general de la economía, el saldo de divisas del país, el nivel de actividad, la suerte del sector industrial, el nivel de los ingresos populares y la evolución de la inflación. Nada menos.
Lo hizo al actuar con un poder de fuego desmesurado respecto del tamaño del mercado cambiario local. ¿Qué trader o fondo de inversión sería capaz de correr en el largo plazo –ojo: en el corto lo hicieron– a los dueños de los dólares del mundo?
Así, bastó con que trajera al país unos 2.100 millones de dólares, por los que obtuvo pesos, operación simpáticamente presentada por las autoridades y replicada por algunos medios como un interés del "Tío Scott" por hacerse de moneda local.
A cambio, parece –porque todo sólo parece–, el Banco Central le entregó una letra que pagó una tasa de interés importante, acaso del 4% mensual. Al deprimir el precio de la divisa, el virrey pudo luego de hacer esa ganancia volver al dólar –más barato– y salir con más dólares todavía. Fuentes del mercado calculan que entre el interés pagado por la tasa de la letra en pesos y la ganancia cambiaria obtenida, Bessent pudo haberse llevado en pocos días un 10% en dólares.
¿Cómo lo consiguió? Para no disparar el precio del dólar en el Mercado Libre de Cambios (MLC) y arruinar el negocio, usó el propio swap, cuya activación convierte en deuda el tramo activado, lo que devenga un interés tan desconocido como el del chino negociado por Cristina Fernández de Kirchner y utilizado luego por Mauricio Macri, Alberto Fernández y también por Milei. De este último al menos se conoce el monto de 5000 millones de dólares.
Queda a la vista una operación de carry trade –bicicleta financiera–realizada de modo virtualmente inédito por un país extranjero con fines de manipulación cambiaria y en posible uso de información reservada, producto de los largos días de contactos entre funcionarios de los dos países, con los argentinos abducidos en la Secretaría del Tesoro en Washington. No perdamos la fe: algún fiscal y algún juez ya pondrán la mira en este raro negocio nuevo.
(...) El segundo tramo del endeudamiento secreto se habría producido –así hay que expresarse, en potencial– por la activación de un segundo tramo del swap para pagarle al Fondo un vencimiento de 800 millones de dólares con 640 millones de DEG del Tesoro norteamericano. ¿Cómo se sabe? Por la caída de esas tenencias en Estados Unidos y su aumento, paralelo, en Argentina, previo al pago al Fondo.
Más deuda y más secreto, que –se insiste– por ahora nadie confirma ni desmiente. Serían casi 3.000 millones de dólares solamente en los conceptos mencionados.
Toto Caputo sigue activando mecanismos de bicicleta financiera, esto es el ingreso de dólares, su conversión a pesos, realización de elevadas ganancias a tasa en un contexto de garantía oficial de estabilidad cambiaria a como dé lugar y reversión a dólares –más dólares que al inicio–. Al final del ciclo, se cambia un 'bienestar' inmediato –aumento de la oferta de billetes verdes– por un drenaje definitivo de divisas. Tocata y fuga.
Los esquemas se repiten: mutismo ante la sociedad a la que se debería rendir cuentas, revelación de información supuestamente reservada a los invitados al negocio y garantía de condiciones para su realización".