La pobreza en Argentina es más que un número
Con el regreso de estadísticas, el gobierno de Alberto Fernández asumió en 2019 con una pobreza del 35,5%. La pandemia, la recesión y la inflación dispararon los indicadores: para el segundo semestre de 2023, la pobreza alcanzaba el 41,7% y la indigencia el 11,9%. En números concretos: 19,5 millones de argentinos pobres, incluidos 6,5 millones de niños. El deterioro social fue uno de los legados más críticos de su gestión.
UNICEF informó en febrero de 2023, durante el gobierno kirchnerista, que dos de cada tres niños en Argentina (aproximadamente 8.8 millones) son pobres, considerando tanto la pobreza monetaria (ingresos) como la privación de derechos básicos como educación, salud, vivienda o acceso a agua segura.
La transición hacia Javier Milei comenzó con un shock: en el primer semestre de 2024, la pobreza trepó al 52,9%, el nivel más alto en décadas. La indigencia llegó al 20%. Sin embargo, las políticas de ajuste fiscal, control de inflación y recorte de subsidios generaron un cambio abrupto. Para el segundo semestre de 2024, la pobreza bajó al 38,1%, y en el primer semestre de 2025 se ubicó en 31,6%, según el INDEC. La UCA, más cauta, estima 36,3% para el tercer trimestre de 2025, advirtiendo que parte de la mejora podría ser estadística más que real.
Vale remarcar que la caída de la inflación ha sido clave para que la pobreza se reduzca a su cifra más baja desde 2018.
La pobreza en Argentina es más que un número: es el reflejo de décadas de políticas inconsistentes, crisis recurrentes y falta de consensos. Del ocultamiento estadístico al ajuste extremo, el país oscila entre modelos opuestos sin resolver su problema de fondo: cómo garantizar oportunidades reales para millones de ciudadanos.