La caída del riesgo país trajo un respiro al frente cambiario, impulsando la oferta de dólares y permitiendo al equipo económico acelerar la baja de tasas. Sin embargo, este "veranito financiero" aún no se traslada a la economía real.
La actividad productiva muestra un freno significativo, con sectores como el metalúrgico exhibiendo un deterioro similar al pico de la pandemia.
Según ADIMRA, la actividad sectorial cayó 4,6% interanual en octubre, con una utilización de la capacidad instalada apenas superior al 44%. El presidente de la entidad, Elio Del Re, alertó sobre niveles "excepcionalmente bajos" y demandó una política industrial.
Desde la Unión Industrial Argentina (UIA), el foco se pone en el financiamiento: un referente sostuvo que la reactivación requiere una pronta baja de tasas que hoy penalizan el costo operativo. Tomás Karagozian (TN & Platex) comparó el exiguo acceso al crédito en Argentina (4-5% del PBI) frente a países como Brasil (70%), enfatizando que las tasas previas hacían "absolutamente imposible" la inversión productiva a largo plazo.
La falta de liquidez se agrava de cara a fin de año, por la mayor demanda de pesos debido a las fiestas, vacaciones y el pago de aguinaldos. Las cajas de empresas y la administración pública se encuentran golpeadas. Al menos seis municipios bonaerenses declararon la emergencia económica, y provincias como Río Negro emitirán letras por $40.000 a $50.000 millones para afrontar compromisos.
La crisis de liquidez en estados subnacionales se origina en la baja de recaudación y las deudas de Nación. Como paliativo, bancos ofrecen líneas de financiamiento para aguinaldos a tasas nominales anuales del 35% al 50%, considerablemente superiores a la inflación proyectada por el REM (20,8% para los próximos 12 meses). El principal desafío del Gobierno es lograr que la estabilidad financiera se traduzca en una reactivación real sin comprometer la meta inflacionaria.