Un clima político cargado: café, sonrisas y control de daños
La ministra llegó distendida al Congreso, saludando a quienes la reconocían en la vereda. La reunión duró una hora y veinte minutos y se desarrolló bajo un fuerte operativo de seguridad.
Bullrich se llevó de vuelta a la Casa Rosada un compromiso clave: Villarruel garantizó que acompañará el tratamiento de los proyectos que el Ejecutivo considere prioritarios y que trabajará para facilitar el debate parlamentario. Pero desde el entorno de la vicepresidenta remarcaron que la relación será estrictamente institucional y, en lo personal, “distante”.
La nueva disputa: quién ordena el Senado libertario
En el Senado ya descuentan que Bullrich asumirá el control del bloque oficialista, que pasará de 7 a 20 miembros con el recambio legislativo. Sin embargo, puertas adentro del Congreso se preguntan cuál será su margen real de maniobra frente al peso político de la secretaria general de la Presidencia, Karina Milei.
“Bullrich tendrá tropa, pero Karina quiere el control”, deslizó un senador que participó en negociaciones anteriores. En la Cámara Alta recuerdan además que Villarruel logró construir mayorías en 2023 sin el acompañamiento pleno de Balcarce 50, y que el Senado sigue siendo un territorio político menos dócil para la Casa Rosada.
Consenso o choque: el mensaje de Villarruel
Durante la reunión, Villarruel subrayó que cualquier avance legislativo dependerá de “acuerdos amplios” y de un diálogo fluido con todas las bancadas, incluso con las que están “en las antípodas”. El mensaje apunta tanto a la oposición como a los sectores más duros del oficialismo, que ya dieron muestras de irritación ante negociaciones que no controlan.
Del otro lado, en la oposición advierten que no permitirán un clima de hostilidad. “Si vienen a apretar, les va a ir mal”, expresó un legislador que anticipa sesiones intensas durante el verano parlamentario.
La pregunta abierta: quién arma las mayorías en 2025
El oficialismo necesita garantizar los votos para el Presupuesto y la reforma laboral. Bullrich confía en poder construir acuerdos. Villarruel exige negociación. Y en el Senado todos miran a la Casa Rosada para ver si el Presidente permitirá una estrategia más política y menos disciplinaria.
La incógnita, a esta altura, es si Bullrich podrá convertirse en la articuladora que el Gobierno necesita o si las tensiones internas volverán a emerger cada vez que el Congreso avance en direcciones incómodas para Balcarce 50.
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