"Todos quieren ser el papá del chico" ¿Fue Bullrich o la CGT?
La postergación del debate de la reforma laboral en el Senado hasta el 10 de febrero ha abierto un nuevo frente de batalla discursivo entre la Confederación General del Trabajo (CGT) y el oficialismo. Mientras la central obrera interpreta el cambio de fecha como un triunfo de la presión social, el Gobierno asegura que se trata de una apertura democrática para perfeccionar el proyecto.
La CGT: "La pelea está en la calle"
Desde la conducción sindical aseguraron que las movilizaciones masivas en todo el país fueron el factor determinante para forzar la demora en el tratamiento legislativo. Para la CGT, las protestas dejaron en evidencia un "rechazo contundente" de los trabajadores hacia la iniciativa de Javier Milei.
La central advirtió que no dará marcha atrás y que mantendrá una postura de confrontación activa: “Llevaremos adelante esa defensa en todos los ámbitos que sean necesarios: en la calle, en el Congreso y en la Justicia”, afirmaron a través de un comunicado, ratificando su estrategia de triple frente para frenar la ley.
Bullrich: "Tenemos los votos"
En la vereda opuesta, la senadora y jefa del bloque de La Libertad Avanza, Patricia Bullrich, desmintió tajantemente que la postergación responda a una falta de apoyo parlamentario o al impacto de las marchas.
“No piensen mal porque tenemos el dictamen y tenemos los votos. Podríamos tratarlo”, sostuvo Bullrich.
Según la legisladora, el retraso busca dar lugar a la "increíble cantidad de gente que quiere participar" y permitir que los senadores realicen aportes adicionales. Bullrich remarcó que el objetivo es sumar voces de sectores que habían quedado fuera del debate original, asegurando que “no hay nada escondido” detrás de la nueva fecha.
De este modo, el escenario político queda en suspenso hasta febrero, con un oficialismo que confía en su fuerza aritmética y un sindicalismo que apuesta a la resistencia civil como su principal herramienta de negociación.