Por el lado oficialista, el juego en Córdoba está “partido en dos”. Bien sabido es que en la provincia conviven dos peronismos, el kirchnerismo y el schiarettismo, en el Gobierno nacional y provincial respectivamente.
Estos dos espacios, que además nuclean todas las ramificaciones peronistas que existen en la provincia, se encuentran actualmente en un periodo de negociación. La idea puntual del kirchnerismo es poder plantar bandera en uno de los territorios más hostiles electoralmente hablando, y para ello tiene dos opciones: o juega al lado del PJ cordobés, que domina la política provincial hace 20 años y tiene una gran base electoral (podría decirse el dueño de casa), o genera una estructura propia.
Este desembarco surge de la necesidad de poder lograr una gobernabilidad completa, sobre todo controlando el Congreso. Y sin las bancas cordobesas, eso no será posible.
Quién casualmente detenta la cantidad de bancas cordobesas que la administración de Alberto Fernández y, sobre todo Cristina Kirchner, necesita (en la Cámara baja), es el espacio de Hacemos por Córdoba, dirigido por el gobernador Juan Schiaretti. Por eso resulta fundamental para el FdT lograr un acuerdo con el schiarettismo.
Pero ese acuerdo, que parecía inminente durante buena parte del 2020, sobre todo cuando los diputados de Schiaretti daban aval a los proyectos del kirchnerismo, hoy parece haberse enfriado mucho (o al menos eso aparentan sus protagonistas). Ello porque Hacemos por Córdoba ya no se encuentra en una situación tan apremiante en lo inmediato, desde lo político y económico.
Luego de que el Gobierno de Córdoba lograse reestructurar su deuda por gestiones propias, la gestión de Hacemos por Córdoba pareció sacarse un verdadero peso de encima (y patearlo a la próxima gestión), con lo que comenzó a moverse con menos dependencia de la Casa Rosada, y los guiños políticos cesaron, a punto tal que incluso surgieron críticas. Esa victoria con una reestructuración en tiempo de descuento, le dio al schiarettismo la confianza suficiente para reflotar el “cordobesismo”, esa idea fundada por José Manuel de la Sota en sus años de enfrentamientos contra los K, por la cual córdoba se considera una “isla”, y que tanto eleva la imagen de los dirigentes schiarettistas entre la consideración de los votantes (pasa exactamente lo contrario cuando se arriman al kirchnerismo).
Atentos a este resurgir de la fuerza “cordobesista”, desde el Frente de Todos no perdieron tiempo e instalaron la posibilidad de ir a por un plan b, en el cual generen un espacio propio, algo que parece ser un proyecto a largo plazo. Sin embargo, el espacio dirigido por el Presidente de la Nación ya advirtió que independientemente de un acuerdo o no con el schiarettismo, el FdT tendrá listas propias en Córdoba y en todas las provincias.
“Vamos a tener listas en todo el país, porque nuestro proyecto es nacional y es el de Alberto y Cristina”, declaró el senador y mariscal de la reconstrucción K en Córdoba, Carlos Caserio, a Diario Alfil. De este modo se hace concreta la idea de que el kirchnerismo quiere jugar en Córdoba, luego de años de presencia escueta.
La estrategia de Caserio para generar un espacio fuerte es la de comulgar con intendentes y dirigentes de todas las localidades cordobesas, que tienen necesidades concretas que Nación puede satisfacer. Un ejemplo de ello es el acercamiento de Martín Gill al Gobierno nacional.
Gill es el intendente electo de Villa María, aunque por licencia, ejerce el cargo de secretario de Obras Públicas de la Nación, algo que lo convierte en un referente K en Córdoba, a pesar de haber representado un espacio schiarettista en un principio. Lo mismo buscará hacer el Frente de Todos, con otros cientos de jefes comunales, a los cuales ya está acercando a Casa Rosada.
Ante esta situación, Hacemos por Córdoba cerró sus filas en los últimos actos, ya que los intendentes y jefes comunales de pequeñas localidades son su plato predilecto para lograr el músculo político que detenta en la provincia. Sin embargo, aunque el escenario parece alejar a los dos espacios, hay quienes aseguran que tarde o temprano el acuerdo se concretará dado a que el futuro del partido que gobierna córdoba hace más de dos décadas no parece poder sostener una lejanía con una de las dos fuerzas que polarizan al país, más teniendo en cuenta que uno de sus dos arquitectos se encuentra próximo a retirarse (al menos del plano provincial).
Pero no todo es movimiento peronista en Córdoba. En los frentes opositores, el movimiento es todavía más intenso.
En el PRO cordobés, un espacio que pisa fuerte en Córdoba con sus dirigentes nacionales (es uno de los bastiones del partido en el país), el movimiento actual es el de la definición de candidatos. Luego de que los dirigentes locales estuvieran a punto de entrar en una interna, algo que se evitó gracias a la mediación nacional, Patricia Bullrich visitó la plaza y se encontró con la mayoría de los referentes, para atender personalmente cada problemática.
La fragmentación del partido a nivel nacional estuvo cerca de trasladarse a las urnas del partido local, y aunque ello se evitó, los subgrupos de macristas y larretistas tomaron forma, algo que indefectiblemente sostiene las diferencias. Para limar esas asperezas, Bullrich llegó con un libro en una mano y con un candidato en la otra.
Si bien desde el espacio primó la mesura, todos interpretaron la compañía permanente de Gustavo Santos, el ex ministro de Turismo en la gestión de Mauricio Macri, como una “bendición” hacía su figura en su propia cancha. Fue el propio Santos quien organizó casi por completo la agenda de Bullrich en Córdoba, una señal difícil de soslayar, propia de un verdadero “dueño de casa”.
En la presentación del libro “Guerra sin cuartel”, en el cual se detallan las vicisitudes que la ex ministro tuvo que pasar cuando debió administrar la seguridad nacional, pudo verse a buena parte de los dirigentes de Juntos por el Cambio de aquella provincia compartiendo un mismo espacio. Aunque, además de la presentación del libro, las reuniones particulares fueron siendo los signos que se pueden interpretar políticamente.
Y una de las más resonantes fue la que la presidente del partido a nivel nacional sostuvo con el diputado Héctor Baldassi. Según trascendió, Baldassi le expresó el deseo a Bullrich de volver a ser competitivo (su imagen había caído bastante por su apoyo permanente a Macri), y advirtió a la dirigente de una estrategia errónea al pensar que el PRO puede omitir las encuestas a la hora de elegir a sus candidatos.
Un dato interesante de la visita de Bullrich a Córdoba fue la reunión que sostuvo con el periodista liberal, Eduardo Prestofelippo. Mejor conocido como El Presto, Prestofelippo ha ganado cientos de seguidores gracias a su contenido crítico al Gobierno nacional y la radicalidad de sus ideas libertarias, e incluso fue detenido por supuestas amenazas contra Cristina Kirchner.
Justamente, apuntando al público libertario, un espacio que ha ganado muchos adeptos en los últimos tiempos, sobre todo de la mano de las propuestas de José Luis Espert y Javier Milei (Partido Libertario), Bullrich se mostró con el periodista que es una insignia para muchos de los seguidores de ese movimiento político. Esto hace suponer, que los libertarios ya se encuentran en el mapa y con un buen número de votantes.
Mientras tanto, la Unión Cívica Radical se encuentra con una disputa un tanto más complicada. Ese espacio no logró la unidad en Córdoba, sino más bien, lo contrario.
Todo indica que el radicalismo cordobés pasará por las urnas internas, de no mediar inconvenientes. En concreto, hay tres espacios que se disputan el control del partido: la Alianza Convergencia, Liga Sumar, y Córdoba con Todos.
Los dos primeros espacios estarán candidateados por Marcos Carasso (intendente de General Cabrera), Rodrigo De loredo (concejal) respectivamente, mientras que Juan Gait lo hará por el tercero. Detrás de Convergencia se encuentran Ramón Mestre, actual presidente del Comité Central del partido en Córdoba, y Mario Negri.
Esta propuesta representa a los actores de mayor peso dentro del radicalismo cordobés, y que más llegada tienen a la tirada nacional. Por otro lado, la Liga Sumar, con Rodrigo De Loredo y Javier Bee Sellares como principales impulsores del espacio, se presenta como la alternativa renovadora, que busca terminar con la conducción actual, para dar paso a un partido “más joven”.
Si bien hay tres fuerzas en disputa, todo parece indicar que la presidencia del partido saldrá de las dos primeras. En los últimos días se desestimó casi definitivamente la posibilidad de alcanzar la unidad, aunque los intentos estuvieron, sobre todo impulsados por el espacio oficialista.
Y las diferencias se han ido incrementando a punto tal de que los espacios pusieron en funcionamientos los trucos legales para entorpecer los procesos, sobre todo desde el espacio oficialista. Las elecciones están pautadas para el 14 de marzo, y a medida que se acerque la fecha, la tensión se irá incrementando.
Desde Juntos por el Cambio observan con atención la interna radical, ya que involucra a uno de los máximos referentes de la coalición, Mario Negri, además de otros referentes del espacio. La evasión de la interna del PRO fue importante para el espacio, por lo que la inminente elección radical tendrá en vilo a los dirigentes opositores, que hasta ahora han procurado no involucrarse en el conflicto.
Juntos por el Cambio sabe que la unidad es el camino para lograr grandes elecciones en Córdoba, y así lo esperan. Pero las disgregaciones llevan no solo a dividir votos, sino también a daños de imagen propios de una elección, por lo que no quieren que figuras como la de Negri se sometan a eso (aunque el diputado se ha mantenido públicamente al margen de la cuestión, si se conoce de su participación).
A todo ello se suma la intención de Luis Juez de correr por su cuenta camino al Senado, mediante una propuesta propia de la Coalición Cívica. Esto es un dato no menor a la hora de tener en cuenta la fuerza de JxC.
Quedará por verse si estos movimientos derivan en fórmulas definitivas. Lo cierto es que el año electoral recién comienza, y sin dudas todo irá cambiando con el correr de los días.