En un estudio de 2011, Barzilai descubrió que casi el 50% de los centenarios analizados tenían sobrepeso o fumaban, y menos de la mitad hacía ejercicio. Su ventaja no era "cuidarse", sino poseer una biología que los protegía del cáncer, el Alzheimer y las cardiopatías, del mismo modo que la juventud protege a los organismos más jóvenes.
Hacia una longevidad "replicable"
La buena noticia para el resto de la población es que no es necesario nacer con estos genes para beneficiarse de ellos. Los investigadores están trabajando en fármacos que repliquen estos efectos protectores. Medicamentos ya existentes, como la metformina o los inhibidores de GLP-1, están bajo la lupa por su potencial para imitar la supresión hormonal de los centenarios.
A pesar de estos avances, los científicos advierten que la genética no es una "carta blanca" para el descuido. Para la gran mayoría, la combinación de alimentos frescos, sueño adecuado y control del estrés sigue siendo la ruta más segura hacia una vejez saludable. El objetivo final es ambicioso: alcanzar los 120 años manteniendo la calidad de vida, un hito que la famosa centenaria Jeanne Calment rozó, demostrando que la biología y el placer no siempre tienen que estar reñidos.
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