El progresista carece de formación política sólida. Barrunta titulares, apuntes ligeros, párrafos subrayados por otros y saca conclusiones primarias a las que absolutiza.
Se deja llevar por sus emociones y prioriza el relato fariseo. De última, es un impostor, prendido de la teta del Estado, sea en Sociales, en los medios de comunicación solventados con jugosa pauta oficial o en cualquier otra actividad lucrativa con el dinero de los contribuyentes.
Se considera defensor número uno de los derechos humanos del pasado sin haber arriesgado nunca la vida en ninguna causa revolucionaria, solo arriesga sus redes sociales. Es un luchador retroactivo. Pelea con sombras.
El progresista argento está empachado de Página/12, pasquín de la nueva colonización pedagógica, vocero oficial de la ideología de género, apologista del garantismo zaffaroniano.
Un liberal no es fascista, podrá ser un inútil en la gestión del Estado, pero fascista nunca.
El liberal es antifascista.
¿Por qué? Porque es enemigo del Estado y el fascista tiene por objetivo estratégico: “Todo en el Estado, nada contra el Estado, nada fuera del Estado”.
Acusar a un liberal de fascista no solo denota ignorancia, sino también un grado de estupidez supina.
Para ser progresista alcanza con acusar de fascista -o de derechista- a cualquier opositor.
El progresista votó a Alfonsín en el '83 para liquidar al Peronismo. En los '90 se hizo frepasista para liquidar al Peronismo. En los 2000 se hizo kirchnerista para liquidar al Peronismo. El progresista votó a Alfonsín en el '83 para liquidar al Peronismo. En los '90 se hizo frepasista para liquidar al Peronismo. En los 2000 se hizo kirchnerista para liquidar al Peronismo.
Se pone la camiseta peronista para ser mayoría, pero cuando pierde las elecciones regresa a la camiseta comunista y empieza a ver fascistas por todas partes.
El progresista es un comunista vergonzante que llora por los pobres y vive como un rico. Ejemplo: Martín Caparrós.
Ataca a los gorilas para fortalecer su presunta identidad peronista.
Pero el verdadero antiperonista es el progresista rentado. Ayer venía escondido detrás del trapo rojo, hoy se esconde detrás del trapo verde. Pero el verdadero antiperonista es el progresista rentado. Ayer venía escondido detrás del trapo rojo, hoy se esconde detrás del trapo verde.
El progresista es el tordo que empolla en nido ajeno.
Militante de lo ajeno, también.
Para un progresista no hay nada mejor que un antiperonista, aunque diga que es “un negro de mierda”, de piel blanca, cabello claro...
Actualmente, es el campeón del lenguaje inclusivo y de la ampliación de derechos, de “articulaciones” varias, del Estado presente que no cura, ni educa, ni cuida.
En los '60 era el pequeño burgués castigado por la literatura panfletaria de marxistas y nacionalistas. El medio pelo jauretcheano, el clasemediero oportunista, el piojo resucitado.
El progresista viene de lejos. Siento por él un sano y sincero desprecio intelectual. Que conste en actas.
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